miércoles, diciembre 08, 2010

El boom de la violencia ¿problema de todos?


Por Angélica Obando Solano*

¿Por qué tanta violencia? ¿Qué podemos hacer para contrarrestar estas situaciones? son las preguntas obligadas ante ese sentimiento de indefensión que invade por este cambio social que atenta contra la vida y la dignidad personal.

Por un lado, las campañas de las autoridades invitan a desarmarse con resultados evidenciados en la disminución de homicidios; a la convivencia, como a la desmovilización y al respeto de los derechos, entre otros, de las cuales podemos ser partícipes, dejando de un lado la indiferencia individualista.

No obstante, la familia surge aquí como el núcleo de esta sociedad que requiere fortalecerse desde los detalles más mínimos para crear una nueva cultura de paz, no por la ausencia de guerra, sino recreada en un nuevo aprendizaje de actitudes y lenguaje propicio para la convivencia.

Hoy, es necesario amar la vida que Dios nos ha dado y demostrarlo a través de una nueva manera de vivir, impregnándole el sentido real al que estamos llamados todos y todas. Enseñar a nuestros hijos e hijas para la paz y no para la violencia, demostrar el amor en casa con palabras y caricias, corregir de buena manera sin humillar, desde esas ‘pequeñas cosas’ podremos cambiar un poco la historia hacia futuro.

El psicólogo Jainir Castillo señala que muchas veces madres y/o padres toman a broma o risa enseñarles a sus pequeños palabras soeces o a confrontarse a otros menores que a la final son una enseñanza a la violencia.

Agrega que hechos que se ven simples como la compra de juguetes bélicos invitan a esa cultura de la muerte. E invita a preguntarse: ¿Qué estoy haciendo como padre/madre? ¿Cómo estoy formando a mis hijos?

Es hora de comenzar la cultura de la paz basada en el amor. Los resultados no serán inmediatos, pero una familia blindada de esta manera construye una mejor sociedad.

NUESTRA PORTADA


El amor y la amistad.

Por Pastoral de MultitudesAñadir imagen

En Colombia, se festeja el día de amor y amistad el tercer sábado del mes de septiembre, como resultado de una tradición Norteamericana que cada 14 de febrero conmemora a San Valentín, quien encarnaba el día de los enamorados. San Valentín elevado a la santidad en 1969 fue erigido como patrono de los enamorados.

La costumbre de esta celebración se remonta al siglo XVIII y abarca una serie de leyendas y tradiciones que intentan explicar las razones para dicho festejo: ¿Hasta dónde llega el amor y la amistad? ¿Cuál podría ser la diferencia entre una y otra? Es esta, la pregunta obligada para esta fecha.

Sin embargo, no se trata de establecer una definición acerca del AMOR, un concepto universal que guarda relación con la afinidad de los seres humanos y habitualmente se interpreta de diferentes maneras. Esta palabra suele asociarse con el amor romántico, como en el acto de “encontrar en la felicidad del otro tu propia felicidad”, como lo define Leibniz. Por otra parte, algunos consideran la amistad, como algo cercano al amor fraternal, definiéndolo como un sentimiento que nace de la necesidad de los seres humanos de socializar. Es así como podemos encontrar el toque del amor, en la amistad, al referirnos al amor al prójimo, que nos permite tener empatía y tolerancia con los demás.

Pero si nos remitimos a la Biblia, encontraremos al AMOR como base de las enseñanzas de Jesús y como el nuevo mandamiento contenido en el Nuevo Testamento.

Por eso en Corintios 13, 4-7, encontramos una enseñanza que nos muestra cómo debe ser el amor verdadero:

“Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse, ni guardar rencor, es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo”.

Es amplia la gama del amor y tanta su afinidad con la amistad que llegamos a creer que para que haya amistad, de acuerdo con los conceptos expresados, se requiere amor.

Para las familias del Atlántico es esta una celebración que debe ser aprovechada para expresar ese amor y esa amistad no sólo a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, padres y familiares, sino que, además, debe ser una fecha que sirva para afianzar los lazos de amistad entre vecinos y familias del sector donde vivimos. Pidamos al Espíritu Santo que nos llene el corazón del amor de Cristo para poder hacerlo.


En nuestros días

¿Existe la verdadera amistad?

Ser cristianos es ser capaces en medio de los afanes de descubrir en el otro la presencia de Dios.

Por Liliana De La Cruz Martínez*

“Cuando David terminó de hablar con Saúl, Jonatán se encariño de David y empezó a quererlo como así mismo” (1 de Samuel 18,1). Que profunda esta cita bíblica, cuando vemos todo lo que significa: Una amistad sincera, completa y entregada. Que bonito se oye “amar como a sí mismo”, pero qué tan difícil hacerlo en un entorno muchas veces turbulento en el que el hombre puede incluso llegar a sentirse solo o incomprendido; un mundo en el que a veces la misma tecnología hace que nos acerquemos virtualmente, pero que nos alejemos de forma presencial. Sin embargo, se acerca una época propicia para reflexionarlo: el mes de amor y amistad.

Este tiempo no debería ser mirado sólo como el de los enamorados, el de los amigos y el de compartir un detalle o un momento agradable con todas esas personas que hacen parte de nuestras vidas. Las incógnitas que den vueltas en nuestra mente no deberían ser sólo aquellas como: ¿Cuál será el mejor regalo para esa persona que queremos? o ¿Dónde encontrar el mejor detalle?, sino las tendientes a autoevaluarnos como amigos. A revisar si estamos realmente viendo en el otro la presencia de Dios, y como tal, lo estamos amando como a nosotros mismos. De repente este texto del libro de Job nos ayude con nuestra reflexión: “Tres amigos de Job: Elifa, Bildad y Zofar, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar para condolerse de él y para consolarle. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande” (Job 2, 11 - 13).

De esta reflexión, nos quedan algunas preguntas que podrán llevarnos a revisar si podemos llamarnos ‘amigos’: ¿Vivimos el dolor del amigo como nuestro? ¿Demostramos con actos nuestro cariño y apoyo, incluso en la distancia? ¿Sabemos escuchar o sólo opinamos y reprochamos? ¿Ante un error del otro, le tapamos el error o le hacemos entrar en razón? ¿Rogamos a Dios por nuestra pareja y nuestros amigos? Ojalá que, aún si no hemos respondido satisfactoriamente estas inquietudes, nos preocupemos por hacer lo mejor por nosotros y por ellos, porque como bien se cita en Proverbios 18,24: “Hay amigos que causan la ruina, y hay quien ama con más apego que un hermano”.

Lo más importante y que no debemos olvidar es que en nuestro diario caminar tenemos al mejor de los amigos, al incondicional y verdadero… a Jesús. La amistad debe estar fundada en la palabra de Dios y en la convicción de que es posible labrar un cariño sincero en el mismísimo amor a Cristo. Esta es la primera relación que debemos cultivar para, con base en ella, podamos construir relaciones con los demás; pues no hay lazo más grande que el amor, ni mejor regalo que la amistad.

“Vivimos en un mundo en el que a veces la misma tecnología hace que nos acerquemos virtualmente, pero que nos alejemos de forma presencial”.

*Coordinadora Caracol Social. lilianamargarita@gmail.com

En la Biblia encontramos la mejor inspiración para el amor y la amistad

  • “Ante todo, ámense intensamente unos a otros, pues el amor perdona los pecados”. 1 Pedro 4, 8
  • “Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos”. Juan 15,13
  • “El amor entre ustedes no sea hipócrita; aborrezcan lo malo y pónganse de parte de lo bueno”. Romanos 12, 9
  • “El hierro con el hierro se afila, el hombre en el trato con su prójimo”. Proverbios 27, 17
  • “El amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia ni orgullo ni arrogancia. No es grosero ni egoísta, no se irrita ni es rencoroso; no se alegra de la injusticia, sino que encuentra su alegría en la verdad” 1 Corintios 13, 4-6

· “... Dios es amor; y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él”. Juan 4, 16


Monseñor Luis Antonio Nova Rocha

Administrador apostólico de la Arquidiócesis de Barranquilla durante la sede vacante

Por Carlos Julio Macías Ramos, Pbro*

Muchos fieles de nuestra Arquidiócesis de Barranquilla se preguntan acerca del significado del nuevo cargo que el Papa Benedicto XVI le ha encomendado a Monseñor Luis Antonio Nova, como Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Barranquilla.

Para responder a ello hay que recordar que Monseñor Rubén Salazar fue trasladado como Arzobispo de la Arquidiócesis de Bogotá, y mientras el Santo Padre Benedicto XVI nombra un nuevo Arzobispo para Barranquilla, nuestra Iglesia atlanticense entra en una situación llamada ‘sede vacante’, es decir, no tiene Arzobispo; esta situación puede durar mucho o poco tiempo, dependiendo todo del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI.

Pero como las instituciones no se pueden quedar, ni por un momento, sin quien las gobierne, el Derecho Canónico exige que se nombre a alguien para que, mientras llega el nuevo Arzobispo ‘administre’ la Arquidiócesis. Ahora bien, el encargado de elegir al ‘administrador’ es el Colegio de Consultores que es un grupo de seis sacerdotes, como mínimo, que debe existir en toda Diócesis, elegidos libremente por el Obispo para que lo asesoren en algunas decisiones importantes.

No obstante eso, en algunos casos especiales, no es el Colegio de Consultores el que elige al Administrador diocesano sino que el Santo Padre, el Papa, con la especial asistencia del Espíritu Santo, se reserva el derecho de ser él, personalmente, quien elija a la persona que administrará una Diócesis o Arquidiócesis; y es precisamente eso lo que ha sucedido en Barranquilla: el Papa Benedicto XVI ha elegido como Administrador de la Arquidiócesis a Monseñor Luis Antonio Nova, quien por haber sido designado por el Papa y no por el Colegio de Consultores de la Arquidiócesis, será Administrador Apostólico y no administrador diocesano.

Barranquilla ha sido un caso especial, seguramente porque en los últimos diez años ésta Arquidiócesis, gracias al impulso y visión eclesial de Monseñor Rubén Salazar Gómez y a su trabajo con los Obispos auxiliares, con los sacerdotes y los fieles en general, se ha trasformado en una Iglesia moderna, con estructuras pastorales que permiten la participación efectiva de todos los fieles en la construcción de una sociedad más justa donde todos trabajan por vivir y predicar los valores del Evangelio.

Al reservarse el derecho de elegir personalmente a Monseñor Nova como Administrador Apostólico, el Papa ha mostrado la confianza que tiene en su capacidad para ser maestro de doctrina, en su sabiduría para dirigir los destinos de la Arquidiócesis, en su ternura de pastor de las ovejas, en la capacidad de amar y de servir con su corazón sacerdotal.

Y digo esto porque el canon 427,1 del Código de Derecho Canónico afirma que el Administrador Apostólico tiene toda la potestad ordinaria del Obispo diocesano, salvo lo que le esté prohibido por el Derecho o por la naturaleza de la cosa; este es el principio fundamental: es decir, la potestad del Administrador Apostólico es ordinaria, propia (no vicaria) e inmediata (can. 381,1), legislativa, ejecutiva y judicial (can. 391), que puede ejercer conforme a los cánones 381-400.

Otro principio también importante pero subordinado al principio anterior, este se encuentra en el canon 428,1, que establece: “Vacante la sede nada debe innovarse”. Esta norma debe interpretarse la luz de las prescripciones que la concretan en el parágrafo 2, es decir, que se le prohíbe al Administrador Apostólico toda innovación que pueda resultar en perjuicio de la Arquidiócesis o que pueda comprometer los derechos de la misma o que pueda comprometer los derechos del futuro Arzobispo.

Pero más importante que esa prohibición la norma contiene un criterio práctico para gobernar: es una invitación general a la no intervención o a la abstención; una invitación que será ponderada en cada caso por el propio Administrador Apostólico y que modulará pero no eliminará su discrecionalidad en el gobierno de la Arquidiócesis. Por lo tanto, El Administrador Apostólico procurará, que todas las cosas, tanto las pastorales, las de gobierno, las canónicas, etc., sigan funcionando y se sigan resolviendo del mismo modo que se hacía cuando estaba el Arzobispo anterior, es decir, gobernar no con un estilo excesivamente personal sino procurando un trabajo de continuidad; pues los cambios grandes los deberá hacer el próximo Arzobispo.

No es muy frecuente, en la vida de un Obispo auxiliar, que el Santo Padre lo nombre Administrador Apostólico, por ello puede suceder que se plantee excesivas dificultades sobre lo que puede y sobre lo que no puede hacer como Administrador: en este caso se debe saber, como ya he dicho, que a él corresponde gobernar la Arquidiócesis con toda la potestad del Obispo Diocesano, que puede hacer en principio todo lo que no esté expresamente prohibido, pero que el buen criterio de gobierno lleva a tener presente estos dos elementos: continuidad con el modo de gobernar del Obispo anterior, teniendo en cuenta la situación de interinidad de su función; y no tomar decisiones trascendentes, que se dejarán mejor al futuro Arzobispo, salvo caso de verdadera urgencia.

En estos últimos ocho años que ha compartido Monseñor Nova con nosotros en la Arquidiócesis, hemos sido testigos de su sólida Fe, del gran conocimiento que tiene de la Palabra de Dios y de su disciplina en la oración, Monseñor Nova es así. Ha vivido con discreción y sencillez en medio de dos grandes personajes de nuestra Iglesia: la personalidad de gran perfil de Monseñor Rubén Salazar Gómez y la extraordinaria popularidad de Monseñor Víctor Tamayo Betancourt. Le llegó la hora a todos los fieles que peregrinan en el departamento del Atlántico de dar gracias a Dios y al Santo Padre por este nuestro Administrador Apostólico, hoy designado por el Santo Padre como signo de unidad, de comunión; los sacerdotes ya lo hacemos todos los días en la Plegaria Eucarística cuando decimos, como lo debemos decir: “por nuestro Obispo Luis Antonio”. Ahora es tiempo de todos.

*Dr. en Derecho Canónico. Presidente del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Barranquilla, carlosjulio64@hotmail.com

DE MUJER A MUJER


!El canto: es el afecto del corazón hecho música!

“¡Viva la fe, viva la esperanza, viva el amor (2), que viva Cristo, (2) que viva el Rey!” Así cantamos, alegres, con el corazón y con gozo cuando estamos ungidas por el Espíritu Santo. Aunque no todas seamos cantantes con buen ritmo y talento, nos damos cuenta que Dios está aquí.

“¡Qué alegre la mañana que me habla de Dios, qué alegre la mañana!” Cantando escribía este artículo en la mañana soleada del 20 de julio, cantando en una mañana que Dios me hablaba de esperanza, serenidad, equilibrio, con un cielo despejado, pájaros y mariposas posándose alegres en los florones que hay en mi patio, aunque, días anteriores, por exceso de lluvia, estaban caídos. Siendo este el tercer día soleado, seguía cantando por aquellos que no cantaban ese día, orando por el tiempo invernal, pues aunque a muchos les gusta la lluvia, hay otros, los damnificados que necesitan recuperarse en la esperanza, que miren al cielo y canten: “¡Haz cambiado mi lamento en baile, me vestiste con alegría, por eso a ti cantaré, gloria mía..!”

“¡Perdona tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo Señor!” es lo que cantamos por el pecado que por generaciones hemos causado al medio ambiente, obra de tu amor. Papá Dios, aún no te hemos pedido perdón por no administrar bien los recursos naturales, perdón por todos nuestros antepasados, entre todos, ocasionamos daños al equilibrio climatológico.

Análogamente, en nosotras también ocurren sequías, nubosidades, rayos y tormentas, lluvias y días soleados. Muchas veces viviremos primaveras, otoños, inviernos y veranos a nivel espiritual. San Agustín decía: “se viven tribulaciones cuando se vive cristianamente”. Se trata entonces, de una lucha de oración, reflexión, expiación y arrepentimiento para pedir la ayuda a la Santísima Virgen, para que sea ella quien nos ayude por el poder que le dio Dios, para no caer en pecado mortal, por la sabiduría otorgada del Hijo y el amor que le dio el Espíritu Santo para perseverar en la gracia final.

“¡El amor de Dios es maravilloso, (3) grande es el amor de Dios!” Su misericordia nos regala un día soleado después de la tormenta y paz después de una tribulación, así como riega la tierra posterior a una sequía, también nos riega el alma cuando sufrimos por la sequedad interior. No obstante, son necesarias nuestras lluvias de lágrimas para el arrepentimiento verdadero o en el abandono total en Dios que nos socorre con un pañuelo de amor, diciéndonos: “no temas”.

¡Ven, canta, sueña cantando, vive soñando un nuevo sol en que volveremos a pedir perdón, administrar bien los recursos y cantar… Gloria a Dios, Gloria a Dios, Gloria al Padre, a Él le sea la Gloria, a Él le sea la Gloria, Aleluya, amén, Aleluya (2)!”

martes, noviembre 23, 2010

TESTIMONIOS VOCACIONALES



A partir de esta edición de Kairós, encontrarás esta sección, en la cual conocerás la vida, testimonio y labor pastoral de los presbíteros de la Arquidiócesis de Barranquilla. Nuestro Papa Benedicto XVI, lo expresó, los sacerdotes deben ser testimonio vocacional para las nuevas generaciones.

Monseñor Luis Antonio Nova Rocha
Pastor prudente que guía los pasos de la Comunidad

Monseñor Luis Antonio es un obispo discreto, aparentemente tímido, pero de gran sabiduría, sensibilidad humana, fino sentido del humor y elegancia en el trato con los demás. Su misión evangelizadora la cumple calladamente y sin muchos alardes.

Nació el 30 de julio de 1943, en Subachoque, uno de los pueblos más bellos de la sabana de Bogotá, en el hogar conformado por don Marco Antonio Nova y la señora María Sagrario Rocha. Su padre, un hombre muy cristiano, dedicado a la construcción de barrios y casas con el antiguo crédito territorial.

Don Marco siempre educó a sus hijos con ternura, pero también con templanza y autoridad, siendo un testimonio de vida para sus hijos. En cuanto a la señora María Sagrario, fue una mujer digna de admirar, pues con total amor cuidó y formó a sus 12, sin duda, fue una santa mujer.

Monseñor Luis Antonio, es el tercero de los doce hijos de la familia Nova Rocha. Su niñez transcurrió en un ambiente sano y agradable, disfrutando de los paisajes naturales de su natal Subachoque y el amor de su familia. A diferencia de sus hermanos, fue el único que no pudo ser acólito en su pueblo, ya que no lo admitieron por inquieto. En cuanto a su querido y amado pueblo, Monseñor Nova, siempre carga en su billetera algunas fotografías que muestra con orgullo a sus amigos.

Ingresa al Seminario Menor
En aquella época, era costumbre que una vez los niños del pueblo terminaban su primaria, sus padres los enviaban a estudiar bachillerato a Bogotá y preferiblemente a internados, pero, con Monseñor Luis Antonio ocurrió diferente, por alguna razón, el párroco del pueblo, el padre Ricardo González le dio una recomendación para el Seminario Menor de Tunja y fue allí donde con la ayuda de sus formadores, lentamente fue afianzando su vocación sacerdotal.

Inicialmente pensó en ser militar, pero un día, cuando disfrutaba de sus vacaciones, asistió al sepelio de un pariente, un joven del pueblo que siendo militar fue asesinado en combate. Los protocolos, las banderas, los clarines, los honores y discursos no convencieron mucho a Luis Antonio, quien pensó: “de que sirven tantos honores, tanta solemnidad, para morir tan joven”. Esto lo llevó a olvidarse de lo militar y solamente a pensar en ser sacerdote.

Cuando terminó su bachillerato, ya estaba decidido, y, en la misma ciudad de Tunja hizo sus primeros dos años de filosofía, terminó en Medellín y luego ingresó a la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá donde estudió Teología.

Ordenación sacerdotal y ministerios que ha ejercido
Fue ordenado sacerdote, el 22 de agosto de 1968. Su primer ministerio como sacerdote lo ejerció en Nocaima como Vicario Cooperador, allí trabajó en la pastoral rural con jóvenes y maestros. Luego, por voluntad de su superior, fue trasladado al municipio de la Vega, primero de Vicario y luego como párroco, fueron 5 años de experiencia inolvidable, quedando en su mente gratos recuerdos de la gente de este municipio.

Al terminar su trabajo pastoral en La Vega, pasó a otra parroquia más urbana en el municipio de Madrid, allí estuvo desde 1975 hasta 1983.

Estando en Madrid, su Obispo, lo llamó para que le colaborara como tesorero de la Diócesis, trabajo que combinaba con el de párroco y en actividades académicas. En 1983, después de haber aplazado varias veces su viaje a Roma para estudiar, debido a la enfermedad de su señor padre, viajó a cursar estudios hasta 1985 cuando regresó para seguir sirviendo en su Diócesis. En 1993 se fundó el Seminario de Facatativá y fue nombrado como primer rector.

Lo nombran Obispo
El trabajo en el Seminario, fue fructífero y agradable, lo combinaba con otros ministerios, era profesor y dictaba clases en el Seminario Mayor de Bogotá.

En 2002 recibió la noticia de parte del señor Nuncio, quien le comunicaba que S.S. Juan Pablo II, le confería el honor de ser Obispo. Para el padre Luis Antonio Nova Rocha esto fue toda una sorpresa, ya que por su mente nunca había pasado la idea de que un día Dios lo premiaría con tan alta dignidad.

Llegó a Barranquilla en vísperas de Semana Santa, acompañado de algunos familiares. Se posesionó como Obispo Auxiliar el 9 de marzo de 2002 y recibió el aplauso y la aceptación de toda una feligresía.

Una vez, posesionado como Obispo Auxiliar de Monseñor Rubén Salazar Gómez, asumió su ministerio con amor y fidelidad. Su mayor gozo, es tener el privilegio de visitar la mayoría de las parroquias de la Arquidiócesis de Barranquilla, para él, es la experiencia más agradable en su vida de Obispo, pues le ha permitido tener contacto directo con las personas de las diferentes comunidades, escucharlos y entender sus problemas, esto sin duda, ha despertado en nuestro Obispo Auxiliar un alto grado de sensibilidad ante las angustias de los atlanticenses.




Por JULIO GIRALDO.
El envejecimiento de nuestros padres: Un gran reto para todos
Por José Miguel Díaz Moreno*

Todos nos preocupamos por la llegada del día de la madre o del padre, que entre otras cosas, no tiene fecha definida, pero este día más que celebrarlo y entregarle un obsequio a nuestros padres, nos debe llevar a reflexionar que es más importante tomarnos un tiempo para pensar en que será de nuestros padres cuando lleguen a cierta edad.

Llega un momento de la vida, en que los hijos se convierten en los padres de sus padres, por vejez o enfermedad de éstos. Asumir esta etapa no siempre es fácil, pues se está acostumbrado a verlos llenos de vitalidad, energía e independencia. ¿Cómo prepararse para esta situación o cómo afrontarla si ya está presente?

La responsabilidad como hijos adultos, es velar por el bienestar de los padres. Aunque no se debiera tomar como una forma de recompensarles todo lo que han hecho por nosotros, sí es un compromiso que deja la tranquilidad del deber cumplido, habiendo entregado todo el amor que durante tantos años se recibió de ellos. Por eso, cuando llega la vejez, es cuando mejor hijo se debe ser, es el verdadero momento de servirles, ser su apoyo y mayor fuente de afecto.

Son dos choques a los que nos veremos enfrentados al momento que nuestros padres lleguen a la tercera edad, el primero, es aceptar que los padres ya no son los mismos de antes, ahora probablemente están enfermos, comienzan a tener pequeños olvidos, se quejan de algunas dolencias físicas y se pueden volver algo obstinados, lo que demandará cada vez más, los cuidados de la familia; ya no son ellos quienes sirven a los hijos, sino los hijos a ellos. Así que habrá un cambio de rol, ahora seremos sus padres.

“Los hijos están acostumbrados a ser hijos: no sabemos cómo se hace, no terminamos de tener claro si tenemos que tomar decisiones por ellos o no y, a la vez, en muchos casos los padres toman decisiones que nos involucran como insistir en seguir viviendo solos, mientras muchas veces el hijo se preocupa porque les suceda algo que ponga en riesgo sus vidas”, expresa Elia Toppelberg, psicóloga especializada en tercera edad.

Este cambio de mentalidad, es decir, la asimilación del envejecimiento de los padres, puede ser una realidad difícil de aceptar para algunas personas, haciéndose manifiesto mediante rabia, impaciencia, reclamos a los padres con frases fuertes como por ejemplo: “mamá no te acuerdas que ya te había dicho…”, “ya no puedes salir sola, ¿no entiendes?”… Así mismo, el otro punto y reto a seguir, es que la situación obliga a conciliar la propia vida -cónyuge, hijos, trabajo, hogar- con los nuevos requerimientos de los padres.

En numerosas casos, esta demanda de tiempo por parte de los padres, puede provocar problemas en el propio núcleo familiar del hijo. Así que será necesario reunirse con el cónyuge y los hijos, y dependiendo de la edad de estos últimos, exponerles la situación de los abuelos. Habrá que explicarles que ahora ellos lo necesitan, tanto como lo hace un bebé, dejándoles muy claro que no los abandonará y que su rol de padre seguirá siendo el de siempre. También es importante pedirles su apoyo, pues esta situación será dolorosa y agotadora. Igualmente, habrá que buscar el equilibrio sin desatender ninguna de las dos familias.


Formas de prepararse y afrontar la vejez de los padres
• La vejez de los padres requiere un trabajo conjunto de toda la familia. Los hijos deben unirse y hacer un ajuste en el rol de cada integrante, evaluando su disponibilidad para este fin, logrando así que todos tomen parte activa. La responsabilidad no debe caer en uno solo.

• Si fuera necesario, también se pueden revisar las posibilidades económicas para buscar ayudas externas (enfermeras, personas que los atiendan y acompañen) que sirvan de soporte, pero que de ninguna forma suplirán las responsabilidades de los hijos.

• Algunos estudios señalan que la carga emocional que acarrea cuidar padres mayores podría tener repercusiones negativas de una u otra forma. Por lo tanto, se recomienda generar espacios de esparcimiento, en donde el hijo se pueda desestresar aislándose por unos minutos de ese escenario.

• Si aparecen señales que lo ameriten, puede ser importante consultar con un profesional especializado en estos casos, como psicólogo, psiquiatra, geriatra, que dará apoyo y orientación para la toma de decisiones, será sostén emocional y contribuirá a aclarar las dudas en tan difícil y delicada situación.

*Licenciado en Matemática y Física. Docente Escuela Normal Superior La Hacienda. Feligrés Unidad pastoral San Felipe Apóstol. jodimo422@hotmail.com

NUESTRA PORTADA

¡Los nuevos ‘areópagos nos esperan!
Nuevos campos misioneros y pastorales exigen respuestas
inmediatas, concretas, convincentes y pertinentes.

Por Jaime Alberto Marenco Martínez *

La palabra ‘areópago’ para el mundo cristiano está estrechamente relacionada con el apóstol Pablo, quien, según la Sagrada Escritura, en este lugar propio del gobierno de Atenas, capital de la antigua Grecia, hizo el anuncio de la resurrección a los paganos sin lograr la aceptación total de los notables que allí se encontraban: “Sobre este punto te oiremos otro día”, le dijeron. (Cfr. Hch 17,16-33)

Era el areópago un salón donde los miembros del gobierno ateniense, conocidos como areopagitas, celebraban sus sesiones. Pablo fue conducido a dicho lugar porque los filósofos que formaban parte del areópago querían conocer su discurso, ya que a esta institución competía conceder a Pablo autorización para enseñar su doctrina en esa ciudad.

Si bien es cierto que Pablo abandonó aquella reunión en la que sólo algunos pocos se unieron a él, también lo es que el ‘apóstol de los gentiles’ no desistió en su misión de proclamar el Evangelio de Cristo desarrollando, quizás estimulado por esta experiencia de parcial rechazo, una actitud de búsqueda de aquellos ilustrados que tenían marcada influencia en la sociedad del momento. Así, el discurso de Pablo representa, por un lado, la oferta de salvación que el cristianismo hizo a los ilustrados de la sociedad helenística y, por otro, el conflicto que siempre ha existido en el diálogo entre quienes predican a un Cristo crucificado que es fuerza y sabiduría de Dios contra aquellos que sólo buscan la sabiduría humana (Cfr. 1 Cor 22-25).

Con esta clara propuesta paulina de lograr que el Evangelio acrisole las mentes y los corazones de quienes están ubicados en los niveles de decisión de las sociedades actuales, surge como necesidad imperante incrementar arduamente el esfuerzo y la creatividad de la evangelización dirigida a empresarios, políticos y formadores de opinión, el mundo del trabajo, dirigentes sindicales, cooperativos y comunitarios (Aparecida No. 492). Se trata de comunicar los mismos valores evangélicos, pero de manera positiva y propositiva, especialmente para aquellos que manifiestan su descontento “no tanto con el contenido de la doctrina de la Iglesia, sino con la forma como ésta es presentada” (Aparecida No. 497).

Por traslación, el mundo de hoy nos propone nuevos areópagos, nuevos campos misioneros y pastorales que exigen respuestas inmediatas, concretas, convincentes y pertinentes. Precisamente en la ‘Redemptoris Missio’, encíclica escrita por SS Juan Pablo II sobre la permanente validez del mandato misionero, se subraya sobre el “vastísimo areópago de la cultura, de la experimentación científica, de las relaciones internacionales” (No. 37); en el documento de Aparecida los obispos de Latinoamérica y el Caribe amplían el espectro de los nuevos areópagos “al mundo de las comunicaciones, la construcción de la paz, el desarrollo y la liberación de los pueblos, sobre todo de las minorías, la promoción de la mujer y de los niños, la ecología y la protección de la naturaleza” (No. 491).

Es entonces, prioritario darle valor a los espacios de diálogo entre fe y razón, recurriendo a estrategias pastorales de alto contenido comunicativo que permitan no simplemente masificar el mensaje evangelizador, sino lograr que éste se elabore con las características propias de sus destinatarios para que penetre en las conciencias y se pose en el corazón de cada hombre en particular que se encuentre en las oficinas de servicio público, los estadios deportivos, las salas de cine y teatro, los parques, los centros comerciales, las empresas y las fiestas folclóricas propias de cada pueblo, entre otros muchos espacios. En todo este proceso los medios de comunicación social católicos y los de carácter comercial deben suscitar tanto la expansión de la fe como el diálogo entre la Iglesia y la sociedad.

Para darle cara y meterle el hombro a tan grande desafío, se requiere de hombres y mujeres capaces de ser formadores de opinión y arriesgarse a la evangelización con fe y valentía, como el apóstol Pablo, aun cuando las respuestas en los ‘areópagos actuales’ no sean las esperadas.

En el caso particular de la Arquidiócesis de Barranquilla, importante trecho se ha recorrido procurando llevar la evangelización a todos los habitantes del Atlántico, desde diferentes escenarios y con diversos instrumentos comunicativos. Para lo cual, los lineamientos y criterios del Proceso Diocesano de Renovación y Evangelización –PDRE- lo han permitido.

* Comunicador Social – Seminarista de I de Teología del Seminario Regional Juan XXIII.