lunes, abril 23, 2007

NUESTRA PORTADA

MENSAJE DE PASCUA DE BENEDICTO XVI:
Publicamos el mensaje que pronunció el Papa Benedicto XVI a mediodía del Domingo de Resurrección desde el balcón de la fachada de la Basílica de San Pedro.

SENTIDO ADIÓS A MONSEÑOR FÉLIX MARÍA...
Permitió Dios que los últimos momentos de la existencia terrena de Monseñor Félix María Torres Parra, Arzobispo Emérito de Barranquilla, fueran durante la Misa Crismal el pasado 3 de abril.

EL RESUCITADO Y LOS RESUCITADOS:
¿Cuáles son las implicaciones que tiene en nuestra vida la presencia del Señor viviente?

EDITORIAL

ABRIR EL CORAZÓN AL RESUCITADO

Con la Pascua el Señor nos invita, a través de la Iglesia, a dejar todas aquellas actitudes de muerte, dolor, miseria... Dejar la tumba oscura y fría del desamor, del maltrato a los niños, de las separaciones, de la ambición. La Pascua nos enseña a descubrir algo especial en cada situación, persona, lugar o tiempo.

Vivir sin el Señor es rutinizarnos, apagar el deseo de vivir, caer en depresión. El Señor resucitado le da sabor a nuestra existencia, la alegra, la entusiasma. Cualquiera que sea la limitación humana: ceguera, parálisis; así como cualquier enfermedad o limitación económica, adquiere un nuevo horizonte si abrimos el corazón al amor del Resucitado.

El Señor ha resucitado y con Él todos los creyentes. Las historias y narraciones suelen mostrar a reyes que triunfan junto con su pueblo. Con la Victoria de Jesús todos somos victoriosos, por ello resuena el himno del Gloria y el Aleluya. La tristeza y el llanto son vencidos y arde nuestro corazón por ir y anunciar a los demás esta gran noticia: ¡Es verdad, el Señor ha resucitado!

Es mucho lo que la teología nos ha compartido en torno a los evangelios sobre el sentido de la resurrección, pero sobre todo la liturgia, a través de este tiempo pascual, nos coloca frente a las experiencias de las primeras comunidades cristianas. Los Hechos de los Apóstoles manifiestan los signos claros, el Señor es la Palabra, el Señor es el santo sacrificio y, sobretodo, el Señor es la Comunidad reunida que comparte sus bienes y testimonia con palabras y hechos el amor del Resucitado.

MENSAJE DE PASCUA DE BENEDICTO XVI

Publicamos el mensaje de Pascua que pronunció el Papa Benedicto XVI a mediodía del Domingo de Resurrección desde el balcón de la fachada de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.

Hermanos y hermanas del mundo entero,
¡hombres y mujeres de buena voluntad!

¡Cristo ha resucitado! ¡Paz a vosotros! Se celebra hoy el gran misterio, fundamento de la fe y de la esperanza cristiana: Jesús de Nazaret, el Crucificado, ha resucitado de entre los muertos al tercer día, según las Escrituras. El anuncio dado por los ángeles, al alba del primer día después del sábado, a María la Magdalena y a las mujeres que fueron al sepulcro, lo escuchamos hoy con renovada emoción: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado!" (Lc 24,5-6)

No es difícil imaginar cuales serían, en aquel momento, los sentimientos de estas mujeres: sentimientos de tristeza y desaliento por la muerte de su Señor, sentimientos de incredulidad y estupor ante un hecho demasiado sorprendente para ser verdadero. Sin embargo, la tumba estaba abierta y vacía: ya no estaba el cuerpo. Pedro y Juan, avisados por las mujeres, corrieron al sepulcro y verificaron que ellas tenían razón. La fe de los Apóstoles en Jesús, el Mesías esperado, había sufrido una dura prueba por el escándalo de la cruz. Durante su detención, condena y muerte se habían dispersado, y ahora se encontraban juntos, perplejos y desorientados. Pero el mismo Resucitado se hizo presente ante su sed incrédula de certezas. No fue un sueño, ni ilusión o imaginación subjetiva aquel encuentro; fue una experiencia verdadera, aunque inesperada y justo por esto particularmente conmovedora. "Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros»" (Jn 20,19). Ante aquellas palabras, se reavivó la fe casi apagada en sus ánimos. Los Apóstoles lo contaron a Tomás, ausente en aquel primer encuentro extraordinario: ¡Sí, el Señor ha cumplido cuanto había anunciado; ha resucitado realmente y nosotros lo hemos visto y tocado! Tomás, sin embargo, permaneció dudoso y perplejo. Cuando, ocho días después, Jesús vino por segunda vez al Cenáculo le dijo: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente!". La respuesta del apóstol es una conmovedora profesión de fe: "¡Señor mío y Dios mío!" (Jn 20,27-28).

"¡Señor mío y Dios mío!" Renovemos también nosotros la profesión de fe de Tomás. Como felicitación pascual, este año, he elegido justamente sus palabras, porque la humanidad actual espera de los cristianos un testimonio renovado de la resurrección de Cristo; necesita encontrarlo y poder conocerlo como verdadero Dios y verdadero Hombre. Si en este Apóstol podemos encontrar las dudas y las incertidumbres de muchos cristianos de hoy, los miedos y las desilusiones de innumerables contemporáneos nuestros, con él podemos redescubrir también con renovada convicción la fe en Cristo muerto y resucitado por nosotros. Esta fe, transmitida a lo largo de los siglos por los sucesores de los Apóstoles, continúa, porque el Señor resucitado ya no muere más. Él vive en la Iglesia y la guía firmemente hacia el cumplimiento de su designio eterno de salvación.

Cada uno de nosotros puede ser tentado por la incredulidad de Tomás. El dolor, el mal, las injusticias, la muerte, especialmente cuando afectan a los inocentes -por ejemplo, los niños víctimas de la guerra y del terrorismo, de las enfermedades y del hambre-, ¿no someten quizás nuestra fe a dura prueba? No obstante, justo en estos casos, la incredulidad de Tomás nos resulta paradójicamente útil y preciosa, porque nos ayuda a purificar toda concepción falsa de Dios y nos lleva a descubrir su rostro auténtico: el rostro de un Dios que, en Cristo, ha cargado con las llagas de la humanidad herida. Tomás ha recibido del Señor y, a su vez, ha transmitido a la Iglesia el don de una fe probada por la pasión y muerte de Jesús, y confirmada por el encuentro con Él resucitado. Una fe que estaba casi muerta y ha renacido gracias al contacto con las llagas de Cristo, con las heridas que el Resucitado no ha escondido, sino que ha mostrado y sigue indicándonos en las penas y los sufrimientos de cada ser humano.

"Sus heridas os han curado" (1 P 2,24), éste es el anuncio que Pedro dirigió a los primeros convertidos. Aquellas llagas, que en un primer momento fueron un obstáculo a la fe para Tomás, porque eran signos del aparente fracaso de Jesús; aquellas mismas llagas se han vuelto, en el encuentro con el Resucitado, pruebas de un amor victorioso. Estas llagas que Cristo ha contraído por nuestro amor nos ayudan a entender quién es Dios y a repetir también: "Señor mío y Dios mío". Sólo un Dios que nos ama hasta cargar con nuestras heridas y nuestro dolor, sobre todo el dolor inocente, es digno de fe.

¡Cuántas heridas, cuánto dolor en el mundo! No faltan calamidades naturales y tragedias humanas que provocan innumerables víctimas e ingentes daños materiales. Pienso en lo que ha ocurrido recientemente en Madagascar, en las Islas Salomón, en América latina y en otras Regiones del mundo. Pienso en el flagelo del hambre, en las enfermedades incurables, en el terrorismo y en los secuestros de personas, en los mil rostros de la violencia - a veces justificada en nombre de la religión -, en el desprecio de la vida y en la violación de los derechos humanos, en la explotación de la persona. Miro con aprensión las condiciones en que se encuentran tantas regiones de África: en el Darfur y en los Países cercanos se da una situación humanitaria catastrófica y por desgracia infravalorada; en Kinshasa, en la República Democrática del Congo, los choques y los saqueos de las pasadas semanas hacen temer por el futuro del proceso democrático congoleño y por la reconstrucción del País; en Somalia la reanudación de los combates aleja la perspectiva de la paz y agrava la crisis regional, especialmente por lo que concierne a los desplazamientos de la población y al tráfico de armas; una grave crisis atenaza Zimbabwe, para la cual los Obispos del País, en un reciente documento, han indicado como única vía de superación la oración y el compromiso compartido por el bien común. Necesitan reconciliación y paz: la población de Timor Este, que se prepara a vivir importantes convocatorias electorales; Sri Lanka, donde sólo una solución negociada pondrá punto final al drama del conflicto que lo ensangrienta; Afganistán, marcado por una creciente inquietud e inestabilidad. En Medio Oriente - junto con señales de esperanza en el diálogo entre Israel y la Autoridad palestina -, por desgracia nada positivo viene de Irak, ensangrentado por continuas matanzas, mientras huyen las poblaciones civiles; en el Líbano el estancamiento de las instituciones políticas pone en peligro el papel que el País está llamado a desempeñar en el área de Medio Oriente e hipoteca gravemente su futuro. No puedo olvidar, por fin, las dificultades que las comunidades cristianas afrontan cotidianamente y el éxodo de los cristianos de aquella Tierra bendita que es la cuna de nuestra fe. A aquellas poblaciones renuevo con afecto mi cercanía espiritual.

Queridos hermanos y hermanas: a través de las llagas de Cristo resucitado podemos ver con ojos de esperanza estos males que afligen a la humanidad. En efecto, resucitando, el Señor no ha quitado el sufrimiento y el mal del mundo, pero los ha vencido en la raíz con la superabundancia de su gracia. A la prepotencia del Mal ha opuesto la omnipotencia de su Amor. Como vía para la paz y la alegría nos ha dejado el Amor que no teme a la Muerte. "Que os améis unos a otros - dijo a los Apóstoles antes de morir – como yo os he amado" (Jn 13,34)

¡Hermanos y hermanas en la fe, que me escucháis desde todas partes de la tierra! Cristo resucitado está vivo entre nosotros, Él es la esperanza de un futuro mejor. Mientras decimos con Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!", resuena en nuestro corazón la palabra dulce pero comprometedora del Señor: "El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará" (Jn 12,26). Y también nosotros, unidos a Él, dispuestos a dar la vida por nuestros hermanos (cf. 1 Jn 3,16, nos convertimos en apóstoles de paz, mensajeros de una alegría que no teme el dolor, la alegría de la Resurrección. Que María, Madre de Cristo resucitado, nos obtenga este don pascual. ¡Feliz Pascua a todos!

CANTO LITÚRGICO EN TIEMPO DE PASCUA

Por ÁNGELA MARÍN NIEBLES
Comisión Arquidiocesana de Liturgia
Licenciada en Música – Dir. Coro Arquidiocesano
anjemani@yahoo.com


El tiempo pascual inicia desde el glorioso día de la Resurrección y se prolonga durante cincuenta días, por lo tanto este tiempo posee ocho domingos. En este periodo se nos invita a vivir la alegría de la Resurrección, a empaparnos del amor de Dios y a proclamar a viva voz que nuestro Señor ha vencido la muerte para darnos verdadera vida. Los cantos, adornos y signos utilizados en la liturgia durante las celebraciones pascuales expresan la alegría de la Resurrección con lo siguientes elementos:

* Utilización del color blanco, el cual es el propio de todo este tiempo.
* Ubicación del cirio pascual junto al ambón en todas las celebraciones.
* Aclamación de la palabra “aleluya”. Con esta aclamación el pueblo incesantemente dice: “Alabad a Dios”.

La solemnidad de las solemnidades merece la máxima atención musical. Por lo tanto, la música no debe limitarse al domingo y su octava, todos los cincuenta días de celebraciones pascuales deben planificarse musicalmente como una experiencia global. La temática de los cantos gira en torno a la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, expresa además nuestra gratitud y gozo por la salvación recibida.

CARACTERÍSTICAS DE LOS CANTOS
* El himno del Gloria, con el cual cantamos la victoria de Cristo y nuestra propia victoria, debe ser resaltado; su ritmo debe además tener un marcado sentido pascual.
* El canto del Aleluya, que no hemos cantado durante la Cuaresma, rebrota en la vigilia; éste debe resonar como la expresión de alabanza al Dios vivo, su música debe ser muy festiva.
* El canto procesional de entrada debe ubicarnos desde el comienzo que estamos en tiempo pascual.
* El canto de presentación de dones debe alabar a Cristo resucitado, debe proclamar la presencia viva de nuestro Señor.
* La aclamación del santo debe resonar de manera fuerte y festiva.
* El canto procesional de comunión debe hacer alusión a la vida de hombres nuevos, sin olvidar por supuesto los bellos cantos eucarísticos.
* El canto suplementario de despedida podría referirse a nuestro compromiso eclesial para con todos.
* Preferir los cantos litánicos (Piedad y Cordero) que se encuentren compuestos en tono mayor.
* Los instrumentos musicales deben apoyar el carácter festivo del tiempo. Los instrumentos de percusión serán especialmente utilizados sin que éstos entorpezcan el desarrollo del canto.

ALGUNOS CANTOS SUGERIDOS PARA ESTE TIEMPO
* Entrada: Vamos cantando al Señor, Alegre la mañana (escoger las estrofas más apropiadas), Iglesia peregrina, Ha resucitado. La misa es una fiesta muy alegre.
* Presentación de Dones y Comunión: Vive Jesús; Este es el día en que actuó el Señor; Aleluya (6), el Señor resucitó; Cantad, gozad; Aleluya al Señor; Vive Jesús; Resucitó; Acuérdate de Jesucristo; El Señor resucitó; Cantad hermanos y La fiesta del Señor.

EL RESUCITADO Y LOS RESUCITADOS

Por JUAN ÁVILA ESTRADA, Pbro.
Párroco de San Carlos Borromeo y Padre Nuestro


¡ALELUYA… HA RESUCITADO EL SEÑOR! Nuestra Iglesia ha levantado su voz para exaltar las grandezas y la vida de Cristo. En la solemne celebración de la Vigilia Pascual hemos comprendido que el Dios en el que creemos venció la muerte y nos ha dado el don de una vida completamente renovada. La liturgia del fuego, de la Palabra, del agua y de la Eucaristía, nos fueron catequizando poco a poco en lo que se refiere a la presencia del Señor en su Iglesia. Hoy, cuando en la liturgia volvemos a recitar el himno del Gloria y cantamos el aleluya, no podemos menos que sentir una profunda alegría porque Jesús está vivo de una vez y para siempre.

¿Pero cuáles son las implicaciones que tiene en nuestra vida esa presencia del Señor viviente? Si Cristo venció el pecado y la muerte, ¿cómo es que seguimos pecando y muriendo? ¿Cómo es posible que el dolor, el sufrimiento y la enfermedad sigan haciendo mella en nosotros?

Lo que necesitamos entender es la promesa del Señor: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final del mundo”. De ahí podemos dilucidar que Jesús nunca prometió que no vamos a morir (distinto a morir para siempre), ni prometió que no habrá enfermedad, dolor o tristeza en nuestra vida, sino que cuando todas estas cosas se presenten Él estará con nosotros para que ellas no puedan aplastarnos. Si la muerte venció al hombre, Cristo venció la muerte y con él vencimos nosotros.

Vivir en “el Resucitado” y vivir como resucitados es simplemente aprender a contemplar la vida, la muerte, el sufrimiento, el dolor, aún la misma alegría de una manera diferente. Resucitar con Cristo no es impermeabilizarnos ante todo lo que naturalmente el hombre experimenta por el hecho de ser hombre, sino dar un nuevo sentido a todas las cosas. El poder del Resucitado no consiste en evitar a toda costa que el hombre experimente pena o dolor, sino acompañarle para que se sienta capaz en Él de “hacer nuevas todas las cosas”.

La resurrección de Jesús y la nuestra no es la simple reanimación de un cadáver, como sucedió con Lázaro, la hija de Jairo o el hijo de la viuda de Naím, sino una realidad que trasciende los sentidos y todo conocimiento o entendimiento posible. La resurrección de Jesús es el cumplimiento de la promesa de Dios de ser para siempre un Dios de vivos y no de muertos. Si la muerte nos entristece y nos llena de angustia, ahora podemos comprender que la última palabra no está dicha en un féretro sino en Aquel quien dijo de sí mismo: “Yo soy la resurrección y la vida; todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre.”

Un hombre resucitado en Cristo es un hombre renovado, que lucha día a día para que el mal no le absorba y que tiene como estandarte de su vida el bien y la verdad. Si bien la experiencia de la resurrección no es sensitiva, si podemos afirmar que el efecto de tal vida es fácilmente perceptible pues el que antes robaba ya no roba, el que antes mentía ya no miente y el que antes cometía adulterio ya no lo hace.

Jesús está vivo. Lo proclamaron los apóstoles, las mujeres que fueron temprano al sepulcro, los discípulos que lo vieron en Jerusalén, los discípulos de Emaús, el apóstol Pablo, la Iglesia de todos los tiempos y el hombre de hoy que continúa creyendo en su Palabra y en la fuerza de su vida y de su amor. Pero para que también los que no creen puedan sentirse movidos a la fe necesitan ver en nosotros a Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Creerán en el Viviente cuando nos vean que amamos la vida, el bien, la verdad, los hombres y todo aquello que ha salido de sus manos.

PARROQUIAS: AYER Y HOY DE LA FE

EN CANDELARIA, ATLÁNTICO: 50 AÑOS DE VIDA ECLESIAL

Por JULIO GIRALDO
Periodista


Candelaria es otro de los pintorescos municipios del Departamento del Atlántico, donde sus habitantes viven de la ganadería y la agricultura. Gentes sencillas, amables, muy trabajadoras y con un hondo sentido religioso.

De su historia eclesial muy poco se sabe, ya que si existía algo esto se quemó en el año 1962, cuando la casa cural fue pasto de las llamas por un voraz incendio que consumió todo el archivo parroquial. El resumen de la historia que cuento en esta crónica, en parte se debe a la investigación que realizó Edgardo Carvajalino, a quien agradezco el aporte, y la otra parte corresponde al testimonio oral y escrito que logré recopilar.

La historia comienza por el año 1772, cuando ya se cuenta que Candelaria (en aquel momento jurisdicción de Cartagena), siendo apenas un pequeño caserío, tenía una feligresía de libres de 133 familias, 456 almas de confesión y 16 esclavos. Sin duda alguna, también allí estuvieron sacerdotes de la orden de los predicadores y poco a poco la fe crece y la comunidad se organiza. Para comienzos del Siglo XX, desde Manatí, su párroco visita con mucha frecuencia el pueblito de Candelaria, celebra los domingos y atiende confesiones, bautizos, matrimonios y entierros. El pequeño pueblo siguió creciendo y llegó el momento en el que sus habitantes no querían seguir a la deriva; necesitaban un sacerdote que los acompañara espiritualmente y en forma permanente. Fue entonces cuando se reunieron las personas más prestantes del pueblo y solicitaron al Obispo de Barranquilla, Monseñor Francisco Gallego Pérez, la creación de la nueva parroquia y el nombramiento de su respectivo párroco; esta inicial petición no tuvo mucho éxito ya que no se contaba con los requisitos necesarios para ser erigida como parroquia la pequeña iglesia. Entre otras cosas no había casa cural, pero los candelarieros entendieron las razones y comenzaron a construir la casa cural al lado de la pequeña iglesia, en el sitio que hoy ocupa el almacén de la plaza. Lista la casa para el sacerdote y mejorada la capilla, Monseñor Gallego Pérez creó la parroquia de San Vicente Ferrer el 20 de abril de 1957, y nombró como su primer párroco al padre Mario Bustamante (el padre Busta como cariñosamente le decían). Por razones que no se conocen, sólo tomó posesión de su cargo a partir del año 1960, es decir, que nuevamente, pero ya como parroquia, Candelaria siguió siendo atendida por el padre Julio Luís Gallo, párroco de Manatí.

Con respecto al santo patrono, se dice que inicialmente los candelarieros querían que su parroquia fuera consagrada a la protección de san José y para tal fin encargaron a un comerciante una imagen bien bonita del santo. Como al citado comerciante le habían encargado varias imágenes de distintos pueblos de la Costa, resultó que por esas cosas inexplicables de la vida, cometió el error de dejar en Candelaria un guacal de madera de pino, cerrado y sellado con la imagen de san Vicente Ferrer, y la de san José la entregó en Campo de la Cruz. Los habitantes de Campo, molestos por el error cometido, organizaron una legión de campesinos que en peregrinación se trasladaron hasta Candelaria con el fin de llevarse la imagen que según ellos les pertenecía, pero resulta que san Vicente Ferrer se hizo tan pesado que no lo pudieron sacar de la capilla; más de 30 hombres lucharon durante horas, pero todo fue inútil y al no poder enmendar el error, los dos pueblos debieron aceptar a sus patronos. Los candelarieros dijeron: “ni modo, dejemos este santo italiano aquí con nosotros”. Y parece que san Vicente Ferrer se ha portado muy bien con el pueblo que lo aceptó como patrono, convirtiéndose en el guardián de los agricultores.

Volviendo al primer párroco, padre Mario Bustamante, este dejó hondas huellas dentro de la población por el testimonio que dio de su pobreza y la entrega total a su ministerio. Como anécdota se recuerda que el padre Busta celebraba las fiestas patronales con mucho fervor y éstas eran amenizadas por la banda de músicos “los infantiles”, nombre que se le colocó de manera jocosa pues todos sus integrantes pasaban de los 50 años de edad. Como dato curioso, terminadas las fiestas los instrumentos de esta banda eran guardados bajo llave por todo el año en un cuarto de la casa cural. El padre Busta era un hombre de gran corazón, pero de una memoria tan frágil que se olvidaba de todo, de pronto eso fue lo que ocurrió con su posesión como párroco: se olvidó que lo habían nombrado y sólo tres años después le recordaron y presuroso se posesionó.

LA PARROQUIA HOY
Acaba de posesionarse como su nuevo párroco el recién ordenado presbítero Mauricio Rey. Este joven sacerdote ha sido muy bien recibido por los habitantes, porque en Candelaria la figura del sacerdote es fundamental en la vida del pueblo. Llega con gran entusiasmo y ha encontrado una comunidad viva, generosa, orante y con muchos deseos de trabajar; por lo tanto, deseosa de reforzar el compromiso ante el proceso de nueva evangelización que desde hace ocho años impulsa el Arzobispo Rubén Salazar Gómez.

Dice el padre Rey que encuentra también una iglesia en muy buenas condiciones, así como la casa cural y, en términos generales, una comunidad muy bien organizada, lo que demuestra el gran trabajo pastoral y material realizado por los anteriores sacerdotes, entre los que se destaca un grupo de Jesuitas que por algún tiempo atendieron la parroquia. El padre Mauricio atiende de tiempo completo su comunidad y por jurisdicción le corresponde atender espiritualmente también los corregimientos de Leña y Carreto, en donde celebra semanalmente la eucaristía, bautiza, visita hogares y atiende los enfermos.

Le corresponde al padre Mauricio, por una gracia especial del Señor, celebrar con toda su comunidad los 50 años de vida eclesial de esta parroquia, celebración que estará íntimamente unida a los 75 años de la Arquidiócesis de Barranquilla. Por eso, para esta especial conmemoración se contará con la presencia de Monseñor Rubén Salazar Gómez, quien presidirá la solemne Eucaristía el día 20 de abril a las 10:00 a.m., acompañado de los sacerdotes que han ejercido su ministerio sacerdotal en Candelaria y de los sacerdotes que hacen parte del decanato, otros sacerdotes invitados de la Arquidiócesis y con la presencia, muy especial, del padre Clotario Hemer, primer sacerdote ordenado oriundo de este municipio.

SENTIDO ADIÓS A NUESTRO ARZOBISPO EMÉRITO

Por JAIME ALBERTO MARENCO MARTÍNEZ
Delegado de Comunicaciones y Relaciones Públicas
Arquidiócesis de Barranquilla

El Señor quiso que los últimos momentos de la existencia terrena de Monseñor Félix María Torres Parra, Arzobispo Emérito de Barranquilla, fueran durante la Misa Crismal el pasado 3 de abril; precisamente la celebración en que los presbíteros renuevan sus promesas sacerdotales como una manifestación de la comunión existente entre el Obispo y su Presbiterio en el único y mismo sacerdocio y ministerio de Cristo. Una celebración que Monseñor Torres presidió durante doce años en esta Iglesia particular y que, según los comentarios de sus más allegados, vivía de manera especial.

“Por eso, al gozo de estar reunidos hoy como Iglesia, unimos el gozo de la llegada de Monseñor Torres Parra a la Casa del Padre”, expresó Monseñor Rubén Salazar Gómez, Arzobispo de Barranquilla, a los más de dos mil fieles que estaban en la Catedral Metropolitana para participar en la celebración eucarística del Martes Santo. Y continuó diciendo en su comentario inicial de la Misa Crismal al referirse a Monseñor Félix María: “Sentimos que él se aleje de nosotros físicamente, pero sentiremos a partir de su llegada a la morada eterna su presencia de una manera nueva: como el gran intercesor ante el Padre para que esta Iglesia de Barranquilla pueda seguir caminando siempre adelante como comunidad de fe, esperanza y amor, hasta que un día podamos encontrarnos todos juntos para celebrar la Pascua en la casa del cielo”.

UN HOMBRE SENCILLO, UN HOMBRE DE DIOS, UN HOMBRE DE IGLESIA

Monseñor Torres Parra nació el 12 de julio de 1923, en Yaguará, una pequeña población del Departamento del Huila.

De su familia, sencilla y humilde, está el recuerdo de sus padres: Cenón Torres y Ascensión Parra. Fue el mayor de seis hermanos, entre los cuales se cuenta una religiosa y un sacerdote, ya fallecido. Los estudios de primaria los hizo en su propia casa bajo la orientación de una tía maestra y de allí, a la edad de 10 años, pasó al seminario para hacer el bachillerato.

Al consultar el libro “Una vida de amor y servicio a la Iglesia”, escrito por el padre Jorge Becerra con el apoyo periodístico de Julio Giraldo, se encuentran datos muy precisos sobre la vida del prelado y, entre todos, sin darle lugar a la duda, llama la atención el relacionado con su primera comunión, que la recibió a los tres años y medio, el 24 de diciembre de 1926.

“El 23 de diciembre se le ocurrió al padre cuando me vio allí, y al verme asistir todos los días, preguntarme delante de todos, el catecismo. Vio que lo sabía, pues me lo habían enseñado en la casa. Entonces me dijo: ‘Mijito, haces mañana la primera comunión, aun cuando tengas tres años y medio’... Total que esa noche se pusieron a hacerme el vestido, y según me contaban después, yo hice la primera comunión con un mameluco de marinero. Todo eso explica porqué a los 10 años en que fui al seminario, para mí era la cosa más natural, más lógica, ser sacerdote”, cita el mismo Monseñor Félix en el libro del padre Becerra.

Tomó sotana a los 15 años de edad, empezó a recibir órdenes menores a los 17 y terminó en el seminario antes de cumplir 21 años. Pero esta edad era impedimento para recibir el subdiaconado, que era en ese tiempo el paso en que el futuro presbítero se ataba definitivamente a la Iglesia. Recibió la ordenación sacerdotal a los 22 años de edad, el 9 de junio de 1946, después de recibir una dispensa de la Santa Sede, pues en esa época la edad requerida para ordenarse presbiteralmente era de 24 años. Estudió derecho canónico en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

Fue ordenado Obispo el 24 de julio de 1966. Desde entonces se desempeñó como Obispo Auxiliar de Cartagena y luego pasó a ser Administrador Apostólico de la Diócesis de Santa Rosa de Osos. Fue el primer Obispo de la Diócesis de Sincelejo, donde estuvo 12 años y medio, para luego pasar, en 1981, a la Diócesis de Santa Marta, en la que estuvo casi siete años.

Fue Arzobispo de Barranquilla para suceder a monseñor Germán Villa Gaviria, quien se acogía a la ley del retiro por edad que establece la Iglesia Católica para sus obispos al cumplir 75 años. Monseñor Torres Parra llegó a Barranquilla el 11 de julio de 1987, a las 10:00 de la mañana, y fue recibido en el Puente Pumarejo por un comité del que hicieron parte la entonces Alcaldesa de la ciudad, Miriam Llinás de Ovalle, y Gerardo Certain, Gobernador del Atlántico.

Su gobierno en la Arquidiócesis de Barranquilla lo ejerció hasta el año 1999, cuando la Santa Sede acepta su renuncia por haber cumplido la edad de retiro de los obispos, es decir, 75 años. Lo sucedió monseñor Rubén Salazar Gómez, actual Arzobispo de Barranquilla.

Monseñor Félix María murió a la edad de 83 años y sus últimos meses los vivió en la Casa Sacerdotal, donde la Arquidiócesis aloja a sus obispos y sacerdotes ancianos, para que reciban los cuidados de las religiosas de la comunidad Auxiliadoras de Cristo Sacerdote.

DESPIDIENDO AL PASTOR

Con la presencia de diez Obispos del país, el presbiterio arquidiocesano, las autoridades civiles, militares y de policía, y representantes del cuerpo consular, así como familiares y amigos, delegados de las comunidades religiosas masculinas y femeninas, y de las parroquias de la Arquidiócesis, se cumplió la misa exequial de Monseñor Félix María Torres Parra, el pasado miércoles 4 de abril a las 3:00 de la tarde, en la Catedral Metropolitana María Reina.

La sentida celebración litúrgica estuvo presidida por el Arzobispo de Barranquilla, Monseñor Rubén Salazar Gómez, quien exaltó la vida y el ministerio episcopal de Monseñor Torres Parra. “Para la Arquidiócesis de Barranquilla esta pascua del año 2007 adquiere una significación especial, porque aquel que fue el pastor de esta iglesia durante doce años, aquel que pastoreó otras circunscripciones eclesiásticas de nuestra patria, aquel que por más de cuarenta años sirvió como obispo y por más de sesenta años como sacerdote, es decir, aquel que le entregó toda su vida a la Iglesia, vivirá la pascua definitiva de su existencia precisamente en este contexto de nuestra pascua que todos celebramos en la Iglesia arquidiocesana”, manifestó el Arzobispo.

Al finalizar la celebración, la Gobernación del Atlántico rindió un homenaje póstumo al prelado mediante un decreto firmado por el gobernador Carlos Rodado Noriega. Otros reconocimientos se han recibido, como el de la Diócesis de Santa Rosa de Osos, que el mismo Obispo Jairo Jaramillo entregó a nuestro Arzobispo.

Diócesis de Santa Rosa de Osos
JAIRO JARAMILLO MONSALVE
Por la Gracia de Dios y voluntad de la Santa Sede Apostólica
Obispo de Santa Rosa de Osos

Teniendo en cuenta:
1. Que en el día de hoy se ha recibido la infausta noticia del fallecimiento del Excelentísimo Señor Félix María Torres Parra, Arzobispo Emérito de Barranquilla;
2. Que el señor Torres Parra, por los años de 1967 y 1968, después del largo y benemérito episcopado de Monseñor Miguel Ángel Builes, desempeñó el cargo de Administrador Apostólico “Sede Plena” de esta Diócesis de Santa Rosa de Osos;
3. Que el período de su administración, con explicables variaciones después de un largo gobierno y consolidación de la Diócesis, fue generosamente aceptado por el clero diocesano, y sus disposiciones rectamente ordenadas al bien de la Iglesia y de la Diócesis;
4. Que los subsiguientes nombramientos para las Diócesis de Sincelejo, Santa Marta y la Arquidiócesis de Barranquilla, no llegaron a afectar los vínculos de aprecio y perdurable amistad entre la personalidad de Monseñor Torres Parra y la querida Diócesis de Santa Rosa de Osos;
5. Que su fallecimiento constituye una lamentable pérdida para la Iglesia colombiana, para la Iglesia particular de Barranquilla y para esta Diócesis que siempre conservó con noble aprecio el recuerdo y los merecimientos de Su Excelencia Reverendísima;

DECRETA
Artículo Primero: Lamentar profunda y sinceramente la infausta desaparición de Su Excelencia Monseñor Félix María Torres Parra, cuyo recuerdo y generoso servicio a esta Iglesia se han conservado con todo aprecio en la historia de la Diócesis.

Artículo Segundo: Presentar a las actuales generaciones la figura arzobispal de Monseñor Torres Parra como un digno ejemplar de incontables merecimientos por su clara inteligencia, su valiosa oratoria, sus dotes de gobierno y segura autoridad.

Artículo tercero: Manifestar el sentimiento diocesano por medio del presente Decreto que se enviará por manos de Su Excelencia Jairo Jaramillo Monsalve, Obispo de Santa Rosa y su representante en las honras fúnebres de Monseñor Félix María Torres Parra.

Parágrafo: El presente Decreto en nota de estilo, se entregará a la Iglesia hermana de Barranquilla en la persona del Señor Arzobispo, Monseñor Rubén Salazar Gómez, para ser publicado en las celebraciones funerales.

Dado en Santa Rosa de Osos el 03 de abril del año 2007

JAIRO JARAMILLO MONSALVE
Obispo de Santa Rosa de Osos

¿POR QUÉ HAY CATÓLICOS QUE DEJAN LA IGLESIA Y SE VAN A LAS SECTAS?

Por CLOTARIO HEMER CERVANTES, Pbro.
Párroco Unidad Pastoral Santísima Trinidad


En esta serie de artículos
venimos analizando la fe
de los hermanos que dejan
la Iglesia Católica para
engrosar las sectas.

En el primer artículo, ¿qué dijimos de esa fe? Que era una fe infantil, que carecía de vigor y consistencia, que no daba razón de sí misma (cfr 1ra. Pedro 3, 13-16); una fe que carecía de la “convicción de las cosas que se esperan, argumento de las que no se ven” (Hb 11, 1) y, ¿por qué razón? Porque es una fe de primera comunión en personas que han llegado ya a la edad adulta, alimentándose de leche y no de manjar sólido, y quien se alimenta de leche no es capaz de entender la doctrina de la justificación, porque es todavía niño (Hb 5, 12-13). Debido a esta clase de fe, ellos, al encuentro con un pastor, recibieron un bombardeo de objeciones contra la Iglesia Católica que los dejó en “cuidados intensivos” y de allí salieron ya sanos y salvados, haciendo parte de los ciento cuarenta y cuatro mil sellados del Apocalipsis (7,4), con una nueva fe, con un lavado cerebral.

En la segunda entrega analizamos a la persona misma como fiel, como creyente. Este análisis fue la respuesta a la pregunta: ¿Cuál suele ser la causa del éxodo, del trasteo de estos hermanos? Vimos varios aspectos.

1. Siendo personas adultas y teniendo de todas maneras una fe elemental, se encontraron frente a los grandes, vitales y trascendentales problemas del ser humano, cuyos planteamientos y cuyas respuestas sólo da la fe: ¿De dónde vengo? ¿Qué viene después de la muerte? ¿Cuál es el sentido de mi vida? El pastor les responde que sólo en la secta encuentran respuestas a esas preguntas y la salvación. En resumen, personas con “las defensas bajas” en su fe, con inquietudes decisivas y “agarradas por el cuello”, que sufren un lavado de cerebro que las vuelve irreconciliables con la Iglesia Católica.

2. Normalmente son personas acuciadas por graves problemas humanos de salud, de vacíos afectivos, de soledad, de incomprensión, económicos, y la secta les ofrece soluciones inmediatas; con sólo invocar a Jesucristo o hacer “una siembra”, la secta da una solución mesiánica.

3. En otras ocasiones el pastor descubre en ellas un “mal espíritu”, que es la causa de las aflicciones y sufrimientos de la persona y tras un exorcismo Satanás sale derrotado.

4. Cuando se enamoran dos jóvenes y uno de ellos es de alguna secta y el otro o la otra es de la Iglesia Católica, “póngale la firma” que el de la secta arrastra al católico.

5. Finalmente, cualquier débil remordimiento que pueda quedar en la conciencia es barrido por la emotividad de la predicación del pastor y de las acogidas en las asambleas. Estos factores se encuentran en mayor o menor grado en todos los converso.

OTRAS CONSTANTES QUE INFLUYEN EN EL CAMBIO DE RELIGIÓN
Trataremos en primer lugar de los medios de comunicación. ¿Cómo pueden influir los medios de comunicación en la decisión de dejar la Iglesia Católica para convertirse a las sectas?

Por lo general, los medios de comunicación presentan a la Iglesia como retrógrada, oscurantista, enemiga del progreso de la humanidad. ¿Por qué? Tomo la respuesta a esta pregunta de un autor que se expresa así: “La cultura oficial contemporánea, hacedora de la moda y la opinión, y abundantemente dotada de medios técnicos de difusión muy perfeccionados, intenta arrinconar a Cristo, oscurecerlo y reducirlo al silencio”. En este caso tendríamos nosotros que referir la cita a la Iglesia Católica. (Francesco Trisoglio, Cristo en los Padres de la Iglesia. Antología de textos. Herder. Prólogo, p. 13)

Ahora sí, vamos al por qué. Porque quieren que la Iglesia Católica diga sí o apruebe: el aborto, la eutanasia, el libertinaje sexual, el matrimonio de homosexuales, el divorcio del matrimonio católico y muchos otros temas por el estilo. En otras palabras, le están pidiendo a la Iglesia que deje de ser la Iglesia que Cristo fundó y que confirmó el Espíritu Santo en Pentecostés y se presente como una “iglesia moderna”, como la que ellos necesitan para sentirse tranquilos de “conciencia” o respaldados en su manera de sentir, pensar y actuar. Es que la Iglesia con su teología, su moral, su espiritualidad y su doctrina social y, en consecuencia, con la batalla que vive dando en defensa de la dignidad de la persona humana, del respeto a la vida, desde su primer instante hasta el último, la defensa de los derechos humanos, de la justicia social, no deja de ser una institución incómoda para los pregoneros de tantas ideologías dominantes y, sobre todo, al denunciar al “capitalismo salvaje”.

Es que la Iglesia Católica es vigía de la humanidad; su voz resuena sin temores ni contemplaciones a todo lo largo y ancho del planeta, (como lo hizo su fundador y le ordenó que lo hiciera ella), cuando se trata de defender los auténticos valores humanos, a los pueblos subdesarrollados, a aquellos cuya voz no alcanza a oírse, y particularmente, cuando se trata de defender los valores del evangelio de Jesucristo. Muchas veces detrás de todo esto se esconden intereses económicos. Pero el fundador de la Iglesia prometió que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). Algún padre de la Iglesia dijo que la Iglesia Católica será perseguida pero no vencida. Y el concilio Vaticano II afirma que la Iglesia avanza en la historia en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios.

Pero alguien puede preguntar y ¿en que influye esto para que un católico deje la Iglesia y se vaya a las sectas? El influjo, desde luego, no es directo sino indirecto. En efecto, a fuerza de bombardear a la opinión pública se logra empañar la imagen de la Iglesia en algunos de sus hijos de débil fe y quienes, normalmente, no tienen la perspectiva histórica de la Iglesia como madre y maestra. En efecto, la Iglesia está de lleno en el mundo y puede decir con razón, según el concilio Vaticano II en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual (No.1): “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. No hay nada verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”.
La Iglesia está, pues, de cuerpo entero frente al mundo. El mundo conoce fácilmente sus virtudes y sus defectos. Hay una verdadera intercesión Iglesia Mundo. Las sectas, en cambio, hasta el momento, sólo tienen una tangencia. ¿Cuál es la consecuencia de todo esto? Que esta imagen deque perciben los hermanos de quienes estamos hablando la Iglesia a través de los medios es un ingrediente más en la toma de decisión de abandonar la casa materna para ir en busca de otro hogar. En síntesis, los medios de comunicación proyectan al mundo una imagen de la Iglesia que puede hacer sentirse inseguros en ella a estos hermanos y ser un factor que los ayude a la hora de separarse de ella para irse a las sectas.

EL RINCON DE PABLITO

PABLITO Y GUILLO HABLANDO DE JUBILEO

Es año de gracia en nuestra tierra y celebramos una gran fiesta
¡Estamos en Año Jubilar!

Hola amigos. Para este Kairós he querido hablar un poco con Guillo; este chico está súper emocionado con el Jubileo de la Pastoral Litúrgica.

Pablito: Guillo, sabemos que estás muy contento con el Jubileo de la Pastoral Litúrgica. Cuéntanos un poco…
Guillo: De verdad estoy muy feliz porque nuestro papito Dios nos ha regalado un espacio para que todos los que ayudamos en las celebraciones de la Iglesia Católica también disfrutemos del año jubilar.

Pablito: ¿Sabes qué tiene preparado la Comisión de Liturgia para los monaguillos?
Guillo: Claro que sí. Hablé con el padre Arquímedes, Delegado de la Pastoral Litúrgica, y me contó que cada parroquia tendrá un espacio para los monaguillos; esto será entre el 16 y 20 de abril. Allí los chicos descubrirán, a través de juegos, el sentido del jubileo, evaluarán su servicio y renovarán sus compromisos como monaguillos.

Pablito: ¿Qué más hay?
Guillo: El sábado 21 de abril nos reuniremos, como el año pasado, todos los monaguillos de la Arquidiócesis en el colegio María Auxiliadora (Bachillerato) de 10:00 a.m. a 3:00 p.m. Habrá juegos, mucha diversión y, por supuesto, estaré yo. ¡Ya lo verán!

Pablito: ¿Sólo estarán los monaguillos en el encuentro del 21 de abril?
Guillo: No, también estarán los demás agentes de la liturgia que prestan sus servicios en todas las parroquias del Atlántico, como son: agentes extraordinarios de la comunión, acólitos, lectores, cantores, acomodadores, sacristanes, entre otros. Todos juntos, a las 3:00 p.m., nos iremos en procesión del Colegio María Auxiliadora hasta la Catedral, para participar en la Eucaristía que presidirá Monseñor Rubén Salazar.

28 de abril: Día Internacional del Niño
¿QUIEN DEBE CUIDAR LOS DERECHOS DE LA INFANCIA?

Un día vi en la calle a una niña que temblaba de frío, con un vestido ligero y con poca esperanza de comer.

Me enojé con Dios y le dije: ¿Por qué permites esto? ¿Por qué no haces algo para remediarlo? Por un rato Dios no dijo nada y esa noche, Él respondió diciendo: “Ya hice algo para remediarlo… TE HICE A TI”.

Muchas veces culpamos a Dios por todo lo que pasa y no pensamos que Él confía en nosotros para hacer un mundo mejor. Tenemos mucho por hacer para que no mueran tantos niños desnutridos cada día.

Hay que respetar los Derechos del Niño, que son: Derecho a la vida, para muchos que son asesinados en el vientre materno. Derecho a un hogar unido y lleno de amor. Derecho a la salud, a la educación, a una vida digna, a sonreír, a ser escuchados, a no ser maltratados física o anímicamente.

Los niños tenemos derecho a recibir amor, en un mundo en el que muchos padres se contentan sólo con dar cosas.

Los niños más que dinero necesitamos afecto, más que regalos necesitamos compañía y atención, un hogar unido y tranquilo. Los niños pedimos fe a unos adultos que se han olvidado de Dios.