martes, marzo 25, 2008

NUESTRA PORTADA


OTRA OPORTUNIDAD...

El Domingo de Ramos nos anuncia otra Semana Santa... pero ésta dispongámonos a vivirla desde el valor de la solidaridad, y al reflexionar sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, comprometámonos a seguir construyendo, con Cristo vivo, un mundo mejor.

¡DEMOS EL SALTO!


¡Aleluya! ¡Cristo Resucitó! Es el grito de júbilo de todos los cristianos en el mundo, es un grito que despierta en el hombre de hoy la esperanza que todo puede cambiar para bien de la humanidad; es la esperanza que nos abriga a quienes vivimos en el Espíritu de Cristo.

“Si vivimos en el Espíritu de Cristo, dice el apóstol san Pablo a los Romanos, entonces resucitaremos con Él”. Es una resurrección de la vida y para la vida. Así, resucitar en el contexto de esta Pascua, significa ‘dar el salto’ de lo viejo a lo nuevo, de la muerte a la vida; es dejar atrás toda situación de pecado, es decir, de injusticia, de rencor, de violencia, de pansexualismo, de avaricia, de falta de tolerancia, de odio sin sentido; todos estos son signos de una cultura de muerte que deben ser crucificados en el madero de la cruz para ser redimidos con Cristo Resucitado.

Se hace urgente cambiar nuestra sociedad, cada día más fragmentada y dividida, que lo único que causa son tristezas y penas en el corazón de la humanidad, por una sociedad donde se viva la libertad de los hijos de Dios.

La Pascua es precisamente ese salto del hombre pasivo al hombre que actúa desde la fe y la razón, un hombre que busca desde su pensamiento y su actuar una sociedad más justa y equitativa en dar a cada cual lo que le corresponde. Necesitamos personas que comiencen a ver la vida desde una óptica optimista, desde la luz del Resucitado, para que lleguemos a ser hombres libres que caminemos desde los principios de la verdad y el amor.

Hermano, hermana, comience usted a cambiar su metro cuadrado, es decir, su entorno; haga que en su metro cuadrado se piense y actúe desde el amor de Dios.

CANTOS PARA EL SAGRADO TRIDUO PASCUAL


Por ANGELA MARÍN NIEBLES *

El Sagrado Triduo Pascual es el momento litúrgico más intenso de todo el año. En éste celebramos la entrega de Jesús a la muerte, por amor a todos nosotros, y el poder glorioso de su resurrección con la cual vence el pecado. El Triduo Pascual es un gran día que comienza con la celebración de la Cena del Señor (Jueves Santo en la tarde), continúa con la conmemoración de la Pasión y Muerte (Viernes Santo) y finaliza con la Vigilia Pascual (Domingo de Resurrección). Las recomendaciones para el canto y la música son las siguientes:

Misa vespertina del Jueves Santo

En ésta se celebran tres acontecimientos: la Institución de la Eucaristía, la Institución del Sacerdocio y el Mandamiento del Amor? éste último se revela en el rito del ‘lavatorio de los pies’. Después de la comunión se realiza el traslado solemne del Santísimo Sacramento al lugar de la reserva, invitando a todos los fieles a dedicar un tiempo de adoración a Jesús Sacramentado. No hay bendición final porque el gran día no ha terminado, finaliza el domingo con la resurrección.

Recomendamos programar una música festiva y llena de alegría; música que exprese el amor al cual estamos llamados todos los cristianos. Las melodías deben motivar a la vivencia de la fe y a la gozosa celebración de la Cena del Señor. El texto de los cantos procesionales (entrada, presentación de dones, comunión) debe presentar las ideas claves de los tres acontecimientos celebrados este día. Se recomienda musicalizar el salmo y la respuesta de la oración de los fieles. Los cantos sugeridos son los siguientes:

* Entrada: Pueblo de reyes, Reunidos en el nombre del Señor, Juntos cantando la alegría, Hemos venido, Subamos (Alegres en hermandad).
* Canto a la Palabra: Tu palabra me da vida, Tu palabra Señor da la vida.
* Lavatorio de los pies: Ha llegado la hora, Amaos (Como el Padre me amó)
* Presentación de dones: Amémonos de corazón, Bendigamos al Señor, Como le pagaré al Señor, Un mandamiento nuevo, Este pan y vino.
* Comunión: Comiendo del mismo pan, Donde hay caridad y amor, Pan transformado, Doce hombres, Pescador de hombres, Gracias Dios.
* Traslado del Santísimo Sacramento: Cantemos al amor de los amores.
* Hora Santa: Pangue lingua (Al Divino Sacramento), Alabado sea el Santísimo.

Viernes Santo

La celebración de este día se centra en la pasión y en la señal de la muerte gloriosa: la Cruz. No es un día de luto, sino de amorosa contemplación de la muerte victoriosa del Señor. La estructura de la celebración es muy simple y expresiva: la Liturgia de la Palabra, la Adoración de la Cruz y la Comunión. No hay rito inicial porque seguimos en el mismo día celebrando el Triduo Pascual; por lo anterior, no hay canto de entrada. El silencio premia durante toda la celebración.

El tono que se propone para este día es sobrio y meditativo, con melodías sencillas, tranquilas y que inviten a profundizar en el amor salvador de nuestro Dios. La música debe expresar el dolor por la pasión y la muerte del Señor. El texto debe resaltar el sacrificio ofrecido por Jesucristo. Debe presentar, además, un mensaje de esperanza en Dios, desde el cual se comprenda este doloroso acontecimiento que ha traído la redención de la humanidad. Los cantos sugeridos son los siguientes:

* Canto a la Palabra: En Dios pongo mi esperanza.
* Adoración de la Santa Cruz: ¡Victoria!, Tú reinaras, Perdona a tu pueblo, Venid, ¡oh! Cristianos, Por Tu agonía en el huerto.
* Comunión: No podemos caminar, Donde hay caridad y amor, Comiendo del mismo pan, Tu Sangre inocente.

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Vigilia Pascual
El tono de este día es supremamente festivo, pleno de dicha y alegría. La música debe expresar todo el gozo por la resurrección del Señor, quien ha vencido la muerte y ha otorgado la salvación a todos los hombres. El texto de los cantos debe resaltar el triunfo del Señor frente a la muerte.

Se sugiere la proclamación cantada del “Pregón Pascual” con los cirios encendidos. No se debe cambiar los Salmos que están cuidadosamente seleccionados; se invita, en lo posible, a cantar las respuestas y a proclamar las estrofas. El canto del Gloria y del Aleluya son muy importantes esta noche y todo el resto del tiempo Pascual. Los cantos sugeridos son los siguientes:

* Procesión del cirio pascual: No hay canto.
* Liturgia de la Palabra: Salmos y la antífona evangélica “Aleluya, aleluya, aleluya” que en esta ocasión es todo un salmo.
* Liturgia bautismal: Si hay bautizo o si se bendice la fuente bautismal se cantan las Letanías de los Santos? durante la aspersión del agua bendita se sugiere: Un solo Señor; Bautízame, Señor.
* Presentación de dones: Aleluya (6), el Señor resucitó; Cantad, gozad? Vive Jesús.
* Comunión: Resucitó, Cuando la aurora nacía, Que mañana de luz, El Señor resucitó, Cantad hermanos.
* Canto de suplementario de despedida: Hoy el Señor resucitó.

Misa del día:
* Entrada: Vamos cantando al Señor, Alegre la mañana, Iglesia peregrina.
* Presentación de dones: Por los niños que empiezan la vida, De manos extendidas.
* Comunión: ¿Qué has visto María muy temprano en la mañana?, Aleluya al Señor, La fiesta del Señor.
* Canto suplementario de despedida: Este es el día.

Nuevamente les invitamos a escribirnos para solicitar música y letra:
comisionarquidiocesanadeliturgia@yahoo.com

* Directora Coro Arquidiocesano y miembro de la Comisión Arquidiocesana de Liturgia - anjemani@yahoo.com

¿FUE JESÚS UN IMPOSTOR?


Autor: www.clerus.org
(Tomado de Catholic.net)

El juicio de la historia es plenamente positivo para Jesús. En primer lugar es la única figura histórica que ha hecho que ésta se centre en Él, ya que la historia se divide en A.C. o D.C. En segundo lugar, es su doctrina la que ha influenciado definitivamente en la conciencia humana a través de los siglos, por defenderla han sido infinidad de mártires, por su amor millones han dejado todo.

Dejando aparte la historia, podemos analizar la personalidad de Cristo como nos la describen los evangelios. Es impostor el que busca su propio interés, el que engaña al prójimo para alcanzar un fin. Jesús, por el contrario, jamás utilizó su prestigio para obtener ventajas de ninguna clase, su comportamiento siempre fue sincero y leal.

La santidad de Jesús es un hecho único en la historia; sólo Él pudo decir: "¿Quién de vosotros me acusará de pecado con razón?" (Jn. 8,46) . Tampoco Jesús es un iluso, lo prueban su perfecto equilibrio mental y su constitución física, de naturaleza atlética. Jamás sufrió enfermedad alguna, ni crisis nerviosa. Durante su vida pública y su Pasión demostró su fortaleza física, nunca perdió el equilibrio ni la serenidad y siempre fue dueño de sus sentidos.

Jesús siempre fue consciente de tener un fin en la vida, del deber de realizar la misión encomendada por el Padre: salvar al mundo mediante su pasión y muerte. Jesús no lo olvida ni un momento. Varias veces el Evangelio nos narra tentativos para hacerle desistir de su empresa, y cada vez Jesús supera el obstáculo con una afirmación férrea de su voluntad. El último asalto lo recibió Jesús de su misma naturaleza durante el episodio de Getsemaní: "...y comenzó a sentir terror y abatimiento" (Mc. 14,33). Pasado el momento de decaimiento recobra plenamente el dominio de sí. Si en la vida de Jesús no hubiese existido este episodio, quizá hubiésemos creído que era un insensible. Sus sentimientos ante la muerte revelan, por el contrario, la inmensa carga emotiva de su naturaleza humana.

Jesús une al heroísmo de la voluntad, una extraordinaria lucidez de ideas; siempre ve lo esencial, lo importante. Ante todo su inteligencia va unida a un perfecto equilibrio que demuestra tener especialmente en los momentos de prueba y de triunfo, y en su compasión ante las miserias ajenas.

A través de la Pasión, Jesús demuestra su dignidad y su entereza; desde el momento de su prendimiento hasta el último suspiro, ni una palabra, ni un gesto revela en Él debilidad ni decaimiento. Si se compara a Jesús con otras grandes figuras históricas podemos ver que sobrepasa a todas. A Buda le falta la fuerza de voluntad, a Laocoonte le falta finalidad a su sufrimiento, Sócrates carece por completo de confianza en Dios y de una actitud comprensiva hacia sus enemigos.

Tenemos que concluir diciendo que un impostor o un iluso no actúa como Jesús, y que debe ser lo que Él afirma. Sólo Dios nos puede dar pruebas más fuertes.

PARROQUIAS: AYER Y HOY DE LA FE


UNIDAD PASTORAL SAN RAFAEL ARCÁNGEL
URBANIZACIÓN NORMANDÍA (SOLEDAD)

LA EXPANSIÓN DEL PUEBLO DE DIOS

Por JULIO GIRALDO *

El crecimiento de Barranquilla y su área metropolitana se extiende por todos los puntos cardinales y, a la par de ese crecimiento, la Iglesia Católica sigue creando nuevas parroquias en barrios y urbanizaciones sin importar el lugar o estrato social a que pertenezcan.

Hoy presentamos a nuestros lectores la historia de una naciente parroquia creada por decreto de Monseñor Rubén Salazar Gómez el 24 de enero del presente año, pero con una historia que se remonta 20 años atrás cuando los primeros habitantes de Villa Soledad, llegados de distintas regiones del país y llevados por su necesidad, invadieron el lugar ya que, aparentemente, esos extensos terrenos enmontados, abandonados de la mano del hombre, llenos de arroyos, caños, y toda clase de animales, no tenían dueño; allí cada familia fue clavando estacones y con plásticos y cartón se cubrían del sol y de la lluvia. Fueron tiempos muy difíciles, la energía eléctrica la traían con cualquier alambre desde sitios muy distantes, igual ocurría con el agua que tomaban de un tubo madre que suministraba el servicio para Galapa. Estos habitantes, con la ayuda de un experto en perforación de tubos, conectaron un grifo y construyeron un poso en donde la gente hacia fila para recoger el precioso liquido; cada día, más y más invasores llegaban y las necesidades iban creciendo, pero también se notaba “un aparente progreso,” ya que muchas familias pudieron cambiar el cartón y plástico de sus tugurios, por ladrillo, madera y eternit, gracias a los ‘politiqueros’ de turno quienes entregaban estos materiales a cambio de votos; pero lo más admirable de todo es que, faltando un puesto de salud, puesto de policía, sin tener agua, ni luz ni teléfonos, mucho menos vías de penetración, a ellos esto parece no importarles, pues lo que más les preocupaba era la falta de una capilla y un sacerdote que en medio de su pobreza los acompañe. Ésta motivación se atribuye al trabajo pastoral realizado en el sector por un grupo de religiosas y laicos que con mucha frecuencia visitaban la urbanización y hasta natilla, hayacas y regalos les llevaban cada diciembre.

Transcurridos 10 años -estamos hablando del año 1994-, el padre Víctor Tamayo estaba como párroco de la iglesia del Divino Niño, y desde allí el que nació y se ordenó para servir a sus semejantes llega a Villa Soledad, escucha la voz de la comunidad y de inmediato entra en contacto con el que dice ser dueño de un pequeño terreno, lo compra y comienza a enviar los materiales que el lograba conseguir tocando puertas todos los días; la casita se construyó y llegan los misioneros redentoristas encabezados por el padre Pablo Patiño; estos misioneros se encargan de seguir abriendo el sendero, van casa por casa anunciando el evangelio y mostrando caminos para la redención espiritual y material de la nueva comunidad.

En el año 2000, la Arquidiócesis de Barranquilla tiene una transformación total y esta pequeña comunidad con su capillita pasó a ser célula pastoral de la parroquia de San Marcos Evangelista y llegó como párroco el padre Dimas Fernández, quien continuó con el trabajo pastoral que ya habían iniciado los redentoristas, encontró una comunidad muy bien formada y motivada, dispuesta y firme para sacar adelante el proyecto de construir una iglesia con la que se puedan sentir como una verdadera comunidad eclesial. No es fácil, no hay terreno, es un barrio económicamente muy pobre, allí nadie es adinerado, viven de sus empleos o del rebusque diario, pero el padre Dimas sigue animándolos y deja la comunidad ya más estructurada y hace las primeras gestiones de un terreno para la iglesia. El lote más apropiado y disponible que encontró era un botadero de basuras y con muchos problemas de propiedad, razón por la cual Monseñor Víctor Tamayo buscó por aire, mar y tierra al verdadero dueño hasta que lo encontró; era el señor Eliécer Srreyner, con quien conversó y, finalmente, el terreno fue donado para la iglesia. Luego llegó el padre Julio César Ruiz, quien también hace su aporte espiritual, dirige, anima y consolida los grupos apostólicos que hoy ya están formados y trabajando al ritmo de la misión arquidiocesana.

LA PARROQUIA HOY

Al llegar a la Urbanización Normandía se palpa un gran progreso, sus habitantes han venido lentamente mejorando sus viviendas, y ya es otro el ambiente que se vive; en el campo espiritual, estas gentes le dan a uno una gran lección, pues una parroquia no es solamente una iglesia material, sino una feligresía bien estructurada, motivada y sedienta de Dios. Esto fue lo que percibimos en la unidad pastoral San Rafael Arcángel; no existe templo material, púes es apenas una muy pequeña capillita, no hay despacho parroquial, tampoco casa para vivienda del sacerdote, pero si un grupo numeroso de hombres y mujeres que hacen parte de todas las estructuras de la misión arquidiocesana, existe también la Legión de María, grupos de oración y todas las congregaciones propias de una parroquia; con orgullo visten camisetas blancas con el logotipo de su parroquia.

Allí, en un amplio terreno en donde con la ayuda de la familia Abuchaibe construyen su templo, a pleno sol esperan al reportero del Kairós para contarle sus luchas, angustias y satisfacciones. Al frente de tan especial comunidad, se encuentra el joven seminarista Jesús Eduardo Pérez, quien ya realizó sus estudios de filosofía y comenzó teología en Ocaña, pero por su gran espíritu misionero decidió hace dos años hacer su experiencia pastoral en está comunidad a la cual pertenece. Su trabajo es calificado por la comunidad como extraordinario, él es el cerebro y guía de la construcción del templo que ya cuenta con todas sus columnas de concreto en pie y listas y para recibir la estructura de hierro que soportará el techo. En la parte espiritual, Jesús Eduardo organizó la primera fiesta patronal, hizo conocer las virtudes del santo patrono y continuamente se encuentra animando la fe de la comunidad; es tan grande la vocación sacerdotal y misionera de este joven, que acaba de aplazar su reingreso al seminario hasta no terminar la construcción de la iglesia para su barrio.

Hasta hace pocos días el padre Arturo Rey celebraba las eucaristías, administraba los sacramentos y ayudaba mucho a toda la comunidad; con fecha reciente, el señor Arzobispo nombró como párroco en propiedad al padre Dimas Fernández quien llega con mucho amor y entusiasmo a ponerse al frente de su nuevo rebaño, teniendo en cuenta que Dios le ha concedido el privilegio de poder continuar y concluir la obra que él empezara años atrás, cuando era párroco de San Marcos Evangelista. La feligresía de la naciente parroquia se encuentra feliz y le da gracias a Dios por tantas bendiciones para la comunidad; por fin tendrán la celebración de la Semana Santa completa con párroco en propiedad y, muy pronto, estarán inaugurando y bendiciendo su templo que es fruto de la generosidad de la familia Abuchaibe, y del trabajo y sacrificio de cada uno de sus habitantes que desde su pobreza dieron todo lo que tenían para Dios.

* julioetica@yahoo.com

NO BASTA SABER QUE JESÚS RESUCITÓ


Por JUAN AVILA ESTRADA, Pbro. *

¡¡HA RESUCITADO EL SEÑOR!! Cuánto necesita el mundo conocer esta gran verdad. No sólo porque ella ha sostenido la fe de la Iglesia durante 20 siglos, sino porque los oídos de los hombres requieren saber que la esperanza no ha muerto y que aquello que creíamos irremediable, la muerte, tiene solución en Jesús.

Desde que volvimos a cantar el Aleluya en la liturgia cristiana, el énfasis de nuestras celebraciones ha estado en este punto central de nuestra fe: si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra esperanza. Pero, no es sólo eso… no es únicamente el poder entonar el Gloria ni cantar la aclamación del Aleluya; es mucho más que eso, es saber que la resurrección de Jesús es la posibilidad de hacer propia su vida en la mía.

Mirémoslo de esta manera: desde niños nos han enseñado que Jesús murió y resucitó por nosotros. Eso lo creemos. Pero no es suficiente creerlo porque corremos el riesgo que se convierta en una idea más aprendida de memoria que en nada afecta nuestra vida personal. Hoy no basta SABER que Jesús resucitó como acontecimiento de la historia pasada, hoy es importante permitir que esta vida suya se actualice de tal manera en la mía que haga siempre de nosotros (de cada uno) personas completamente renovadas. Eso que tanto deseamos y que a veces nos piden quienes nos aman: “cambiar, cambiar, cambiar”, es viable solamente cuando el Jesús de ayer se hace HOY para transformarme. Ese que colgó de la cruz también descendió de ella, pero no por la instigación de los fariseos para demostrarles que era realmente el Hijo de Dios, sino por el poder del Padre que permitió llevarlo hasta la experiencia de la muerte para demostrarnos que aquello que más tememos ha sido vencido de manera definitiva con la exaltación y la glorificación del Hijo del hombre.

Las vendas, signo de ataduras; el lienzo, símbolo del enmascaramiento caen para siempre. Todo queda enrollado en la tumba para dar paso al nuevo hombre, al nuevo hijo de Dios. Es imposible que a partir del conocimiento y de la experiencia de la resurrección de Jesús, permanezcamos impávidos como si no tuviera que ver con nosotros; ahora es realmente cuando empieza a hacer historia con el hombre, no para construírsela sino para permanecer a su lado como testigo de lo que cada uno es y hace y la manera como vamos escribiendo las líneas de la propia vida.

Si Jesús resucitó fue para que Dios no tuviera que hacer las cosas por nosotros, para no tener que manejar al hombre como un títere ni tomar determinaciones por él como si hubiera creado idiotas en vez de seres racionales y libres. Si Jesús resucitó fue para dimensionar el valor de lo que poseemos y captemos que vivir no es respirar ni morir dejar de hacerlo, sino que la vida como don está dada también para donarla y hacerla prosperar en la oblación. Es que no es posible vivir ni morir para sí mismo, sino hacerlo todo por Él con Él y en Él como decimos en la doxología eucarística. Cristo resucita para que quienes creemos en su Palabra sepamos auto determinarnos y seamos aurigas de nuestro carruaje.

Parodiando a Agustín de Hipona, podemos afirmar que “aquello que somos sin ayuda nuestra no podemos llevarlo a plenitud sin la libertad nuestra”. ¿De qué otra manera entonces podríamos entender la vida nueva en Jesús resucitado? ¿Acaso no más como la opción de poder hacer con nosotros lo que queramos sin tener que responder por ello o más bien como el resultado final de haber vivido tan plenamente (que no significa exitosamente) la vida, que la resurrección propia no sea el premio al mérito sino consecuencia lógica de haber llegado a ser lo que se tenía que ser?

Déjeme decírselo de esta manera: Dios siempre ha soñado con el hombre hecho a semejanza de su Hijo Jesucristo. Esto no quiere decir parecernos a Jesús (fracasa quien lo intenta pues Jesús es uno solo y nadie como él ni como tú o como yo), sino llegar a ser tan plena y perfectamente nosotros mismos que lleguemos a ser únicos e irrepetibles como él lo es. Llega a ser como Cristo el que aprende a ser original como Cristo. Eso es lo que produce la vida nueva. Resucitar no es levantarse nuevamente de la tumba como lo hizo Lázaro o el hijo de la viuda de Naím o la hija de Jairo; no es tampoco estar ante la presencia de Dios como espíritus alados como si fuéramos ángeles. No es volar en el aire sin identidad perdiéndonos a nosotros mismos.

Resurrección, vida nueva, es plenitud de vida según el modelo primigenio que Dios tenía en su mente y en su corazón desde el día que soñó despierto con nosotros y ya conocía hasta nuestro nombre por raro e inventado que fuera. Resurrección es más que volver a la vida, más bien lo llamaría un “volver a vivir” después de haber gustado y saboreado y desarrollado esta preciosa vida terrena que Dios nos ha dado para compartir y amar. Resucitar es ser lo que se debe ser desde el plan de Dios no por el resultado de nuestras obras, sino por toda la dedicación y la convicción de haber hecho lo que se tenía que hacer y haber agotado todos los medios e invertido los talentos para llegar al resultado final que sólo Dios puede esperar. Por esto y más, es difícil captar con el entendimiento qué fue exactamente lo que “vieron” los discípulos de Jesús cuando él se les apareció en repetidas ocasiones. Si lo “vieron” ¿por qué no lo vieron los demás? Cómo hubieran quedado boqui abierto los sumos sacerdotes o Poncio Pilato o los soldados que lo azotaron y se burlaron de él. Pero no. No era ni remotamente posible para estos hombres “ver” a Jesús resucitado. Es que para contemplar la resurrección se requiere que el vidente haya tenido una experiencia de transformación interior tan profunda que sea capaz de cerrar los ojos para captar con el corazón.

Lo que aquellos humildes hombres pudieron ver no fue un cadáver que había vuelto de entre los muertos (una experiencia de esta manera debe ser realmente aterradora); sino un ser tan humanamente perfecto que se hacía deseable poder vivir lo que él estaba viviendo. Jesús resucitado es el espejo donde podemos mirarnos para encontrar en él lo que anhela nuestro corazón. La búsqueda de la satisfacción de todos los deseos naturales y sobrenaturales se condensan en este maravilloso hombre que al “levantarse” de la tumba devolvió la esperanza al mundo y lo hace saltar de un gozo indecible cambiando su luto en danza y sus lágrimas de tristeza en llanto de alegría.

* Párroco de San Carlos Borromeo y Padre Nuestro

FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA


Por Fray GILBERTO HERNÁNDEZ GARCÍA, OFM *

El documento de Aparecida, al hablar sobre la dignidad y participación de las mujeres, señala que ellas son corresponsables “junto con el hombre, por el presente y el futuro de nuestra sociedad humana”. Sin embargo, los obispos latinoamericanos lamentan que innumerables mujeres de toda condición no sean valoradas en su dignidad: muchas “son sometidas a diversas formas de exclusión y de violencia en todas sus formas y en todas las etapas de sus vidas. Entre ellas, las mujeres pobres, indígenas y afroamericanas han sufrido una doble marginación”. Por eso, afirman, es necesario “superar una mentalidad machista que ignora la novedad del cristianismo, donde se reconoce y proclama la igual dignidad y responsabilidad de la mujer respecto al hombre”.

Salta a la vista, pues, que muchas mujeres se encuentran en una franca desventaja frente a su contraparte. Y esto se hace más evidente cuando traemos a colación números que nos hablan de esa doble marginación a la que aluden los obispos en Aparecida. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) la mayoría de los 1.800 millones de personas que viven con 1 dólar o menos al día son mujeres: se habla que representan cerca del 70% de ese universo.

A este fenómeno se le ha dado por llamar "feminización de la pobreza" e implica, además de la connotación económica, el crecimiento de la proporción de mujeres entre la población pobre: así se habla de un proceso, “no simplemente un estado de cosas en una coyuntura histórica particular”, con una tendencia a que la representación desproporcionada de las mujeres entre los pobres aumente progresivamente. Otro hecho relevante es el sesgo de género de las causas de la pobreza: mujeres y hombres tienen roles y posiciones diferentes en la sociedad, y se constata una incidencia distinta de la pobreza en ambos, como un resultado inevitable de este hecho; aparejado a lo anterior se evidencia una mayor exposición de las mujeres a la pobreza, debido a los enormes niveles de inseguridad, precariedad y vulnerabilidad que sufren por su posición subordinada a los hombres en el sistema de relaciones de género.

Sabemos que el término “pobreza” tiene dificultades para precisarlo; generalmente suele ser vista en términos monetarios, es decir, atendiendo a los ingresos de la gente y sus posibilidades de consumo en el mercado. Sin embargo, la pobreza, es un tópico multidimensional que va más allá de esa visión simplista y reduccionista: tiene que ver con el acceso a bienes y servicios necesarios para la satisfacción de las necesidades humanas, que también incluye recursos culturales, autoestima, disponibilidad de tiempo, de espacio, de ocio, de libertad, de derechos políticos, entre un continuado etcétera.

El citado informe de la PNUD señala que muchas mujeres que viven en la pobreza en todo el mundo, “a menudo se ven privadas del acceso a recursos de importancia crítica, como los préstamos, la tierra y la herencia. No se recompensa ni se reconoce su trabajo y sus necesidades en materia de atención de la salud y nutrición no son prioritarias, carecen de acceso adecuado a la educación y a los servicios de apoyo, y su participación en la adopción de decisiones en el hogar y en la comunidad es mínima. Atrapada en el ciclo de la pobreza, la mujer carece de acceso a los recursos y los servicios para cambiar su situación”.

La feminización de la pobreza —contrario a lo que muchos piensan— no es sólo resultado del creciente número de hogares “monomarentales” o sea, los sostenidos por mujeres solas; tampoco es sólo cuestión de acceso al empleo: es un fenómeno con mayor profundidad que amerita ser atendido con sumo cuidado por todos los más diversos actores y sectores de la vida pública. De ahí que la superación de esta situación no pueda darse con la simple inserción de las mujeres en el mercado laboral, sino a partir de un cambio profundo de las estructuras básicas de funcionamiento del actual sistema socioeconómico y cultural basado en arraigadas relaciones de poder patriarcales.

* alvinxxi@yahoo.com.mx

YUSTI SÁNCHEZ: "DESPUÉS DEL CÁNCER, LA VIDA ES MEJOR"


Aunque son muchos los buenos resultados que ha logrado con su voz al cantar para dar ánimo a otras personas y decirles, desde su experiencia misma, que la vida no acaba en una enfermedad, para Yusti Tamasco de Sánchez las cosas no han sido tan fáciles.

Su esposo, sus tres hijos y una nieta son los que componen el hogar de esta mujer luchadora. Todos ellos han vivido con el mismo sentimiento el proceso de salud de Yusti, apoyándola y consiguiendo que ahora la vida tenga un nuevo significado tanto para ella como para cada integrante de la familia.

Cuando Yusti se enteró que padecía de cáncer de seno no llegó a imaginar que Dios la iba a poner, en estos momentos de su vida, en las circunstancias en las que se encuentra. Una experiencia que le sirvió para acercarse más al Todopoderoso y servir por medio de la música al llevar un mensaje de fe, amor y vida.

Yusti es una mujer llena de mucha espiritualidad y ganas al servicio evangelizador. Desde su parroquia, la Unidad Pastoral Tres Ave Marías, participa en el ECAP y constantemente está invitando a todos sus vecinos para que realicen juntos las ‘asambleas familiares’.

Su motivación para hacer todas estas actividades en pro de los demás nació cuando todavía estaba enferma. “En esos momentos me quedaba todos los remedios casi sin usarlos, porque un día me mandaban una inyección, otro día me mandaban una pastilla y al día siguiente no me servía. Cada una era para los síntomas que se me presentaban, pero a diario me iban quedando muchas medicinas y fue por eso que pensé en lo bueno que sería tener un lugar o una casa donde se pudieran guardar y compartir con aquellos que no tienen o que no pueden comprarlas porque son muy costosas. Creo, entonces, que por ese lado fue que el Señor me tocó al pensar en los demás”, dijo sonriente.

En la Fundación Verónica Restrepo Muvdi esta católica dedicada asiste a los pacientes enfermos de cáncer y, sobre todo, a aquellas mujeres que viven esta dura enfermedad; Yusti les canta en ritmos conocidos letras que alegran sus corazones y que hacen que se olviden de la timidez y la tristeza que trae consigo el cáncer.

“Cuando conocí a Janrrieth Muvdi, directora la Fundación, yo tenía varias pañoletas, pelucas y sombreros, yo no sabía a quién darle todo. Nos unimos las dos e hicimos liga para empezar toda esta labor de llegar a las personas de los barrios del sur de la ciudad que no tienen recursos para comprar las medicinas y nosotras se las hacemos llegar”, destacó Yusti.

El que con su voz Yusti llegue a tocar los sentimientos más íntimos de los enfermos hasta el punto de cambiarles el ánimo es una ayuda muy particular. Algunos de los pacientes se muestran cohibidos por la enfermedad que sufren, pero a medida que van escuchando las reconfortantes letras musicales –otras veces un poco chistosas- se dejan atrapar por la familiaridad y la felicidad que transpira la cantante. “Cuando a uno le diagnostican una enfermedad como el cáncer, uno piensa que todo terminó; entonces las canciones motivan mucho a las personas que sufren. El Señor nos usa como instrumento, a mi me alegra mucho cuando veo alguna persona que está triste pero luego de que me escucha se ríe a carcajadas conmigo”, señaló Yusti dejando ver que sí es posible estar feliz en medio de una enfermedad y con la gracia del amor de Dios.

Los logros de esta cantante católica no fueron obtenidos sin ninguna ayuda. Su esposo, sus hijos, sus vecinos y todos sus amigos han apoyado esta causa; en la Fundación Verónica Restrepo Muvdi tiene muchas amigas que también han pasado por momentos difíciles con su salud. Ellas visitan con Yusti a las personas que siguen luchando contra el cáncer. Sin embargo, hay momentos duros según Yusti: “Cuando un amigo se va. Pero Dios nos da fuerzas para estar con ellos hasta el final. El Señor nos da la oportunidad de estar ahí, para apretarles las manos y decirle que siempre ocuparán un lugar importante en nuestro corazón”.

En la actualidad, Yusti promociona su disco ‘Volver a Vivir’ en el que se destacan canciones como: Ama a tu hermano, Instrumento de fe, Seguir riéndonos, Todo es posible en Él y Cuando llegues al cielo. Todas estas experiencias le han servido para decir con toda tranquilidad, seguridad, apego y mucho amor que después del cáncer, y con la ayuda de Dios, la vida es mejor.

TERCIARIAS CAPUCHINAS: CUMPLIENDO SU MISIÓN DE RELIGIOSAS EDUCADORAS


Por Hna. LÍA INÉS LOPERA M. *

El mundo se está hundiendo en el caos de la deshonestidad y de la violencia, el crimen organizado nos envuelve a lo ancho y largo de la patria y tenemos que aprender cómo dar una respuesta a la luz del Evangelio, cómo propiciar un cambio en nuestra sociedad desde la labor educativa que desempeñamos con esta niñez y juventud que Dios puso en nuestras manos, del odio al amor y de la confusión y amargura, a la alegría y esperanza. Sí, como mujeres educadoras tenemos que aprender y enseñar a curar estas heridas en los corazones humanos.

La mujer en general ocupa un lugar de privilegio y desempeña un papel decisivo en la historia, en la vida, en el trabajo y en el futuro del país, con mayor razón la religiosa educadora por su consagración y mística en esta noble labor. La mujer tiene inteligencia y grandeza de corazón capaces no sólo para las tareas ordinarias de la vida humana, sino para curar el odio y sanar la amargura del mundo que se destruye y desangra por la inversión de valores.

Como educadoras tenemos en nuestras manos el futuro de la sociedad y de la Iglesia. La patria espera hombres y mujeres renovados en el escenario humano, tenemos que educar las generaciones del mañana para asumir con valor y responsabilidad la tarea de luchar por una noble y urgente causa: ‘la defensa de la vida, la educación en valores de nuestra niñez y juventud’; ellos serán los artífices de la paz en el mundo, del amor, de la fraternidad y de la amistad, así como también hoy pululan los artífices del desorden, de la guerra, de la violencia y de la revolución. Hay que construir un mundo nuevo donde haya justicia, libertad, respeto a la dignidad de persona humana, amor y paz.

La mujer consagrada puede y debe ser la bandera de esta revolución pacífica que se realiza en el corazón de nuestros educandos, ella lleva a las aulas esta bella y sublime pedagogía del amor, legado precioso de todos los Fundadores, en especial de Nuestro Venerable Padre Luis Amigó quien con visión futurista se adelantó a los signos de los tiempos y plasmó en todos sus escritos la profunda vivencia de su espíritu, la pedagogía del Evangelio, única capaz de transformar el mundo.

Nuestra responsabilidad como maestras es muy grande, no sólo ilustrar las mentes, sino educar y formar a las alumnas para la tarea que la patria espera de ellas y para que ellas sean agentes de cambio en la educación, con criterios cristianos, espirituales y a la luz de una doctrina que sea promotora de renovación y cambio personal, social y político.

Los profesores de nuestros colegios deben ser íntegros en toda la extensión de la palabra, que marchen al unísono con la filosofía propia de nuestros planteles educativos, capaces de influir en las aulas y en la mente y el corazón de los alumnos; el educador debe formar cristianos auténticos, ciudadanos honestos, hombres y mujeres que amen su patria y que trabajen por promover una sociedad justa y libre de odio, de la ambición, del dinero fácil, que generan violencia y desorden; que hagan próspera y feliz la tierra de sus mayores en la cual se rinde culto a Dios y florezca la solidaridad y consagración al trabajo, a la investigación científica, al estudio, caminos de prosperidad.

El Magisterio es un verdadero sacerdocio y no puede asumirse sin un gran espíritu de responsabilidad y abnegación; hay que tener mística para la noble tarea de educar, esto vale mucho más que todos los títulos académicos y que todos los escalafones, también necesarios, pero que sin una mística responsable y abnegada, se caería en una miserable actitud de mercenario. Para un buen maestro cada ocasión es propicia para sembrar la semilla de la paz, la justicia, la verdad y el amor; para educar, para formar, estimular la creatividad de los alumnos y encontrarnos con ellos en un ambiente de simpatía y de amistad, para crear en el colegio una sólida comunidad educativa en ambiente de alegría, de solidaridad y de servicio.

Somos o nó somos. Si lo primero, dediquémonos en la talidad de nuestro ser de educadoras a la tarea de guías, de orientadoras, de servidoras; si no, no profanemos el templo de la sabiduría, no engañemos a los padres y al alumnado, no comprometamos el futuro de la sociedad, de la Iglesia y de la juventud. Quien no ve en el alumno sediento de amistad y de verdad la imagen de Dios vivo, no tiene vocación ni le obliga la profesión de educador. Llenémonos de esa esperanza profética que anuncia activamente la posibilidad de una humanidad diferente poseída cada vez más por la necesidad de ser portadora y realizadora de valores, entre otros: el amor, la solidaridad, la tolerancia, la responsabilidad y el compromiso.

El testimonio de educadores que viven lo que dicen, que hacen lo que hablan, es indispensable para que los seres humanos, niños, jóvenes y adultos aprendan lo que viven. El futuro está en nuestras manos y es ahora; y de alguna manera ahora lo estamos construyendo.

* Terciaria Capuchina.

VOCACIÓN: UNA PALABRA QUE DEFINE TU VIDA


Elkin y Fanny, dos jóvenes creyentes en Dios entregaron sus vidas al Todopoderoso sin importar lo que pasara. La abuela de él lo llevaba desde los 4 años a misa, de allí su gran interés por la vida religiosa; ella, por su parte, casi se va para África con una comunidad religiosa. Dos vidas distintas, pero una misma vocación. Ellos se atrevieron ¿Y tú?

Por CARLOS MARIO CASELLES *

Dios desde siempre ha llamado al hombre y a la mujer para que cumplan una misión en la vida. La Biblia dice que nosotros desde antes de estar en el seno de nuestra madre, ya Él nos había consagrado y elegido para una misión clara.

En la vida sacerdotal, el Señor puede ir revelando esa misión en cualquier momento, como le pasó a Elkin Mario Cabrera, quien desde muy niño y a medida que iba creciendo el Señor mostraba signos en su vida. Ser acólito en su parroquia Nuestra Señora de Guadalupe desde los 8 años, determinó el gusto por la vida sacerdotal; un interés que comenzó gracias a su abuela. “La que me empezó a llevar a misa fue mi abuela, como mis papás no me llevaban a misa y tenía la Iglesia Guadalupe allí cerquita, me ponía en la puerta y los cantos se escuchaban desde mi terraza. Mi abuela me dice que cuando ella me llevó a la iglesia yo le señalaba el altar y decía que quería estar allá”.

Ese interés lo seguía teniendo a los 16 años y, al darse cuenta que era algo serio, le dijo sí a Dios. “Respondí a ese llamado, con alegría, con generosidad; porque descubrí en el Señor esa persona que llenaba todo mi ser, esa persona que llenaba toda mi vida. Porque la realización de mi vida, la verdadera felicidad la encontré en Jesucristo”, dice alegremente este joven seminarista.

Por su parte, Fanny Orozco descubrió su llamado mucho más tarde, gracias a su director de grupo; fue cuando cursaba los dos últimos años del bachillerato en su natal Candelaria. En la Eucaristía ella solía encargarse de toda la parte de la liturgia y, en mayo, del rezo del rosario por el mes de la Virgen.

Luego de una conversación en el salón en el que se definía el perfil de cada uno, el profe, como le llamaba de cariño, le dijo que la veía de religiosa. Fue así como empezó a dictar catequesis en la preparación de los niños para las primeras comuniones del colegio y también se unió al grupo juvenil de la Parroquia San Vicente Ferrer del Municipio de Candelaria. Al tener un roce con la vida parroquial, la hermana Micheline Towanou llegó a Candelaria y demoró un fin de semana. “Empezamos a trabajar con ella el grupo juvenil y la vida de religiosa desde allí me interesó más, porque ya al ver como trabaja una hermana, en este caso como misionera, me fue llamando la atención”.

Inició su proceso con esta comunidad africana, llamada las Oblatas Catequistas de los Pobres. Al empezar este proceso su mamá no quería, pues temía perderla, ya que ella creía que su hija se iría al continente africano. Sin embargo ella continuó. Posteriormente a su vida llega el padre Mauricio Rey, que al conocer la preocupación de su mamá, la presenta con la hermana Úrsula González, quien pertenece a la comunidad Hermanas de la Caridad Dominicas de La Presentación. Su proceso ha durado desde ese entonces, agosto de 2007, hasta hoy día en el Colegio Lourdes de Barranquilla, institución dirigida por dicha comunidad.

Por el trabajo de sus padres, Elkin terminó su bachillerato en el Colegio Corazonista de Bogotá. En el 2007 cuando se vino para Barranquilla, llegó con la decisión firme de entrar al seminario, un reto que venció con mucha oración y el apoyo del Padre Diógenes Marrero. “Yo le vine a decir a mis papás un poquito antes de graduarme, porque ellos estaban insistiendo en preguntarme: -¿Elkin que vas a estudiar?- Pero yo, por temor a lo que me iban a decir ellos, no lo quería expresar. Hasta un día que mi mamá se me acercó y me dijo: Elkin tú quieres ser sacerdote. Y yo le pregunté: -¿Tú en qué me ves en un futuro?-, y me dijo: -Bueno yo creo que tú puedes ser sacerdote, porque nosotros siempre te hemos visto en eso. Entonces yo le dije: -Ah bueno, eso es lo que quiero ser y gracias por decirlo, porque no lo tengo que decir yo”, refiere entre risas.

LA VIVENCIA DEL PROCESO

Ambos, como todos los que han escogido esa vida, han llevado un proceso de discernimiento vocacional. Fanny, quien se encuentra en la cumbre de su proceso, aprendió a conocerse así misma, distinguió las diferentes facetas que están en la vida: la vocación al matrimonio, la de soltera y la vocación religiosa; por supuesto, decidió ésta última esta estudiante de VII semestre de Comunicación Social y Periodismo, quien vio en dicha profesión una mejor forma de evangelizar y entregar la Palabra de Dios.

Elkin lo llevó a cabo en el círculo vocacional de la Vicaría Espíritu Santo, en el que todos los delegados vicariales entregaron herramientas para discernir de una mejor forma a ese llamado que el Señor les hizo. Retiros, visitas al seminario, convivencias y su paso por Jornada de Vida Cristiana, ayudaron a que tomara más convencido tal decisión.

A pesar de que los molesten sus amigos, a él diciéndole ‘padre’ o a ella ‘monja’ desde antes de tiempo, sus corazones están entregados a Dios cada vez más. “Mi invitación es que respondan al Señor sin miedo, sin prejuicios, generosamente y estar disponibles, abiertos a su opción para que Él haga de nosotros lo mejor”, expresa Elkin convencido de su vocación.

Gracias a las experiencias espirituales que han tenido, tampoco dudan un segundo en el compromiso que deben llevar en su vida sacerdotal y religiosa. ”Sigan lo que su corazón dice… díganle como Samuel: ‘Habla Señor que tu siervo escucha’, o como nuestra Virgen María: ‘Heme aquí según tu palabra’. Que seamos como María y le digamos ese sí eterno que nunca se acaba”, puntualiza Fanny.

* Jornadista – Estudiante de VIII semestre de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe.