sábado, marzo 08, 2008

CANTOS PARA EL DOMINGO DE RAMOS


Por ÁNGELA MARÍN NIEBLES *

La Semana Santa inicia con el Domingo de Ramos, una celebración que nos propone conmemorar la entrada del Señor a Jerusalén y profundizar en la Pasión gloriosa y amorosa de Jesucristo.

La conmemoración de la entrada del Señor a Jerusalén se puede realizar de tres formas: la procesión, la entrada solemne y la entrada sencilla.

LA PROCESIÓN
Para hacerla se necesitan dos lugares diferentes de celebración. Un primer espacio es aquel en el cual se congrega la asamblea, se bendicen los ramos y se inicia la procesión hacia el segundo espacio que es el templo o lugar de la celebración. Esta forma es muy expresiva debido a que nos invita a acompañar a Cristo aclamándolo con cantos de victoria y alabanza.

La pregunta sería ahora: ¿cuando se debe cantar? Los cantos se entonan durante la procesión, no durante la bendición de los ramos. El sacerdote rocía en los ramos el agua bendita sin decir nada, la asamblea debe mover los ramos y agitarlos en señal de aclamación a Cristo Rey.

Durante la procesión, los cantores, junto al pueblo, entonan canciones inspiradas en la siguiente antífona: "los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, aclamando: ¡Hosanna en el cielo!", la cual se puede intercalar con los versículos del salmo 23.

Al llegar al templo se puede entonar un canto apropiado a la apertura de las puertas, por ejemplo: "Portones abrid los dinteles" u otro similar.

ENTRADA SOLEMNE
Se hace cuando no se dispone de un segundo espacio, diferente al templo, para congregar a la asamblea y bendecir los ramos. En este caso se escoge un lugar adecuado al interior de la iglesia o en el lugar de celebración para hacer la bendición de los ramos y leer el Evangelio. Desde allí el presidente y los fieles o algunos de ellos, siguen con sus palmas y cantos de aclamación cuando se haga la procesión hacia el altar.

En este segundo caso, los cantos se entonarán cuando se inicie la procesión. Deben estar inspirados en la antífona de los niños hebreos y en el salmo 23. Es importante que la asamblea aclame al Señor con sus palmas, ramos y cantos; por lo tanto, se recomienda ensayar y enseñar a la asamblea el canto seleccionado para que lo pueda entonar de manera unánime.
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Continúe la lectura de este artículo en la edición 179 de Kairós.

LA ORACIÓN EN LA CUARESMA


Fray Gilberto Hernández García, OFM *

Estamos viviendo el tiempo litúrgico de la Cuaresma, tiempo que nos invita o, como dice Benedicto XVI, “nos provoca a dar un impulso más decidido a nuestra vida cristiana” y nos prepara a las celebraciones de la Pascua. Es una valiosa oportunidad que nuestro Dios, Uno y Trino, por mediación de la Iglesia, nos brinda para volver a Él. Es muy cierto que todos los días son oportunos para intentar esta metanoia, este cambio de mentalidad, corazón y rumbo, sin embargo, como nos ha dicho san Pablo en la segunda lectura de la liturgia del Miércoles de Ceniza, “este es un tiempo favorable”, una gracia que no debe echarse “en saco roto”.

Durante estos cuarenta días escuchamos con insistencia el recurso a la oración, la limosna y el ayuno, como “medios” privilegiados en este itinerario. De ahí que un gran número de fieles católicos solemos pensar en ellas como obras piadosas y buenas que todo cristiano debe realizar, sobre todo en este período. Si bien este modo de ver las cosas es correcto, no es completo. Juan Pablo II, en más de una ocasión, al hablar sobre estos tópicos cuaresmales, había subrayado que “requieren ser comprendidos más profundamente si queremos insertarlos más a fondo en nuestra vida y no considerarlos simplemente como prácticas pasajeras, que exigen de nosotros sólo algo momentáneo”.

No podemos perder de vista que la Cuaresma sólo dura cuarenta días, en cambio, tender a Dios, es una tarea permanente; esto significa que es necesario convertirse continuamente. La Cuaresma debe imprimir su huella fuerte e imborrable en nuestra vida; debe renovar en nosotros “la conciencia de nuestra unión con Jesucristo, que nos hace ver la necesidad de la conversión y nos indica los caminos para realizarla”. En este sentido podemos reflexionar sobre el papel fundamental de la oración en el tiempo cuaresmal, entendido éste como un tiempo fuerte que tiene su cima y continuidad en la Pascua, y que nos sirve —permítaseme la analogía— de “entrenamiento” e impulso para la vida ordinaria. Es indudable que durante este tiempo de gracia, a muchos se nos despiertan los sentimientos religiosos y una de las primeras y más recurrentes acciones es la oración: buscamos ir a una iglesia, participamos de alguna liturgia, etc. Sin embargo, debemos tener claro que la oración más que una práctica o una acción aislada es una actitud ante y en la vida.

Esta época que nos ha tocado vivir está marcada fuertemente por una tendencia al secularismo, a echar de la vida pública y privada a Dios. Sin Dios se vive en la superficie, en la evasión, en la búsqueda desmedida del bienestar a costa de lo que sea, del poder, del prestigio y del placer por el placer. Incluso, aunque por tradición nos declaramos católicos, muchos asumen que son “creyentes pero no practicantes”, dando por resultado la búsqueda de una práctica religiosa “light”, sin compromiso. Estas situaciones, lejos de brindarle felicidad y paz interior a cada hombre y mujer, nos sumen en un sin-sentido, en un vacío existencial. Es en tal contexto que nos sale al encuentro este singular tiempo de gracia, para interpelar el sentido de nuestra existencia personal y colectiva.

La paradoja es que, queriendo o no, el hombre no puede vivir sin una referencia al Absoluto; necesita asirse de “algo” que le de, si no una certeza sobre la vida presente y futura, por lo menos “algo” que le marque el rumbo y le inspire esperanza. Es aquí donde el hombre, después de tanto buscar fuera, no le queda de otra y tiene que “doblarse sobre sí mismo”, es decir, reflexionar, buscar el referente que no encuentra en la estridencia de las bondades de la vida moderna. En este sentido “el encuentro que se produce, la referencia explícita y consciente a él, en los niveles profundos de la persona, es siempre una forma de «oración» o «contemplación» en el sentido amplio de la palabra. Orar, en este orden de ideas, es algo humano, muy humano, profundamente humano, que responde a una necesidad antropológica fundamental”.

Entonces se comprende que la oración, más que una serie de prácticas es un trato personal con Dios, desde las circunstancias particulares que cada uno vive en su día a día. Sustancialmente para el cristiano que quiere tomarse en serio este apelativo, el encuentro con Dios vivo a través de la oración es fundamental. Esto le pedirá al cristiano rescatar tiempos y lugares para estar con Él. Así expresaba santa Teresa de Ávila la experiencia orante: “tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama”.

A través de una oración auténtica, sincera y asidua el cristiano aprende a reorientar en todo momento su vida y su actividad; porque por el cedazo del diálogo pausado con el Señor debe pasar la totalidad del hombre. Muchos personajes a lo largo de la historia han encontrado en la oración la experiencia de una vida plena; a través de ella se han encontrado a sí mismos; han descubierto el horizonte de la trascendencia como eje de su existencia, y ha sido para ellos la motivación para desgastarse por los más necesitados. La vida de los santos ha sido ésta: el equilibrio constante de una vida entregada gratuitamente y una vida interior plena, desarrollada en el íntimo diálogo con Dios.

Alguna vez el siervo de Dios, Juan Pablo II se refirió así: “A través de la oración, todo el mundo debe encontrar su referencia justa: esto es, la referencia a Dios: mi mundo interior y también el mundo objetivo, en el que vivimos y tal como lo conocemos. Si nos convertimos a Dios, todo en nosotros se dirige a Él. La oración es la expresión precisamente de este dirigirse a Dios; y esto es, al mismo tiempo, nuestra conversión continua: nuestro camino”. Ojala que en lo que resta de este tiempo de gracia, podamos irnos entrenando —o estrenando— en esta nueva actitud con constancia y fidelidad. Nuestra vida bien lo merece.

* Colaborador residenciado en México. alvinxxi@yahoo.com.mx

PARROQUIAS: AYER Y HOY DE LA FE


PARROQUIA SANTA MARIA MAGDALENA
MALAMBO: UNA POBLACIÓN DE FE Y EMPUJE

Por JULIO GIRALDO *

Hoy continuamos en el municipio de Malambo, que por su extensión y crecimiento, la Iglesia católica se ha visto en la necesidad de crear nuevas parroquias, conservando el templo de la parroquia madre del pueblo que es Santa María Magdalena. Esta hermoso templo espigado de arte gótico, se erige majestuoso en todo el centro de la población, como testigo viviente de varias generaciones de malamberos que lanzando la atarraya al rió, cultivando sus frescos pastizales y con el coraje muy propio de su raza indígena, se abrieron paso, construyeron caminos, fundaron su pueblo, construyeron su templo y sembraron la semilla del cristianismo.

No se sabe con precisión en que época fue construido tan hermoso templo, pero algo que sí recuerda la gente de Malambo es que, muy cerca de su capilla, estaban colocadas las campanas a una altura de tres metros de las cuales colgaba una cuerda para agitar el badajo. El sector era un criadero de chivos, eran cientos de estos apetecidos cuadrúpedos que dormían en la plaza pública y, cuando llegaban extraños para tratar de unirse a la manada, se armaban enormes peleas formando remolinos que con sus cachos tocaban las campanas a cualquier hora de la noche o la madrugada. Inicialmente los vecinos se levantaban asustados por saber que era lo que estaba sucediendo en el barrio, púes en ninguna parte del mundo es normal que las campanas de la iglesia de una pequeña aldea inviten a la comunidad a las dos de la mañana; muchas conjeturas se hacían, muchos decían que era el diablo, y fue así como crearon fantasmas y leyendas sobre el fenómeno de las campanas, hasta que un astuto malambero descubrió que las campanas se escuchaban porque los chivos pelando se enredaban con sus cachos en la cuerda la cual jalaba el badajo y las campanas empezaban a tañer.

Pero miremos que esta sencilla anécdota sirve para que los habitantes del pequeño sector se organicen y conformen su primera junta de ornato y embellecimiento de Malambo. Quedaron en la junta las personas más prestantes de la época como Antonio María Camargo, Arnulfo Camargo, las hermanas Serje Florián y Emigdio Miranda entre otros más, que por razones del tiempo se olvidaron. Con esta selecta y distinguida junta, nace la idea de reconstruir el pueblo y su templo, no en la forma que está actualmente, y todo lo anterior con el fin de construir la torre y cúpula del templo.

Se dice que para la época, 1944, las verbenas estaban prohibidas en Malambo, pero la junta consiguió que para beneficio de las obras que se disponían emprender naciera la primera verbena en el municipio, y se aprovechó la temporada de carnaval cuando la corona de reina la disputaban las distinguidas señoritas conchita y Silvia Suárez. Fue todo un éxito económico y las utilidades fueron a parar al fondo de la campaña pro torres del templo. A partir de este momento se siguieron autorizando las verbenas, pero siempre para fines benéficos. Se dice también que para la época los sacerdotes Mariano Rodríguez, Lucio Díaz, Néstor Coronel, Francisco Álvarez, Carlos Castrillón, Julio Rodríguez, Francisco Gijón, Emilio Fonseca, José Anisan y Juan de Jesús Serna, procedentes de Sabanagrande y Soledad, atendían la parroquia en calidad de encargados y como aún no se tenía casa cural, ellos se bajaban en la casa de la niña Edicta Rodríguez, quien era la dueña de una tienda en la plaza, diagonal al templo; esta era prácticamente la casa cural, porque además de guardar allí los ornamentos y vasos sagrados, también la niña Edicta les brindaba suculentos desayunos a los padres y sus colaboradores.

Los deseos y aspiraciones de los malamberos se hicieron realidad al construir una bella torre exactamente igual a una fotografía que fue solicitada a un amigo de España, el doctor Franco Esnarro; la fotografía fue enviada de Valladolid (España), y la obra la dirigió Hugo Ernesto De Moya, un maestro de obra que había trabajado al lado del hermano claretiano Vicente Galicia en la construcción del templo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. El buen gusto, el amor al arte y la vena artística de los habitantes de Malambo, se ve reflejado en el proceso arquitectónico que ha tenido el templo con cinco grandes transformaciones que lo han hacho acreedor al reconocimiento oficial de ‘patrimonio arquitectónico del municipio’. El 18 de abril de 1963, Monseñor Germán Villa Gaviria expide el decreto por el cual se crea la parroquia de Santa María Magdalena en el municipio de Malambo y se nombra como primer párroco en propiedad al sacerdote Dagoberto Escorcia.

LA PARROQUIA HOY

El 20 de enero de 2006, llegó como párroco el padre Jaime Enrique Barrios Mercado, joven y activo sacerdote que debe atender una población de aproximadamente setenta y cinco mil habitantes distribuidos en la nueva parroquia del Carmen, en Caracoli, algunos corregimientos, y en la célula pastoral principal de Santa María Magdalena.

Encuentra una parroquia cuya feligresía responde en todos los niveles a los llamados que su párroco hace, una comunidad muy tradicionalista y de costumbres arraigadas muy, sin duda alguna, de sus antepasados los indígenas. Una de esas costumbres es que la mayoría de las parejas que contraen matrimonio lo hacen el último sábado del año.

La celebración que aglutina a todos los malamberos es la de su santa patrona. La feligresía, desde el primer mes de cada año, comienza sus preparativos, es decir, que toda la comunidad gira alrededor de la fiesta de Santa María Magdalena, siguiendo en importancia la fiesta del Señor de los Milagros. Es una parroquia con una fe viva, y muy bien orientada por los anteriores párrocos, prueba de lo cual es que en este momento el padre Jaime se ha dedicado a fortalecer el proyecto del PDRE, teniendo como resultado una comunidad muy dinámica que marcha al compás de la Arquidiócesis. Diariamente se celebran dos misas, los domingos cuatro y hay que hacer celebraciones en las células.

La feligresía en general acude con mucha devoción a los sacramentos y son unos colaboradores incondicionales para la parroquia. El templo en la actualidad conserva su primitivo estilo, luce aseado y muy bien decorado y hay un proyecto de ampliar su sacristía y efectuar algunas reparaciones que son urgentes. En cuanto a la casa cural, el padre Jaime, en común acuerdo con el señor Arzobispo, consiguieron una partida de dinero para remodelar totalmente la vieja casona que amenazaba ruina y era poco funcional; hoy es una casa moderna con amplios cuartos para los sacerdotes, salas, comedor, despacho parroquial, patios y corredores con una sobria y bella decoración que dan armonía, tranquilidad y paz, no solamente para los sacerdotes que habitan el lugar, sino también para los feligreses que acuden en la búsqueda del sacerdote o de algún documento eclesial.

* Periodista – Historiador arquidiocesano.

EL SERVICIO AL PUEBLO DE DIOS:...EL DESTINO DE UNA MUJER


Por ONIX NEDEL CORREA GARCÍA *

Hace 7 años y medio, cuando la hermana Rosa María Arouna hizo su maleta para emprender el viaje de África a Colombia, no se imaginó todas las bendiciones que iba a recibir desde el mismo momento en que llegara. Algunos de los referentes que tenía de esta tierra era que en Cartagena, en la época de la colonización, habían traído muchos de sus coterráneos para ser esclavos. En el momento de su traslado, como ella mismo lo afirma, pensó que ella venía pero a ser servidora fiel de la evangelización.

Esta religiosa africana es la delegada por el Arzobispo de Barranquilla para dirigir todos los proyectos de Pastoral Social en el departamento del Atlántico. Ella, acompañada -en su mayoría- de varias mujeres de la entidad, coordina a diario los programas, estrategias y emergencias cuando las personas necesitan de la ayuda de una mano solidaria.

Aunque todavía sigue aprendiendo el idioma español, porque el nativo de ella es el ‘nago’ y le habían enseñado el francés, esto no ha sido ninguna dificultad para cumplir y desarrollar su apostolado en el territorio que comprende esta Iglesia particular.

Son 35 años los que tiene al servicio de la obra evangelizadora y cuando vino a Barranquilla no lo hizo sola. Junto con tres religiosas más de la Comunidad de Hermanas Oblatas Catequistas Siervas de los Pobres, arribó a la capital del Atlántico: la hermana Micheline Towanou, Elizabeth Houngbehinto y Sofie Yacout, han sido compañía importante para mostrar la calidez, la solidaridad, el amor y el servicio dedicado que sólo puede ser efectivo cuando es inspirado en Dios. Estas religiosas, prestan valiosos servicios pastorales a la Arquidiócesis, especialmente a la comunidad de la parroquia Santa María Goretti en el barrio Las Américas, donde residen.

Es la primera vez, en toda la historia de Pastoral Social de Barranquilla, que una mujer dirige la entidad. Por esta razón son muchos los retos que tiene que afrontar, sobre todo porque los programas y proyectos que en este secretariado se adelantan son muy importantes para el desarrollo personal y comunitario de las personas beneficiadas. Sin embargo, la hermana Rosa María los asume con seguridad y muchas ganas. “Yo quiero seguir con lo que nosotros estamos haciendo, poniendo pasos al lado de lo que ha hecho mi antecesor, el padre Pedro Nel Meza, ex director de la Pastoral Social Arquidiocesana, porque con él yo misma he construido el camino que hemos hecho juntos hasta ahora”, afirmó la religiosa destacando que su reto es que todo el personal de la entidad que ella dirige responda al plan de acción propuesto.

Indiscutiblemente los proyectos que realiza Pastoral Social tienen directo impacto sobre el plan pastoral que avanza en la Arquidiócesis de Barranquilla. “Este secretariado es la mano que utiliza la Iglesia para llevar a todo el mundo el espíritu de la solidaridad, para que todas las personas sean conscientes de su dignidad como hijos de Dios, para que contribuyan en la construcción del mundo por medio de la Iglesia Católica. Esto es posible por medio de cuatro caminos y actividades que la pastoral hace: sensibilizar al pueblo de Dios, trabajar en el campo de la emergencia para llegar de manera organizada a quien lo necesite, asistencia ordinaria que hacemos como cristianos y, por último, el desarrollo comunitario, porque como lo decía el Papa Juan Pablo II: ‘no hay caridad que no termine con el desarrollo de un hombre’”, manifestó la religiosa.

Teniendo en cuenta esta realidad, la hermana Rosa María reconoce que es importante seguir trabajando los procesos comunitarios en diferentes sectores rurales y urbanos del Atlántico. Programas de alimentación, desarrollo de proyectos productivos, promoción y prevención de salud y seguridad comunitaria, atención humanitaria en el mejoramiento de vivienda, adecuación de agua potable y acompañamiento a los desplazados, son los aspectos con mayor relevancia en el departamento.

Con una sonrisa amable y acompañada de sus ojos alegres, la hermana Rosa María revela cómo se siente en Barranquilla. Para ella el clima es casi el mismo, la comida parecida a la de Benin y el calor humano de las personas ha hecho que, a pesar de la nostalgia de estar lejos de su tierra natal, se sienta como en casa.

Sus esfuerzos para continuar dando lo mejor al pueblo de Dios seguirán hasta que Él se lo permita. Con ese mismo cariño, amor y dedicación trabajará todos los días, teniendo como modelo de mujer ideal aquella que es protagonista en la transformación de la sociedad. “La mujer debe ser protagonista de lucha para que siga adelante la familia, porque el Señor la ha colocado en medio de la familia para que sea la que guíe el hogar, como la Virgen María lo hizo con Jesús. La mujer siempre luchará por la paz y la solidaridad para que todos –hombres y mujeres-, hijos de Dios, sigamos adelante”, concluyó la hermana Rosa María.

LA EDUCACIÓN COMO RESPUESTA A NUESTRO TIEMPO


Por RUBY ESTELA QUIROZ BUTRÓN *

El hombre en su condición social por naturaleza, que construye y vive en sociedades, ha elaborado permanentemente una serie de conceptos para fortalecer la coherencia de los sistemas que va creando: la organización familiar, la educación, el gobierno... entre otros.

La organización familiar, en sus diferentes manifestaciones geográficas e históricas a través de los tiempos, se constituye en la esencia misma de asociaciones humanas más grandes que van regulando formas de comportamiento que incluyen el establecimiento de condiciones de convivencia y de proyección exclusivos de su asociación como tal, considerando y regulando la confrontación y la violencia frente a otros grupos humanos también establecidos en asociaciones y que se califican como "diferentes". Se desarrolla, entonces, una lógica individualista, excluyente de los otros, considerados como diferentes; lógica que ha generado agrupaciones más grandes como las naciones, los estados y las corporaciones, que han potenciando la exclusión y la diferenciación de otros grupos sociales en pro de la delimitación geográfica, económica, étnica, política, etc.

Desde entonces, las sociedades se han desarrollado con una visión individualista y egocéntrica. Asistimos a una época en la que existe toda clase de exaltaciones al ego, a intereses particulares; estamos frente a la globalización de una cierta forma de cultura que potencia el consumo y la práctica de ciertos comportamientos considerados como ‘representativos’ de una adecuada forma de vida y urge reflexionar acerca de todas aquellas manifestaciones que cada día nos alejan de lo que es común a todos los seres humanos: su trascendencia y su humanidad, su condición de hijos de Dios y su consecuente hermandad.

Cada vez es más importante que la comprensión inicial de los seres humanos como iguales tenga cabida teórica y práctica en las relaciones que los seres humanos establecen desde lo personal, lo social, lo nacional y lo internacional. Hoy en día nos encontramos en un planeta habitado por sociedades humanas que recorren caminos unidimensionales. La lógica de la fuerza se impone en todos lados, en lo estatal, en lo internacional y también en lo individual. El objetivo económico, la rentabilidad, la ganancia y el enriquecimiento, forman parte también de este paradigma. En la era de la globalización, “en donde no existen fronteras”, no ha sido posible globalizar una ética y una moral universal, una verdadera comunicación, una real comprensión del “otro”, “de lo diferente”; no ha sido posible establecer los puntos de encuentro entre personas, grupos humanos, países, ideas.

La alternativa es la reflexión ética de los valores que culturalmente fomentamos en nuestra sociedad, en nuestras escuelas, en el vivir mismo. A través de la historia vemos que en los procesos de decadencia y caída de grandes imperios, precisamente uno de los factores que se encuentra como explicación del por qué de sus crisis y extinciones, es que esas sociedades dejaron de lado el respeto y seguimiento de valores y principios rectores e iniciaron procesos de relajamiento moral y de corrupción.

¡HAY ESPERANZA!

Es el momento para, desde el entorno escolar de niños y jóvenes, cultivar el carácter, los hábitos y actitudes desde lo personal y colectivo, encaminados a vivir en el respeto y direccionamiento de valores que contribuyan al desarrollo de la autonomía moral, al bien común y no a nuestra decadencia como sociedad.

Necesitamos de una educación que, éticamente, nos permita soñar con mejores formas de vida y que en la práctica nos entregue las herramientas que para alcanzarlo precisamos. Necesitamos de un educador que, comprometido con su labor, comprenda a cabalidad el fin para el que es convocado en nuestros tiempos. Más allá de la entrega de conocimientos, un educador que comprenda que la orientación educativa se realiza desde una moral abierta y que esta es posible cuando somos capaces a través de un conjunto de actitudes, hábitos, comportamientos, estilo de vida, generar en nuestros estudiantes la libertad de asumir responsablemente las riendas de su futuro desde decisiones personales y compartidas.

Pero no debemos perder de vista, nosotros educadores, lo que decía san Alberto Hurtado: “Para enseñar es menester saber algo, pero para educar es menester ser algo”. Es, por eso, que es una gran responsabilidad para el educador exigirse para tal fin y cuestionarse constantemente: ¿Qué soy como educador? ¿Soy el que imparte conocimientos o soy el que ayuda a amar el conocimiento? ¿Soy oportunidad de mejora para mis estudiantes o me constituyo en una limitación, una traba para su desarrollo?

La educación se constituye en la fuerza que potencia las motivaciones interiores, despertando aquello que es auténticamente humano. Por esto en nuestra misión como educadores debemos apostar por el amor, la confianza, la educación en valores que se expresa en el lenguaje del corazón, estando al lado de aquellos que por diversas razones no han podido experimentar el amor, para ayudarlos a salir de la incertidumbre, de la desorientación, de la falta de sentido en que se hallan.

La educación para san Juan Bosco es cosa del corazón… “pero no basta con amarlos es necesario que ellos sepan que los amas”. Logramos mejores resultados en el proceso educativo pensando primero en las personas y sus necesidades, amando lo que hacemos, amando la posibilidad de guiar y aportar en la vida de los estudiantes. Esa oportunidad que Dios ha puesto en ti como educador es una oportunidad única e irrepetible que bien vale la pena aprovechar, porque es deber divino orientar y acompañar al que no sabe.

Desde los colegios arquidiocesanos nuestro reto es dar cuenta de todas estas necesidades de nuestra sociedad, de todas las carencias que poseemos a nivel trascendental, moral, ético, afectivo, social, necesidades que como seres humanos participes de los acontecimientos y hechos de nuestro contexto histórico debemos darles solución transformando esto que hemos construido como sociedad y que también estamos en posibilidad de reconstruir siempre pensando en mejores formas de vida orientadas por principios evangelizadores de amor a Dios y al prójimo.

* Rectora Colegio Arquidiocesano Nuestra Señora de Fátima, institución de la Fundación Arquidiocesana de Educación - FUNADE

¿QUÉ ACELERA LA VIDA EN LOS JÓVENES?


Por JUAN ÁVILA ESTRADA, Pbro. *

Todo en la vida tiene su momento. Esto es algo que hemos ido aprendiendo poco a poco desde que empezamos a tener uso de razón; que hay un lugar para cada cosa y cada cosa tiene su lugar. Pero aprender la lección no necesariamente significa que seamos buenos para aplicarla; la omisión de lo aprendido, sin duda, trae dolorosas lecciones que sólo la madurez de la vida nos ayuda a comprender. Sólo cuando alcanzamos cierta edad quisiéramos que el tiempo se devolviera para conocer en nuestra adolescencia lo que ahora la vida nos ha enseñado. Esto es literalmente imposible, ya que es el vivir la vida lo que nos permite saber que “más sabe el diablo por viejo que por diablo.” Precocidad no es sinónimo de inteligencia superior y adelantarse en los procesos normales de formación puede ocasionar grandes estragos en la existencia.

Sin duda, el influjo de los medios de comunicación, la celeridad de la vida y el pretender experimentar fuertes, profundas y efímeras emociones, conducen al hombre a adelantarse en las etapas normales de su desarrollo vital.

Niñas vestidas como “señoritas”, maquilladas como adultas y niños ataviados al estilo de modelos de pasarela no puede ser nunca un buen inicio en la formación de la vida. Querer ser “grandes” para hacer las cosas de los grandes es el sueño de todos los pequeños; esto, porque el manejo inadecuado de la propia vida adulta hace creer a los niños y adolescentes que el ideal de la existencia es hacer lo que los adultos hacemos sin que haya nada ni nadie que ponga obstáculos a nuestra libertad. Cigarrillo es sinónimo de elegancia, cerveza es el premio de los héroes y la droga la puerta a la libertad.

Vista las cosas de esta manera se puede dilucidar qué lleva a los jóvenes a vivir tan aceleradamente la vida hasta el hastío de todo. Esta prisa tiene, necesariamente, que conducir a un sin sentido de la vida, cuando a los 20 años se tiene la experiencia de un hombre de 50 y a los 15 ya nada nuevo hay para explorar en el amplio campo de la existencia. No podemos desconocer que de alguna manera la sociedad, los medios de comunicación y el propio entorno hacen que los jóvenes aceleren todos sus procesos confundiendo, a veces, la cantidad de experiencias con la calidad de las mismas y derrochando todas las energías en cosas que han de llegar en su debido momento. Parece como si la vida se fuera a acabar de manera instantánea y que fuera una necesidad vivir todo de un solo tajo para que no quede nada sin hacer. El joven de hoy no quiere quedarse atrás y si antes era una virtud ser virgen a los 20, hoy es una vergüenza serlo a los 15. De este modo es imperioso mentir para no quedar como un tonto. En todo este ‘maremagnun’ de formas se olvida entonces que cada persona, a su debido momento, tiene derechos y deberes que cumplir y que no se puede intentar hacer hoy lo que es propio de otro momento oportuno. Dejamos de hacer lo que nos corresponde para asumir roles que no son los nuestros.

¿Cómo lograr, entonces, que nuestro proceso de evangelización ayude a niños y jóvenes a saber esperar a que se cumpla el tiempo de todas las cosas?

Creo que ayudaría mucho que ellos entiendan que la vida es una experiencia para compartir y crecer, no para competir. La propuesta de Jesús es vivir de una nueva forma la vida en que no sienta que compite con otros sino que sirve a otros. Esto fue lo que hizo con el joven Juan, con el rico del evangelio y con todos aquellos que se acercaron a él para aprender a crecer como debía hacerse. El evangelio dice que Jesús iba creciendo es gracia y en estatura a los ojos de Dios y de los hombres. Incluso hasta para empezar su ministerio público debió esperar hasta los 30 años para hacer aquello para lo que había sido enviado. No había en él afán de competencia, ni de gloria, ni de gobierno del mundo, ni de muerte; sabía repetir con regularidad: “no ha llegado mi hora”.

Nuestros procesos evangelizadores deben ayudar a crecer, de modo que siendo el evangelio el mismo para todos, permita a cada persona poder tener una experiencia de Jesús propia para cada edad. A veces, ante el temor de sentirnos viejos aceleramos lo que debería llegar en su momento oportuno y no antes. Por ello se cree que sólo si se es bebé de brazos se puede bautizar (a los adultos les da “oso” bautizarse en público); la primera comunión solemos enmarcarla durante los 9-11 años de edad, de ahí en adelante avergüenza entrar a una fila a recibir la comunión por vez primera; pero para el matrimonio, que sí debería esperar un poco a que se den los elementos esenciales para su realización, se piensa que basta cierta madurez biológica para llegar al altar.

En fin, creo que la experiencia nos muestra que todo se ha trastocado, nadie quiere quedar rezagado, todos quieren ir a la delantera como si se tratara de ondear la bandera victoriosa del que más vivencias haya tenido en su corta existencia. El “gustico”, como lo llamó el presidente, ya no es cosa de adultos ni de gente responsable, sino la oportunidad de entretenerse en los momentos de ocio no con la persona que amamos sino con la que sencillamente nos atrae.

Es difícil atajar cuando el mundo empuja, lo importante es saber argumentar para que cada uno sepa que en cuestiones de experiencias no se tiene una regla común, sino que cada uno en su proceso de crecimiento debe conocer cuándo está realmente preparado para algo.

* Párroco de San Carlos Borromeo y Padre Nuestro

EL RINCÓN DE PABLITO


JESUS NOS LLAMA POR NUESTRO NOMBRE

Por Pablito

Tengo un amigo, sí un amigo, es mi amigo Jesús. A Él lo he venido conociendo al leer la Biblia, cuando voy a misa cada domingo, cuando hago oración, cuando me arrepiento de las cosas malas que hago y cuando mis papás me hablan de Él.

Lo más importante que he descubierto es que Jesús me llama y lo hace mencionando mi nombre; esto es importante porque a través de mi nombre me llaman mis padres, mis amiguitos y mis profesores. Si las personas me llaman por mi nombre y siento que se interesan por mí, mucho más Jesús que me ama y ama a todas las personas.

Pero, ¿a qué me llama Jesús? Cuando veo muchos niños que son abandonados por sus padres, me llama para hablar de la responsabilidad; cuando oigo que hay niños que son maltratados, me llama a dar amor como Él nos ama; cuando veo niños tristes, Jesús me llama a darles alegría, y cuando conozco a niños que no lo conocen, Jesús me llama para que les hable de Él. Si Jesús me llama tiene que ser para algo muy bueno. El sacerdote de mi parroquia me dijo que Jesús nos puede llamar a ser un buen papito o una buena mamita cuando seamos grandes; también nos puede llamar a ser sacerdotes o religiosas.

Y, pensándolo bien, los sacerdotes y las religiosas también sirven a muchas personas necesitadas, y como hay tantas personas que sufren, especialmente los niños, voy a preguntar más a mi mamá y a mi papá, a mis profesores, a mis catequistas, a mi párroco y a las religiosas cómo se hace para ser sacerdote o religiosa, y qué debemos hacer para servirle a muchas personas necesitadas. Así, comienzo a pensar desde este momento y cuando sea adolescente y joven, podré escuchar mejor a Dios si me está llamando a ser sacerdote o padre de familia. ¡Ya les contaré!

¡Los niños y niñas del Atlántico queremos descubrir nuestra verdadera vocación!

Retiro de Infancia Misionera
Las Obras Misionales Pontificias de Barranquilla invitan a todos los asesores de Infancia Misionera a un retiro espiritual en la finca Mayito en Galapa, Atlántico. Esta actividad se realizará el domingo 9 de marzo y quienes quieran ir sólo tienen que pagar 6 mil pesos. La salida es a las 7:30 a.m. de la Casa Mariana. Si conoces algún asesor y quiere más información, dile que llame a la hermana Micheline Towanou en el teléfono 3793316 ó al celular 315 6554513.

Guillo, el monaguillo

Liturgia de la Eucaristía

PREFACIO
¡Hola amiguitos! Como les venía contando la vez pasada, la ‘Plegaria Eucarística’ inicia con el Prefacio. Ya aprendieron a decirlo, ¿verdad? El Prefacio, a su vez, inicia con un diálogo del sacerdote con los que hacemos parte de la asamblea, así:
Sacerdote: El Señor esté con ustedes.
Asamblea: Y con tu espíritu.
Sacerdote: Levantemos el corazón.
Asamblea: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Sacerdote: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Asamblea: Es justo y necesario.

Luego, el sacerdote continúa dando gracias y nos invita a cantar alegres a nuestro Dios que es realmente SANTO. Le cantamos como lo hacen los ángeles. Esta es una gran alabanza a nuestro Dios, por ello nadie puede dejar de cantar:“Santo, Santo, Santo es el Señor”.

¡Nos vemos chicos!

miércoles, febrero 27, 2008

NUESTRA PORTADA


SE REUNIERON LOS OBISPOS DE COLOMBIA. Una mirada a la situación del país y a la misión de la mujer en la Iglesia y la sociedad.

MÁS UNIÓN... MÁS SOLIDARIDAD. Quizás el mayor gesto de solidaridad que se ha vivido en Colombia en los últimos años fue la 'Marcha Internacional' del pasado 4 de febrero.

CUARESMA: CONOCERLA PARA VIVIRLA. Difícilmente se logra amar o acoger lo que no se conoce. Por esta sencilla razón presentamos a nuestros lectores un 'glosario cuaresmal' que será de gran ayuda para vivir debidamente este tiempo de Cuaresma.

JÓVENES Y MUJERES, ABANDERADOS DE LA SOLIDARIDAD


En los últimos días hemos sido testigos, y a la vez protagonistas, de acontecimientos trascendentales que marcan hitos en la historia de nuestro país.

Por un lado, y a propósito del valor de la solidaridad que con marcado interés este año profundizaremos en su reflexión y vivencia en nuestra Arquidiócesis, nos encontramos con la unión de muchos –partidos políticos, gremios, medios de comunicación y ciudadanía en general- en torno a las instituciones gubernamentales y, de manera especial, a la democracia que representa el Presidente de la República de Colombia.

En este sentido, de importante relevancia fue la marcha del 4 de febrero en la que Barranquilla y el Atlántico estuvieron a la altura de la convocatoria, demostrando que la alegría propia de las fiestas de carnaval no podían minimizar el sentir de toda una nación que clama por la pronta liberación de los secuestrados. Fue el grito desesperado, pero esperanzador, de un pueblo que se siente cansado y adolorido por tanta violencia, muerte y corrupción, actos que atentan contra la dignidad y la vida humana creada por Dios a su imagen y semejanza. Y aquí, otro punto a destacar: fueron jóvenes los impulsores de esta manifestación pacífica internacional, y fue un joven ingeniero ‘barranquillero’ y ‘católico comprometido’, Óscar Morales, quien hastiado de toda esta ‘cultura de muerte’ sembró en otros contemporáneos la necesidad de protestar pacíficamente en contra de aquellos que desestabilizan el país con sus acciones terroristas. Estos muchachos supieron levantarse y gritar: ¡libertad!, ¡paz!, ¡no más muerte!, ¡no más secuestros!, ¡no más terrorismos!... Y lo mejor, nos motivaron a muchos, de numerosas partes del mundo, a unirnos a esta aventura de paz.

La marcha del 4 de febrero ha demostrado la fuerza que tiene la juventud cuando se propone defender todo aquello que atenta contra la humanidad. Los jóvenes desean una cultura de la vida, una cultura donde ellos tengan espacios para opinar y trabajar con principios y valores, es decir, con una nueva ética que, inspirada en el Evangelio, pueda transformar esta sociedad anestesiada por los adultos y viciada por la corrupción, en una sociedad con nuevas alternativas que permitan al hombre de hoy desarrollar su creatividad en un marco de justicia y solidaridad.

LA MUJER EN LA IGLESIA Y LA SOCIEDAD COLOMBIANA

La última semana del mes de enero, en Bogotá, tuvo lugar la primera asamblea ordinaria del año del episcopado colombiano, donde el tema de reflexión durante los tres primeros días de la reunión de obispos fue ‘la mujer’, como actor principal del desarrollo de la Iglesia y la sociedad colombiana.

Pero no fue una reflexión de obispos a puerta cerrada. Cada uno de ellos se hizo presente en el ‘histórico encuentro’ con una mujer destacada en alguno de los procesos de evangelización de su jurisdicción. Por nuestra Arquidiócesis participó la comunicadora María Patricia Dávila, por su encomiable gestión al frente de la Catedratón.

En medio de un diálogo fraterno más de cien mujeres, junto a un número similar de obispos, contaron sus enriquecedoras experiencias y plantearon, desde distintas ópticas, la problemática y la urgencia de una evangelización sistemática y programada de acuerdo al sentir del documento de la Conferencia de Aparecida. Así mismo, se debatió sobre el papel que ha ocupado la mujer en la Iglesia católica, que no cabe la menor duda ha sido fundamental en la labor misionera de la Iglesia en Colombia y América latina.

Nos corresponde, pues, desde este rincón del Caribe, seguir trabajando por una espiritualidad de comunión y participación en la que cada día estén más presentes la juventud y la mujer, como primeros abanderados de la evangelización en la familia.

CUARESMA: CONOCERLA PARA VIVIRLA MEJOR


Sin lugar a dudas, la Cuaresma es una época para repensar nuestros actos como verdaderos cristianos y tratar, después de un detallado análisis, de vivir según el mandato divino para la verdadera salvación. Por ésta y otras razones, no menos importantes, debemos conocer a fondo el significado de este tiempo y de todos los signos que se practican durante estos cuarenta días. Entonces, vivamos la Cuaresma con esperanza de vida y conocimiento de la fe que profesamos.

ABSTINENCIA. Consiste en no comer carne roja o cualquier alimento de especial agrado que produzca placer a la persona. Esta norma es válida para los mayores de catorce años de edad. Son días de ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, aunque también se practican todos los viernes de Cuaresma. La abstinencia y el ayuno, acompañados de la oración, ayudan a una reflexión profunda sobre todo lo que tenemos y que a otros les falta. Estos tres elementos fortalecen en el cristiano su espíritu de solidaridad.

AYUNO. Es una forma de penitencia que consiste en privarse total o parcialmente de alimentos durante cierto tiempo. Es la privación voluntaria de algo como ofrenda, como expresión de conversión. Desde el punto de vista litúrgico, hay que distinguir dos clases de ayuno: el penitencial y el cuasisacramental. El primero tiene como finalidad la enmienda por los pecados cometidos; en la actualidad sólo se practica el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y consiste en hacer sólo una comida fuerte al día. El ayuno cuasisacramental es el que se practica más como preparación y paso a la celebración de un sacramento o de una fiesta litúrgica importante, que como expresión de penitencia.
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