lunes, abril 16, 2007

EL RINCON DE PABLITO

LOS MONAGUILLOS Y EL JUBILEO

Queridos amiguitos, quiero contarles que se acerca el próximo jubileo específico. Le toca el turno a todas aquellas personas que sirven en la celebración de los sacramentos, es decir, los que leen, los que cantan, los que ayudan a dar la sagrada comunión, los que preparan todo lo necesario para la celebración, los que nos acogen en la parroquia, los que se preocupan por la limpieza y decoro del templo y, por supuesto, los monaguillos.

Quiero contarles un poquito acerca de las actividades dentro de este jubileo con los monaguillos:

Dentro de la semana del 15 al 20 de abril cada unidad pastoral tendrá un espacio dedicado a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que prestan su servicio como monaguillos. Será un momento donde, por medio de juegos, dinámicas y cantos, los chicos descubrirán el sentido del jubileo y reflexionarán sobre sus compromisos en este servicio tan lindo. Si es posible, con ayuda del párroco, serán designados los nuevos monaguillos. El sábado 21, a partir de las 10 de la mañana, se reunirán en el Colegio María Auxiliadora (sección bachillerato) todos los monaguillos y personas que prestan su servicio en las celebraciones litúrgicas de la Arquidiócesis; ese día habrá recreación dirigida exclusivamente para los monaguillos.

Si eres monaguillo, anímate y participa en el Jubileo de la Pastoral Litúrgica.

GUILLO EL MONAGUILLO
Mientras llega el Jubileo de la Pastoral Litúrgica, en el que los monaguillos tendremos una participación especial, sigamos aprendiendo sobre los sacramentos.

Le toca el turno al sacramento del matrimonio. El matrimonio es la consagración en la comunidad del amor que se tiene una pareja: un hombre y una mujer. Por medio de este sacramento los esposos reciben la fuerza para formar una familia cristiana y, como familia, deben ser ejemplo de amor y de unión con Jesús y su Iglesia. La familia es la base de la fe cristiana, por eso hay que cuidar y luchar para que en nuestras familias se respire siempre paz y amor hacia los hombres y, sobretodo, a Dios.

miércoles, abril 04, 2007

FALLECIÓ MONSEÑOR FELIX MARIA TORRES

Monseñor Félix María Torres Parra, cuando oficiaba como Arzobispo de Barranquilla, a la derecha Monseñor Luis Eduardo Gómez, también fallecido, y el padre Jaime Ortega.
Tras sufrir serios quebrantos de salud que lo llevaron a hospitalizarlo en una clínica de la ciudad, falleció ayer 3 de abril, a los 83 años, el excelentísimo monseñor Félix María Torres Parra, Arzobispo Emérito de Barranquilla. La desaparición de tan digno representante de la Iglesia Católica ha causado pesar entre la comunidad de la Arquidiócesis y feligresía del Atlántico.
En declaraciones que dio Monseñor al ministro laico Julio Giraldo, a una emisora local hace algunos años, había dicho que aceptaba la voluntad de Dios cuando quisiera tomarlo en su regazo, pero que le gustaría morir el día de la Misa Crismal, como efectivamente sucedió.
Monseñor nació en Yaguará, una pequeña población del departamento del Huila, en hogar humilde y sencillo. Fue el mayor de seis hermanos, entre los cuales se cuenta una religiosa y un sacerdote, ya fallecido. Los estudios de primaria los hizo en su propia casa bajo la orientación de una tía maestra y de allí, a la edad de 10 años, pasó al seminario para hacer el bachillerato. Recibió la ordenación sacerdotal a los 22 años de edad, el 9 de junio de 1946, después de recibir una dispensa de la Santa Sede, pues en esa época la edad requerida para ordenarse presbiteralmente era de 24 años. Estudió derecho canónico en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Fue ordenado Obispo el 24 de julio de 1966. Desde entonces se desempeñó como Obispo Auxiliar de Cartagena y luego pasó a ser Administrador Apostólico de la Diócesis de Santa Rosa de Osos. Fue el primer Obispo de la Diócesis de Sincelejo, donde estuvo 12 años y medio, para luego pasar, en 1981, a la Diócesis de Santa Marta, en la que estuvo casi siete años.Fue Arzobispo de Barranquilla para suceder a monseñor Germán Villa Gaviria, quien se acogía a la ley del retiro por edad que establece la Iglesia Católica para sus obispos al cumplir 75 años. Monseñor Torres Parra llegó a Barranquilla el 11 de julio de 1987, a las 10 de la mañana, y fue recibido en el Puente Pumarejo por un comité del que hicieron parte la entonces alcaldesa de la ciudad, Miriam Llinás de Ovalle, y Gerardo Certain, gobernador del Atlántico.Su ministerio en la Arquidiócesis de Barranquilla lo ejerció hasta el año 1999, cuando la Santa Sede aceptó su renuncia por haber cumplido la edad de retiro de los obispos, es decir, 75 años.
Se ha dispuesto que hoy miércoles, de 7:00 a.m. a 12:00 m., cada hora, se oficie Eucaristía en la Capilla del Santísimo de la Catedral en memoria del monseñor Torres Parra. El horario y los celebrantes serán los siguientes:
* Monseñor Luis Antonio Nova, Obispo Auxiliar de Barranquilla (7:00 a.m.)
* Padre Álvaro García, Párroco de la Catedral (8:00 a.m.)
* Padre Francisco Sierra, Vicario Cooperador de la Catedral (9:00 a.m.)
* Monseñor Reinaldo Iriarte, Párroco de la Inmaculada Concepción (10:00)
* Monseñor Víctor Tamayo, Obispo Auxiliar de Barranquilla (11:00 a.m.)
* Padre Álvaro Berdejo, Formador del Seminario Mayor (12:00 m.)
Las exequias del Arzobispo Emérito tendrán lugar hoy, 4 de abril, a las 3 de la tarde en la Catedral Metropolitana, con la asistencia de Rubén Salazar Gómez, actual Arzobispo de Barranquilla, sus obispos auxiliares, Luis Antonio Nova Rocha y Víctor Tamayo, el presbiterio del Atlántico, religiosos, seminaristas y feligreses.
El Domingo de Resurrección (abril 8), al finalizar la misa de 10:00 de la mañana en la Catedral, las cenizas de monseñor Torres Parra se depositarán en el mausoleo que para los obispos de esta Arquidiócesis se encuentra en el templo catedralicio.

jueves, marzo 22, 2007

NUESTRA PORTADA

ANTE LOS DESAFÍOS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL, LA CONVERSIÓN ECOLÓGICA.
Hace unos días los expertos en cambio climático revelaron que el calentamiento planetario es irreversible.

"SACRAMENTUM CARITATIS"
Exhortación Apostólica Post Sinodal de Benedicto XVI

LA CATEDRAL, EL MEJOR LUGAR PARA EL JUBILEO DE LOS ARTISTAS
La Catedral Metropolitana María Reina abrió sus puertas el pasado 6 de marzo al acto central del Jubileo de los artistas.

EDITORIAL

EL JUBILEO Y NUESTRO PROCESO DE EVANGELIZACIÓN

Cuando un cantante presenta su primer trabajo musical, puede lograr un impacto positivo en el medio; pero, a la vez, debe tener claro que no es suficiente llegar a la cúspide, ni vender cierto número de discos. Ante todo, debe procurar mantener la excelencia en las producciones que siguen.

En nuestro medio es muy común decir: “no es nada comprar el carro, sino mantenerlo”, frase que puede aplicarse en la vida familiar, estudiantil, laboral. Y si de ejemplos se trata, abordemos uno que se ha vuelto pan de cada día: las desavenencias matrimoniales causadas por la falta de comunicación efectiva y afectiva. Ciertamente contraer matrimonio requiere de mucha preparación y, a veces, se agotan todos los esfuerzos en la realización del rito como tal y después viene el descuido en lo que se refiere a la vida conyugal, pues se enfría el diálogo, las manifestaciones de afecto escasean, se olvidan las fechas especiales...

Muchas veces iniciamos con empeño procesos y proyectos, pero en el camino va decayendo el entusiasmo y los logros iniciales no alcanzan a cubrir las metas trazadas. De aquí la necesidad de estar siempre atentos y en continua formación para que no suceda de igual manera con el proceso de evangelización de nuestra Arquidiócesis y, puntualmente, con cada uno de los jubileos que estamos celebrando este año. Es decir, que la celebración de cada pastoral no se convierta en momentos aislados de desbordante fervor, sino que sean acontecimientos coyunturales para revitalizar las estructuras y motivar la creación organizada de nuevas pastorales, como ha sucedido con el reciente “Jubileo de los Artistas” que abrió las puertas al trabajo pastoral que la Arquidiócesis ofrecerá a este importante grupo de la sociedad.

El Jubileo Arquidiocesano no podemos vivirlo como un acto aislado, no podemos percibirlo como una ocurrencia de algunos. Es la gran oportunidad que el Señor nos regala, con la bendición del Papa Benedicto XVI, para celebrar los 75 años de nuestra iglesia particular extendida por todo el Atlántico. En este orden de ideas, el Jubileo Arquidiocesano no es ajeno al Proceso Diocesano de Renovación y Evangelización PDR/E; al contrario, lo revitaliza, lo nutre con la gracia jubilar.

¿Qué tal que nuestro Dios fuera de momentos, intermitente, pusilánime, esporádico? Él nos acompaña en todo los instantes de nuestra vida y desea ver en nosotros un crecimiento como consecuencia de su amor y entrega.

"SACRAMENTUM CARITATIS"

Exhortación Apostólica Post Sinodal de Benedicto XVI

Durante la presentación el pasado 13 de marzo de la Exhortación Apostólica Post Sinodal de Benedicto XVI "Sacramentum Caritatis", sobre la Eucaristía fuente y cumbre de la vida y la misión de la Iglesia, el Patriarca de Venecia y relator general de la 11º Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Cardenal Angelo Scola, explicó la estructura general, contenidos fundamentales y novedades doctrinales del nuevo documento pontificio.
El Purpurado señaló que la Exhortación se basa "en el nexo inseparable de tres aspectos: misterio eucarístico, acción litúrgica y nuevo culto espiritual" y "está estructurada en tres partes, cada una de las cuales profundiza una de las tres dimensiones de la Eucaristía", es decir: "Eucaristía, misterio que se ha de creer; Eucaristía, misterio que se ha de celebrar y Eucaristía, misterio que se ha de vivir".

"La enseñanza del Santo Padre –añadió el Cardenal Scola– ilustra con claridad cómo la acción litúrgica (misterio que se ha de celebrar) es aquella acción específica que hace posible la conformación de la vida cristiana (misterio que se ha de vivir, nuevo culto) por parte de la fe (misterio que se ha de creer)". El Papa, "con una segunda novedad doctrinal de gran importancia", resalta además "la relevancia del 'arte de celebrar' para una participación activa, plena y fructuosa".

"EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE CREER"
En la primera parte, "Eucaristía, misterio que se ha de creer", se habla del "don de la Trinidad", y "se ilustra el misterio de la Eucaristía a partir de su origen trinitario, que asegura su carácter permanente de don". Sobre los lazos entre "Institución cristológica y obra del Espíritu", el Santo Padre aborda "la institución de la Eucaristía en relación con la cena pascual judía" en un "pasaje decisivo para iluminar el 'novum' radical que Jesús aporta a la antigua cena ritual".

"Eucaristía e Iglesia", el segundo apartado, subraya que "la Eucaristía es el principio causal de la Iglesia: "en cada celebración confesamos la primacía del don de Cristo. El influjo causal de la Eucaristía en el origen de la Iglesia revela la precedencia no sólo cronológica sino también ontológica del habernos 'amado primero'. Benedicto XVI, mientras afirma la relación circular entre la Eucaristía que edifica la Iglesia y la Iglesia misma que celebra la Eucaristía, cumple una significativa opción magisterial por el primado de la causalidad eucarística sobre la eclesial".

El Papa aborda la relación entre la Eucaristía y los demás sacramentos, afirmando que ésta "lleva la iniciación cristiana a la plenitud y es como el centro y fin de toda la vida sacramental". Respecto al sacramento de la reconciliación, el Papa insiste en la exigencia de "una recuperación de la pedagogía de la conversión que nace de la Eucaristía".

Al tratar la relación entre Eucaristía y Orden, el Santo Padre reafirma el carácter "insustituible del sacerdocio ministerial para la celebración de la Santa Misa" y, además, "subraya y profundiza la relación entre orden sacerdotal y celibato: "Respetando la praxis y las diferentes tradiciones orientales –escribe– es necesario reafirmar el sentido profundo del celibato sacerdotal, considerado con justicia una riqueza inestimable".

En "Eucaristía y Matrimonio", el Santo Padre sostiene que, sacramento esponsal por excelencia, "corrobora de forma inagotable la unidad y el amor indisolubles de todo matrimonio cristiano". Según el Arzobispo Scola, el texto contiene "importantes sugerencias pastorales" respecto a los católicos divorciados que se han vuelto a casar. La Exhortación, tras reafirmar que "a pesar de su situación siguen perteneciendo a la Iglesia, que les sigue con especial atención", enumera nueve modalidades de participación en la vida de la comunidad de estos fieles que, aunque no reciban la Comunión, pueden adoptar un estilo de vida cristiano". "Se habla también de los que habiendo celebrado válidamente el matrimonio, por condiciones objetivas no pueden disolver los nuevos lazos contraídos, proponiéndoles, con una adecuada ayuda pastoral, que se comprometan "a vivir su relación según las exigencias de la ley de Dios, como amigos, como hermano y hermana", es decir, transformando su relación en amistad fraternal".

"EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE CELEBRAR"
El Purpurado se refirió a la segunda parte de la Exhortación, "Eucaristía, misterio que se ha de celebrar", en la que se ilustra "el desarrollo de la acción litúrgica en la celebración, indicando los elementos que merecen una mayor reflexión y ofreciendo algunas sugerencias pastorales de gran importancia".

El Papa ofrece unas indicaciones sobre la riqueza de los signos litúrgicos (silencio, paramentos, gestos: estar de pie, de rodillas, etc.) y el arte al servicio de la celebración. En este contexto se recuerda que el sagrario debe colocarse en un lugar visible en la Iglesia con una lamparilla encendida.
Para favorecer una participación activa más adecuada en el rito sagrado, el Santo Padre propone algunos recursos pastorales y, asimismo, propone "un recurso más habitual a la lengua latina, sobre todo en las grandes celebraciones internacionales, sin descuidar el peso del canto gregoriano". "El Papa –continuó el Cardenal Scola– recuerda la unidad intrínseca del rito de la Santa Misa", que se debe expresar también en el modo con que se cuida la liturgia de la Palabra". Benedicto XVI hace hincapié en el "notable valor educativo" de la presentación de los dones, el intercambio de la paz y el "Ite missa est". "El Santo Padre ha confiado el estudio de posibles cambios sobre estos dos últimos puntos a los dicasterios competentes".

"EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE VIVIR"
En la tercera y última parte, el Purpurado indicó que "se muestra la capacidad del misterio creído y celebrado de constituir el horizonte último y definitivo de la existencia cristiana".

En la Exhortación se subraya con fuerza que “el don de la Eucaristía es para el hombre, responde a las esperanzas del hombre. Los cristianos encuentran en la celebración eucarística al Dios vivo y verdadero capaz de salvar su vida. Y esta salvación tiene como interlocutora a la libertad humana". "La relevancia antropológica de la Eucaristía emerge con toda su fuerza en el culto nuevo característico del cristiano. Sobre la base de la acción eucarística, cada circunstancia de la existencia se convierte, por decir así, en 'sacramental'", añadió.

Tras recordar que "cada fiel está llamado a una profunda transformación de la propia vida", el Patriarca de Venecia subrayó la importancia de la "responsabilidad de los cristianos que desempeñan cargos públicos y políticos". Concretamente, los políticos y legisladores católicos deben "presentar y apoyar –escribe el Santo Padre– leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía". Asimismo, el documento "recomienda vivamente a todos, pero en particular a los fieles laicos, "cultivar el deseo de que la Eucaristía influya cada vez más profundamente en su vida cotidiana, convirtiéndolos en testigos visibles en su propio ambiente de trabajo y en toda la sociedad". El Cardenal afirmó que el texto no duda en afirmar que "la Eucaristía impulsa a todo el que cree a hacerse 'pan partido' para los demás, y por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno".

Asimismo, el Purpurado manifestó la convicción de que "en la autenticidad de la fe y del culto eucarístico se halla el secreto de un renacimiento de la vida cristiana capaz de regenerar al Pueblo de Dios. En el misterio de la Eucaristía se accede a la realidad de Dios que es amor".

Por último, el Cardenal Scola destacó que al inicio y al final del documento, Benedicto XVI subraya la relación entre la Eucaristía y la Virgen: "En María Santísima vemos perfectamente realizado el modo sacramental con que Dios, en su iniciativa salvadora, se acerca e implica a la criatura humana. De Ella hemos de aprender a convertirnos en personas eucarísticas y eclesiales".

El texto completo de la Exhortación Apostólica puede encontrarse en: http://www.aciprensa.com/Docum/benedictoxvi/documento.php?id=99

CANTO LITURGICO PARA LA CELEBRACION LITURGICA

Por ÁNGELA MARÍN NIEBLES
Directora del Coro Arquidiocesano
anjemani@yahoo.com

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles.
¿Queréis alabar a Dios?
Vivid de acuerdo con lo que pronuncian vuestros labios.
Vosotros mismos seréis la mejor alabanza que podáis tributarle, si es buena vuestra conducta.
San Agustín.

El canto es de gran estima en la celebración litúrgica. Desde tiempos antiguos los cristianos han utilizado la música para el culto. Es muy conocido el proverbio antiguo que dice: "Quien canta bien, ora dos veces".

Si revisamos la Sagrada Escritura, encontramos muchos pasajes que nos motivan a alabar a Dios con toda nuestra alma y con toda nuestra voz. El apóstol Pablo invita a los fieles que se reúnan a cantar juntos salmos, himnos y cánticos inspirados (cfr. Col 3,16) y añade, en otro libro, que el canto es signo de la exultación del corazón (cfr. Hch 2, 46).

Las orientaciones del Magisterio de la Iglesia son claras con relación a las condiciones que ha de tener el canto litúrgico. Dice: «no toda música vocal o instrumental puede juzgarse igualmente apta para alimentar la oración y expresar el Misterio de Cristo». En este orden de ideas; las composiciones musicales, al estar destinadas a la celebración del culto divino, deben:
* Ayudar a proclamar la Palabra de Dios.
* Favorecer el clima de oración.
* Fomentar la unanimidad de espíritus entre el pueblo de Dios.
* Enriquecer con mayor solemnidad los ritos sagrados.

Se entiende «por música sagrada aquella que, creada para la celebración del culto divino, posee las cualidades de santidad y perfección de formas». Por lo anterior, se pide que la música litúrgica sea creada para la celebración litúrgica. No se puede aceptar que se hagan adaptaciones, mendigando melodías del folclor, de la música clásica, del cine y de las que están de moda, para el texto y la música de un canto litúrgico. Estos plagios son injuria al valor de la Palabra litúrgica y también a la música.

EL TEXTO DE LOS CANTOS LITÚRGICOS
Los textos litúrgicos se clasifican en dos: aquellos que tienen una estructura claramente definida y aquellos que no. Para ambos su contenido se inspira en las siguientes fuentes:

* La Sagrada Escritura: el texto debe ser bíblico o estar inspirado en el libro sagrado. En la liturgia cristiana, el canto va unido esencialmente a la Palabra bíblica.
* La Patrística: son letras tomadas de los Santos Padres que hacen referencia a la historia de la salvación, al Credo, a las verdades de fe. Estos textos no son la voz de un cristiano o grupo particular, sino que son la voz de la misma Iglesia en oración. Lo que importa no es la autoría, sino el que la Iglesia los ha hecho suyos y los pone como modelos oracionales.
* Textos Eucológicos: son letras compuestas por la Iglesia para las celebraciones litúrgicas, como las oraciones del misal, las plegarias eucarísticas con sus prefacios, las grandes oraciones de bendición, el pregón pascual... con el fin de expresar a Dios sentimientos de adoración y alabanza, conversión, súplicas y acción de gracias, que lleven al compromiso evangélico en medio de la sociedad.

CANTOS DE LA MISA TENIENDO EN CUENTA SU NATURALEZA Y FUNCIÓN
Como el canto en la Eucaristía está íntimamente unido a la acción litúrgica y por ende a los textos de la misa, los cantos se adaptan para permitir que esta unión se desarrolle de manera coherente y delicada. Los cantos de la Eucaristía se organizan en: aclamaciones, cantos procesionales, cantos del ordinario, salmo responsorial y cantos suplementarios. Conozcamos algo de cada uno de estos campos.

Las Aclamaciones
Son clamores de alegría que surgen de toda la asamblea como asentimientos enérgicos y significativos a la palabra y la acción de Dios. Por su naturaleza son rítmicamente fuertes, melódicamente atractivos y afirmativos. Con respecto al canto, el pueblo debe conocer de memoria las aclamaciones a fin de que las entone espontáneamente. Entre estas se destacan: el aleluya, las aclamaciones eucarísticas, el gran “amén” de la doxología y la doxología del Padrenuestro.

Los Cantos Procesionales
Ayudan a crear y mantener una conciencia de comunidad. Para el texto de estos cantos se proponen antífonas adecuadas que pueden ser usadas con apropiados versos de los salmos. Entre estos encontramos: el canto de entrada, el canto que acompaña la presentación de los dones y el canto de comunión.

Los Cantos del Ordinario
Son aquellos cantos que siempre se encuentran, es decir, que hacen siempre parte de la misa. Se caracterizan por tener una estructura de texto definida y porque deben ser entonados por todos. Estos cantos no pueden sustituirse por otros, debido a que su texto aparece escrito en el Misal. Cuando se interpreten, no debe demorarse su entrada con una larga introducción, su música y ritmo debe ser adaptada teniendo en cuenta el tiempo litúrgico. Entre éstos encontramos: el Señor, ten piedad, el Gloria a Dios, la profesión de fe, el Santo, el Padrenuestro y el Cordero de Dios.

El Salmo Responsorial
Es la respuesta a la primera lectura. La liturgia de la palabra se aviva más plenamente si entre las dos primeras lecturas un cantor canta el salmo y todos cantan la respuesta. Para la melodía y música el Graduale Simplex propone una serie de estribillos propios de los diferentes tiempos litúrgicos. Se pueden usar otras melodías (música, no texto) con tal que sean seleccionadas en armonía con el tiempo litúrgico, la fiesta o la ocasión y puedan ser fácilmente cantados por la asamblea. El salmo responsorial propuesto por el leccionario no debe cambiarse.

Los cantos suplementarios
Son aquellos cantos para los cuales no hay textos específicos ni requerimiento alguno de que deba haber un texto hablado o cantado. En estos el coro puede desempeñar una función más plena, pues no existe la posibilidad de usurpar las partes del pueblo. Entre éstos encontramos: el salmo o canto después de la comunión y el canto de despedida.

Si tiene inquietudes sobre este tema u otro relacionado con el canto y la música litúrgica, puedes escribirnos a la siguiente dirección electrónica: comisionarquidiocesanadeliturgia@yahoo.com

ANTE LOS DESAFIOS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL, LA CONVERSIÓN ECOLÓGICA

Por: Fray Gilberto Hernández García, ofm
alvinxxi@yahoo.com.mx

Hace unos días los expertos en cambio climático nos han revelado que el calentamiento planetario es irreversible, que ya estamos dentro de él y que la Tierra está buscando un nuevo equilibrio. Además, coinciden en que el calentamiento es un fenómeno natural, pero que ha ido creciendo aceleradamente, sobre todo a raíz de la revolución industrial y las actividades humanas en ese contexto, a tal grado que la Tierra ya no es capaz de autorregularse.

Algunas organizaciones ecologistas nos señalan que cada año se emiten a la atmósfera cerca de 27 mil millones de toneladas de dióxido de carbono, en gran medida el causante del llamado efecto invernadero. Este fenómeno, a decir del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) –que involucra a 2.500 científicos de 130 países–, puede hacer que la temperatura planetaria en este siglo aumente entre 1,8 y 6,4 grados centígrados. Si se adoptan medidas que involucren a la mayor cantidad de responsables, es posible que el aumento se quede en 3 grados, pero no menos de eso. Los científicos ya nos han hablado de las consecuencias: los océanos subirán de 18 a 59 cm., inundando ciudades costeras, habrá una devastación fantástica de la biodiversidad y millones de personas correrán peligro de desaparecer.

Aunque algunos gobernantes han hablado de iniciar una revolución de las conciencias, de la economía y de la acción política, para hacer frente a este desafío. La lucha sería, no para detener la marcha del calentamiento porque es imposible, pero sí -por lo menos- para desacelerarlo mediante dos estrategias básicas: la adaptación a los cambios -quien no lo haga, correrá el peligro de morir-; y la disminución de las consecuencias letales, que favorezcan la supervivencia de la Tierra y, con ella, la de todos los organismos vivos, particularmente los humanos.

El recordado Juan Pablo II ya había lanzado la invitación a asumir esas nuevas actitudes ante el desafío que representa la depredación de la naturaleza: hablaba de conversión ecológica. Así insistía en su encíclica Evangelium Vitae: "[…] se debe recibir favorablemente la creciente atención a la calidad de vida y a la ecología, que se observa sobre todo en las sociedades más desarrolladas, en las que las expectativas de las personas no se centran tanto en los problemas de la supervivencia como en la búsqueda de una mejora global de las condiciones de vida”. De acuerdo con Juan Pablo II, no sólo está en juego una ecología física atenta a cuidar del hábitat de los diferentes seres vivientes, sino también una “ecología humana que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien fundamental de la vida en todas sus manifestaciones y preparando a las futuras generaciones un ambiente más cercano al proyecto del Creador”.

Convertirnos, pues, de depredadores del medio ambiente en verdaderos ministros de la creación, es el reto que hoy, ineludiblemente se nos presenta como imperativo. La misión consiste en cuidar de todos los seres y convertirnos en guardianes del patrimonio natural y cultural común, de tal forma que la biosfera continúe siendo un bien de toda vida, incluso en el futuro, y no solamente nuestro.

Algunas organizaciones ecologistas nos señalan que cada año se emiten a la atmósfera cerca de 27 mil millones de toneladas de dióxido de carbono, en gran medida el causante del llamado efecto invernadero.

¡Nuestra misión: cuidar de todos los seres y convertirnos en guardianes del patrimonio natural y cultural común!

EL MORRO: OCHO AÑOS CON MARÍA

Por ELISA PIÓN DE CASTRO

Entre mediados de 1998 y principios de 1999, motivados por el sueño de dos jóvenes bogotanas que reciben manifestaciones de la Virgen, de construirle un Santuario cerca al mar a nuestra Madre Celestial, Monseñor Víctor Tamayo, apadrinado por cuatro amigos industriales barranquilleros, iniciaron la búsqueda de un terreno para construirle un Santuario a la Virgen María. Visitaron varios sitios en el Departamento, resultando la búsqueda infructuosa debido a los inconvenientes que se presentaban.

Llegan el primer sábado de febrero a un terreno ubicado en el corregimiento de El Morro, jurisdicción del municipio de Tubará, uno de los tres paisajes montañosos de nuestro departamento, en donde en otra época se encontraba localizado un asentamiento indígena de la casi desaparecida tribu de los Mocaná.

Después de conocer esas tierras, todos quedaron maravillados; llegaron a la cima de una montaña, en donde se vislumbraba de un lado el mar en toda su inmensidad, a la izquierda un sembrado de palmas, de una de las fincas aledañas y a lo lejos se alcanzaban a ver las sombras de las poblaciones cercanas. Todos los asistentes se sorprendieron porque una de las jóvenes procedentes de Bogotá, antes había comentado el sueño que había tenido respecto al sitio que la Virgen quería para su Santuario y lo que estaban viendo en ese momento era lo mismo. Todos se abrazaron, se dieron las negociaciones rápidamente y los industriales adquirieron cuatro hectáreas de terreno las cuales entregaron a Monseñor Tamayo para la construcción del santuario.

A partir de ese momento se inició el desmonte del lugar para realizar la primera peregrinación, la cual se programó para la madrugada del primer sábado del mes de marzo de 1999, el día seis, con la asistencia de unas cincuenta personas aproximadamente entre feligreses de la Parroquia del Corazón Inmaculado, donde Monseñor Tamayo era párroco, y algunos amigos personales.

Dejando los carros en la cancha de fútbol de El Morro, que es el sito más plano, y portando sobre hombros la imagen de la Virgen, entre cantos marianos y el rezo fervoroso del Santo Rosario, caminamos unos 1.800 metros de vía empinada hasta llegar a la cima de la montaña. Allí encontramos una piedra en donde se colocó la virgen y a su alrededor, Monseñor Tamayo celebró una Eucaristía. Pese a que en ese momento todo era monte, fue una experiencia maravillosa, como si estuviéramos más cerca del cielo, contemplando hermosos paisajes y kilómetros de playas que nos invitan a la reflexión y la oración.

Para limpiar el sitio se ofrecieron varios ingenieros que prestando sus trabajadores y equipos inician la limpieza del terreno y la ampliación de la trocha para llegar allí. Estos encontraron una piedra enorme, que no destruyeron. Actualmente sobre dicha piedra, que más adelante se constituye en altar, se encuentra la imagen de la Virgen. Desde esa piedra nuestra Madre Celestial bendice a todos y cada uno de los habitantes de nuestro terruño, intercede por la tan anhelada Paz de Colombia y nos recuerda que todos somos hermanos: campesinos, indígenas y los que vivimos en la ciudad.

A partir de ese momento todos los asistentes nos comprometimos con María en repetir la peregrinación todos los primeros sábados de cada mes convirtiéndonos, además, en agentes multiplicadores del fervor a Ella. Muchas son las personalidades que han peregrinado a lo largo de estos ocho años, sacerdotes y obispos de diferentes ciudades de Colombia y de otros países, personajes de la política, de las fuerzas militares y administrativas del departamento y del país, del cuerpo diplomático, de la farándula y muchísimas personas, niños, jóvenes y adultos mayores que expresan su felicidad de haber podido subir, olvidándose del cansancio y el calor.

Actualmente cada primer sábado peregrinan entre ochocientas y mil doscientas personas, que llegan en buses que salen de diferentes parroquias tanto del norte como del sur de la ciudad: del Corazón Inmaculado de María, la Catedral, la Torcoroma, Divina Misericordia, San Isidro, San Germán, María Auxiliadora y Nuestra Señora de la Esperanza, entre otras. Además, se realizan peregrinaciones con todos los empleados de diferentes empresas, fábricas y colegios de la ciudad.

LAS PUERTAS DEL MAL NO PREVALECERAN SOBRE LA IGLESIA

Un cineasta dice haber encontrado la tumba de Jesús y su familia. Lamentablemente muchos ingenuos creen en este tipo de acontecimientos que sólo buscan aprovechar el tiempo de Cuaresma para enriquecer los bolsillos de los autores de tales mentiras.

Por CLOTARIO HEMER CERVANTES, Pbro.
Párroco Unidad Pastoral Santísima Trinidad

El martes 27 de febrero apareció en un periódico un artículo con el siguiente título: “Cineastas afirman haber hallado tumba de Jesús y su familia”. Según la publicación, James Cameron dirigió un documental en el que revela que “Jesús y María Magdalena fueron enterrados junto a su hijo Judas en un panteón familiar hallado en 1980 en Jerusalén”. Los autores del documental mostraron los osarios de Jesús, hijo de José y Mariemene e Maria o María del Maestro, que sería la Magdalena del Nuevo Testamento.

Pásmense de las conclusiones que sacan los cineastas: “una conclusión de análisis genéticos, cálculo de probabilidades y referencias bibliográficas, permite a los autores del documental concluir que se trata del panteón del fundador del cristianismo y su familia”. Después de leer semejante audacia, es lógico pensar que no es raro que la “ingenuidad” no es rara ni en los “grandes genios”, mucho menos en los malintencionados y hasta en los ignorantes. “Cameron dijo que el ‘hallazgo’ pone fin a la ausencia de pruebas físicas de la existencia de Jesús”. Habría que preguntarle a Cameron qué entiende él por pruebas físicas de la existencia de Jesús. Un ‘arqueólogo’ advenedizo, que libera a la humanidad del oscurantismo de la Iglesia y hace el aporte más grande de la historia a la arqueología religiosa.

El arqueólogo israelí Amós Kloner, que documentó esta tumba como la cueva funeraria de una familia próspera, dijo a la AFP, según el mismo artículo, que no hay pruebas que respalden las afirmaciones de que allí fue enterrado Jesús. “Insisto en que se trata de una cámara funeraria regular del primer siglo antes de Cristo”. Los nombres de Jesús, María, Judas y José eran en esa época mucho más comunes que lo que son hoy. De tal manera, dice el arqueólogo frente al cineasta, que lo de los nombres son pura coincidencia. Desde luego, pienso que un arqueólogo de Palestina, que ha dedicado toda su vida a excavar a Jerusalén y concretamente a documentar la tumba en mención no puede quedarse tranquilo o en silencio frente a las absurdas consideraciones de un cineasta.

El Santo Sepulcro es el más venerado de todos los santuarios del cristianismo: “la tumba excavada en la roca a escasa distancia del Calvario (Mt 27, 57.60-61; 28,2; Jn 19, 5.12.20), unos 35 metros, en la que se enterró a Jesús y en la que resucitó”. Su autenticidad está garantizada por una tradición, cultual y monumental, desde mediados del primer siglo después de Cristo y escrita a partir del siglo IV. En efecto, el emperador romano Adriano Plubio Elio (nacido en el 76 y muerto en el 138 d.C.), que subió al poder en el año 117 d.C., hizo construir sobre el Gólgota una vasta explanada con un templo dedicado a Júpiter, lo que demuestra que allí había ya, en su tiempo, un lugar de culto cristiano, que venía de años atrás. Más tarde, Constantino hizo construir sobre el lugar una basílica sobre la cripta de la invención de la cruz. Se inauguró en el 335, incendiada por los persas en el 614. Luego siguieron destrucciones y construcciones hasta que en 1149 se construyó un edificio que ha perdurado hasta hoy con varias restauraciones (cfr. Il Golgota e la Cruce. B. Bagatti. E. Festa Jerusalem 1984)

Dicen los cineastas: “Sé que dirán que tratamos de minar el cristianismo. Nada más lejos de la verdad”; la frase lleva en el fondo una ironía fina y malévola. No se preocupen, señores cineastas, que, en primer lugar, el fundador del cristianismo aseguró a Pedro que “las puertas del Hades no prevalecerían contra su Iglesia” (Mt 16,18b). Así que tranquilos, que ustedes, como tantos otros que han desfilado por la historia con ínfulas de sabios, queriendo desprestigiar al cristianismo, han pasado sin pena ni gloria, y la historia ni siquiera se acuerda de ellos, tal acontecerá con ustedes. Por otra parte, a ustedes no les convendría minar a la Iglesia, porque matarían la gallina de los huevos de oro (US$), el redondo negocio de ustedes que, cada año, en Cuaresma, debe dejarles jugosos dólares a costa de la ingenuidad de la gente.

Por otra parte, las fantasías de cineastas sólo pueden minar a los ingenuos desde una pantalla. A propósito, el mismo día y en el mismo diario, Gina Montaner hacía esta rotunda afirmación: “una vez más he comprobado que una cosa son las fantasías del cinéfilo y otra bien distinta la realidad de carne y hueso” (Sexo en primera). Veremos la sorpresa “científica” de esta Cuaresma, sacada del congelador de hallazgos arqueológicos. En fin, quien se presenta con el altisonante título de científico (pseudo) puede hacer estragos en un pueblo que cree y venera con razón la ciencia, pero se traga de buena fe lo que muchos científicos, faltos de ética, afirman ser conclusiones científicas las que, en realidad, son creencias personales.

PARROQUIAS: AYER Y HOY DE LA FE

UNIDAD PASTORAL SAN CLEMENTE ROMANO: UN REGALO DE DIOS

Por: JULIO GIRALDO
Periodista

Hace 60 años, el sector donde hoy se encuentra la iglesia San Clemente Romano no era más con un monte con muy buena vegetación y cruzado por algunos arroyos. El doctor Alberto Pumarejo, ilustre patriarca barranquillero, en aquella época senador de la República, consiguió las partidas necesarias para hacer de este boscoso sector un barrio pequeño; sólo eran unas 4 manzanas, con casitas modernas para la época y cuyos primeros moradores fueron empleados públicos y algunos obreros. Así inicia la vida del nuevo barrio, bautizado por sus moradores con el nombre de Pumarejo en honor, precisamente, al doctor Alberto Pumarejo.

Cuando ya es un barrio organizado con farmacias, tiendas, escuelas, inspección de policía, puesto de salud, notan que falta lo principal para un asentamiento humano que surge en cualquier rincón de Colombia: “una iglesia católica”. Las personas que habitan el naciente barrio, que ya es uno de los más poblados de la ciudad, acudían a distintos sacerdotes para que les celebrara la eucaristía dominical y los atendieran espiritualmente, así fuera una vez por semana. La idea de la construcción del templo surge cuando llega a Barranquilla, procedente de la diócesis de Santa Rosa de Osos, monseñor Jesús María Urrea, amigo personal del Obispo Francisco Gallego Pérez (tan amigo que lo nombró como su consultor). Era monseñor Urrea un prelado de muy buena posición económica, heredada de su señora madre Clementina Sánchez de Urrea, quien ya había fallecido. Habla monseñor Urrea con monseñor Gallego Pérez y le manifiesta que él quiere regalar un templo a la ciudad. Monseñor Gallego Pérez, de inmediato y sin pensarlo mucho, le acepta el ofrecimiento y le indica el barrio Pumarejo para que sea allí donde se materialice el ofrecimiento.

El padre Marcos Díaz López, de grata recordación en nuestra Arquidiócesis por los altos cargos que ocupó y por su gran labor pastoral, para la época ya estaba colaborando y tratando de hacer realidad los deseos de los habitantes del barrio Pumarejo de tener un templo digno donde hacer sus celebraciones y desarrollar su vida de Iglesia. Es, entonces, al padre Marcos Díaz a quien monseñor Urrea comisiona para que se ponga al frente de la construcción. El padre Marcos, a su vez, designa a la señora Teresa Torres de Villa, mujer de elevados principios morales, católica hasta los tuétanos, emprendedora y líder de la naciente comunidad, para que ella supervisara continuamente los trabajos, cuidara de los materiales y realizara todos los sábados el pago de los jornales a los obreros. Nos cuenta doña Teresa, quien en la actualidad tiene más de 95 años de edad, que el trabajo fue duro, pero la gente se entusiasmó, hacían bazares, venta de empanadas, algunas verbenas y todo esto bien administrado contribuía para comprar la dotación del templo.

Así, la donación de monseñor Urrea y el trabajo organizado de la comunidad, fue bendecido por Dios y en febrero de 1958 monseñor Gallego Pérez firmó el decreto de creación de la nueva parroquia, encomendándola bajo la protección de San Clemente Romano. El nombre de San Clemente le fue dado, por una parte, para recordar a la señora madre de monseñor Urrea, Clementina Sánchez y, al mismo tiempo, rindiendo honor a san Clemente Romano, uno de los primeros Papas de la cristiandad, quien murió mártir un 23 de noviembre. Dicen los historiadores que Clemente fue desterrado por el emperador Trajano a Crimea, sur de Rusia, donde fue condenado a trabajos forzados, todo el día picaba enormes piedras en compañía de otros dos mil cristianos, pero preso y condenado logró convertir en el mismo sitio de suplicio a muchos compañeros suyos a los cuales bautizó; se cuenta también que en estas minas de mármol los obreros morían de sed ya que el único poso de agua potable se encontraba no menos de 10 kilómetros de distancia, pero Clemente oró con tanta fe que milagrosamente apareció allí un poso de agua cristalina, pura y fresca, que mitigaba la sed de los cristianos condenados. Finalmente, Clemente por negarse a adorar a Júpiter, fue arrojado al mar y le ataron en su cuerpo una pesada ancla con el fin de que el mar lo hundiera y así los cristianos no pudieran venerar su cadáver, pero un milagro del cielo hizo que una gran ola devolviera su cadáver a las playas de donde fue rescatado para darle cristiana sepultura.

LA PARROQUIA HOY
Hoy, la Unidad Pastoral San Clemente Romano tiene aproximadamente 15 mil habitantes. Son gentes muy colaboradoras, con sentido de pertenencia a su parroquia, inculcado por los sacerdotes que con mucho celo pastoral han trabajado con esta comunidad. Al frente de sus destinos espirituales se encuentra, desde hace unos 14 meses, el padre Manuel Domingo Arteaga Arias, sacerdote sabio y prudente, y de una verticalidad que no admite términos medios.

Se trabaja muy coordinadamente el plan pastoral que se lleva en la Arquidiócesis. Existen todos los grupos normales de cualquier parroquia: Legión de María, grupos de oración, grupo neocatecumenal; existen también los distintos comités, grupo de jóvenes que se destacan por su dinamismo y actitud frente a los retos que la vida les plantea, realizando continuamente encuentros para motivar a los demás muchachos y orientarlos por el camino de Dios. Cuanta esta parroquia con los agentes de pastoral que trabajan en las asambleas familiares; igualmente existe la pastoral de los enfermos que está integrada por algunos agentes extraordinarios de la comunión que visitan los enfermos, les llevan el pan de la palabra, de la oración y el pan eucarístico. Los tiempos fuertes dentro de la liturgia son vividos con mucha fe. La fiesta patronal se celebra el 23 de noviembre, día de San Clemente, y hay una celebración especial el 11 de febrero con la jornada mundial de oración por los enfermos, con la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, que también es patrona de la parroquia.

Con respecto a las obras materiales realizadas durante el año largo de permanencia del padre Manuel Domingo, se ha remodelado el despacho parroquial, logrando mayor amplitud para un mejor servicio; también se hicieron varias reformas en la casa parroquial y se proyecta la ampliación y modernización del salón de conferencias.

No podemos finalizar esta crónica sin dejar de recordar a los ilustres sacerdotes que han ejercido su ministerio sacerdotal como párrocos, ellos son: Marcos Díaz López, Francisco Buitrago, Luís Enrique Tamayo, José Feliciano Hernández, Fidel García, Víctor Tamayo, José Carvajal, Luís Vargas Ripoll, Javier Medina, Reinaldo Iriarte, Claudio Blanco, Humberto Brun y Manuel Domingo Arteaga.