miércoles, mayo 05, 2010


Para vivir la Pascua, hay que conocerla

Por Geovanny Mercado, Pbro*

Queridos lectores, la Pascua instituida por Dios es y será el tiempo memorable, en la que el Dios Todopoderoso aniquiló el mal, nos libró de la opresión y arrancó de nuestras vidas la muerte causada por el antiguo pecado. Esta fiesta solemne nos debe llevar a recordar que la mano poderosa y la misericordia de Dios, pasa sobre nuestro presente, restaurándonos cada día con su Gracia y llevándonos a un mejor futuro.

Por ello, vivir este tiempo jubiloso es la mejor decisión a la que todos los creyentes estamos llamados, entrando en el ritmo de la misión de la persona y de la obra que Cristo vivió y nos encomendó.

¿Qué es la Pascua?
El nombre parece provenir del hebreo”pesha” que significa paso, pasar de largo. La Pascua cristiana es de origen apostólico y memorial, solemne de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La Pascua para nosotros los cristianos, evoca el misterio de la Resurrección. Y para comprender este misterio debemos recordar a los primeros creyentes, que con su ejemplo de fe bien convencida, la predicación misionera y los relatos evangélicos han hecho posible, llegue hasta nosotros la vivencia de este acontecimiento del Señor.

¿Cuáles son las características del tiempo Pascual?
Es tiempo de gozo y alegría, es el tiempo de la familia y la comunidad cristiana. Es por excelencia tiempo espiritual, donde el Espíritu de Jesucristo Resucitado llena y recrea definitivamente el orbe. Es el tiempo de amor donde se sigue dando culto y alabanzas a Dios por las obras de su amor; es el tiempo de la liberación y del encuentro con nuestros familiares y amigos, sanos y enfermos.

¿Qué es la Octava de Pascua?
Con el Domingo de Resurrección comienzan los cincuenta días del Tiempo Pascual, el cual concluye en Pentecostés. La Octava de Pascua se trata de la primera semana de la cincuentena. Es considerado como si fuera un solo día, es decir, el júbilo del Domingo de Pascua se prolonga ocho días seguidos. Las lecturas evangélicas se centran en los relatos de las apariciones del Resucitado, la experiencia que los apóstoles tuvieron de Cristo Resucitado y que nos transmiten fielmente. Por ello, en la primera lectura de la liturgia iremos leyendo de modo continuo las páginas de los Hechos de los Apóstoles.

Los cincuenta días de Pascua
En frase de San Atanasio, considerado doctor de la Iglesia, son “un gran domingo”. Es el tiempo espiritual para gustar la vivencia de la libertad cristiana. Tiempo para penetrar en el misterio de Cristo. Es el tiempo de la Gracia, de la limpieza interior. Tiempo para experimentar que Cristo vive en su Iglesia. Esto es la Pascua. Un domingo reposado. Una fiesta de cincuenta días. Para terminar, Pentecostés. Que no es la fiesta del Espíritu Santo, sino la fiesta pascual de Cristo Resucitado que, como lo había prometido, envía al Espíritu a su Iglesia.

Para vivir la Pascua recuerda…
Que nuestra comunidad cristiana ha recibido de Jesús el encargo de anunciarlo y hacerlo presente, testificando con nuestras vidas, en la misión aquidiocesana, que Él está vivo. Esta es la fe pascual que nos compromete llevar a los hombres este mensaje de esperanza y de fe, llevándonos a proclamar con nuestro estilo de hombres nuevos, que Cristo vive, que Cristo nos ha liberado y que es motivo de nuestra esperanza.

*Miembro del EDAP y párroco unidad pastoral María, Reina de todos los Santos. constantinegx@hotmail.com

Mensaje del Arzobispo para la Pascua
El misterio del amor infinito de Dios por la humanidad lo llevó a crear el universo entero y al ser humano como aquel que debía cuidar y dominar todo ese universo creado. Ser humano varón y mujer, imagen de Dios; creado con la misma capacidad de amar con la que Dios nos ama a nosotros, un amor que culmina en el envío del hijo eterno de Dios para que se haga uno de nosotros en el seno de la Virgen María, ese amor que se manifestó en todo el Ministerio del Señor Jesús, que lo llevó a acercarse a los que sufren, a todos los aquejados por el pecado para mostrarles la misericordia liberadora de Dios. Un amor que llevó a Cristo a amarnos hasta donde es posible amar, entregándose a la muerte por nosotros.

El amor de Dios quedaría inconcluso, incomprensible, si no llegara a su plenitud en la Resurrección de Cristo nuestro Señor, porque la Resurrección de Cristo es la irrupción definitiva, plena, absoluta de ese amor que transforma toda la realidad humana y la llena con el amor de Dios comunicándonos la vida misma de Dios. Un amor que es vida, victoria sobre la muerte, liberación, romper todas las cadenas que alienan al ser humano para que puedan vivir en la plenitud del amor, esa es la Resurrección de Cristo. Nosotros por el sacramento del bautismo morimos con Cristo para vivir con Cristo, queda destruida nuestra condición pecadora y recibimos en nosotros la plenitud de la vida de Dios para una vida nueva que ya no está de tinieblas, angustia, sino para que nuestra vida este siempre llena de luz, amor, bondad, alegría y misericordia. Es la transformación de todo lo creado. Es la posibilidad plena de que el ser humano viva feliz, viva la plenitud para la cual fue creado.

*Miembro del EDAP y párroco unidad pastoral María, Reina de todos los Santos. constantinegex@hotmail.com

Parroquias Ayer y Hoy


Unidad pastoral Santa Lucía.

La esperanza de vivir el plan de evangelización


Por Julio Giraldo*

Santa Lucía es un bello municipio, ubicado en la parte sur del departamento del Atlántico y sobre la margen derecha del Canal del Dique. Los historiadores afirman que en la zona de Santa Lucía y la región Caribe, se sintió el influjo de los indios Mocaná, quienes eran marinos que buscaban luchar y tenían intereses comerciales, para llevar a cabo esos ideales les favoreció el marco geográfico del mar Caribe, el río grande de la Magdalena y el Canal del Dique viejo, permitiéndoles así, extenderse hasta el oriente y llegar a Cartagena.


El municipio es fundado

Santa Lucía fue fundada por doña Luisa Guerrero Hormanza, una mujer cartagenera que vivió en Campo de la Cruz en 1874, de ahí salió con todos sus trabajadores en busca de otro lugar que tuviera agua para poder vivir con sus animales. Al buscar encontraron un canal con poca agua, pero que ofrecía garantías para poder vivir, era el Canal del Dique viejo, el cual nacía en la banda oriental del brazo antiguo del Río Magdalena. Allí entonces se estableció doña Luisa, sus trabajadores y animales. Más tarde empezaron a llegar otras familias que se establecieron definitivamente en el mismo sitio que hoy coincide con la playa del municipio de Santa Lucía llamada “Playa de Bolívar”.


Creación de la parroquia

Los nuevos habitantes del caserío eran muy católicos y se animaron a construir una casita de palma y bareque para que el sacerdote de Manatí o Campo de la Cruz oficiara la Misa dominical.

En 1914 un grupo de agricultores del municipio de Santa Lucía, se les ocurrió hacer un templo, pues tenían la seguridad que era de vital importancia para el progreso socio-cultural del pueblo. Luego de muchas reuniones y de recolectar un poco de dinero, se procedió a construir una enramada en la plaza principal.


La enramada se convierte en templo

Milagrosamente llega al pueblo de Santa Lucía el padre Coronel de la Hoz, quien organizó la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús y con ésta se inició la campaña para construir paredes en el lugar. Pasado un tiempo el sacerdote Coronel se va y llega Fray Marcelino Miranda quien impulsó la obra, logró terminarla y organizó la “Junta Católica”, integrada por prestigiosas señores y señoras del pueblo. La junta inició su trabajo, todo el pueblo respondió, se realizaron muchas mejoras y se compró las campanas que en la actualidad tiene la parroquia. Varios ilustres sacerdotes pasaron por este lugar, cada uno dejando grandes recuerdos espirituales y materiales.


Llega el presbítero Sigifredo Agudelo

Para la época del año 50 llega el presbítero Sigifredo Agudelo Cifuentes, sacerdote antioqueño, quien realizó una transformación total en el lugar, cambió el techo de la parroquia por uno moderno, compró la imagen de Santa Lucía a un reconocido escultor de Antioquia.

Pasan los años, y en 1982 se colocó la primera piedra para la construcción de la casa cural. El 18 de julio de 1.986 Monseñor Germán Villa Gaviria promulgó el decreto No. 1055 creando la parroquia Santa Lucia.


La Parroquia Hoy:

Ha transcurrido más de un siglo de historia eclesial de la unidad pastoral Santa Lucía, hoy se puede decir que este primitivo templo se ha reformado en varias ocasiones, pero su techo amenaza venirse al suelo por razón del tiempo. Su tradicional feligresía sigue firme en su fe; acostumbran a celebrar los matrimonios durante la Semana Santa y los bautizos en el mes de diciembre., pero lamentablemente, existe una gran mayoría de habitantes de este folclórico pueblo, que son apáticos a lo religioso y parece que eso de parroquia nada tiene que ver con ellos.


Desde el 26 de septiembre de 2009, se encuentra como párroco el joven sacerdote Roberto Rafael Tarra Pallares, quien llegó a este municipio con mucha alegría ya que fue allí en donde hizo sus primeros pinitos en la evangelización, pues antes de ingresar al Seminario, realizó trabajo misionero en el municipio de Santa Lucía.


El padre Roberto recibe una parroquia que trabaja arduamente a nivel espiritual. Con respecto, al campo material tienen algunas necesidades en el templo, pero estas las han venido solucionando con los aportes solidarios que la gente del pueblo aporta, con una parte de estos, en el 2010 han logrado comprar ornamentos nuevos, libros, el cáliz y se cambió el equipo de sonido.


Con respecto al trabajo pastoral, el padre Roberto Tarra, visita semanalmente los hogares, con el fin que los feligreses sientan la presencia del sacerdote entre ellos, así como acostumbra a acompañar en los momentos tristes a las personas que pierden a sus seres queridos. Pero a pesar de estas buenas acciones, existe una gran preocupación, poder trabajar plenamente de acuerdo al Proceso Diocesano de Renovación y Evangelización, sólo a finales de febrero se pudo poner en marcha las asambleas familiares. Pero, el padre es optimista y tiene la plena seguridad que muy pronto con la bendición de Dios, la semilla sembrada por sus antecesores sacerdotes comenzará a dar muchos frutos y a su vez la semilla que él sigue sembrando, germinará en un campo fecundo y abonado para que la unidad pastoral de Santa Lucía llegue a ser más religiosa que folclórica.


*Periodista - Historiador. julioetica@yahoo.com

Encuentros con el Arzobispo


¿Todavía hay quien quiera ser sacerdote? Por Julio Giraldo*

¿Como católicos trabajamos desde nuestro rol para promover las vocaciones al sacerdocio o sólo nos limitamos a esperar que sean muchos los llamados pero lejanos a nuestras familias y entorno social? Nuestro Arzobispo Monseñor Rubén Salazar Gómez, nos plasma el porqué todos somos responsables de que la Iglesia tenga los sacerdotes que necesita.

Julio Giraldo: El domingo 25 de abril, Día del Buen Pastor, la Iglesia nos convoca a una jornada mundial de oración por las vocaciones sacerdotales. ¿Es difícil en la actualidad encontrar jóvenes dispuestos a ser sacerdotes?

Arzobispo: No es difícil, porque la existencia de los pastores es esencial para la vida de la Iglesia y el Señor no abandona a su pueblo, sino que le da todos los pastores que éste necesita. Sin embargo, Él ha supeditado el envío de los pastores a dos acciones nuestras: la oración para que Él los envíe (“La mies es mucha; los obreros pocos. Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies.”) y éste es el sentido de esta jornada mundial de oración por las vocaciones sacerdotales; y nuestro trabajo de ir, en nombre de Cristo, a hacer explícita en los oídos de los jóvenes el eventual llamamiento que el Señor les hace (ésta fue la práctica de los apóstoles desde el primer momento de la Resurrección del Señor) y ésta es la tarea que nosotros llamamos “Pastoral Vocacional”.

Tal vez nuestra oración y nuestra Pastoral Vocacional no han sido hasta ahora lo suficientemente eficaces porque en la región Caribe nos hacen falta muchos sacerdotes. La dificultad radica en que el mundo en el que vivimos hoy –con su invitación permanente al egoísmo, al hedonismo, al materialismo- es adverso a que los jóvenes escuchen ese llamamiento al seguimiento especial de Cristo nuestro Señor. Siguiendo una famosa frase de san Agustín (“Los buenos pastores nacen de las buenas ovejas.”) hemos tratado de que la Pastoral Vocacional se inserte con claridad en un proceso fuerte de evangelización que busca llegar hasta las familias para que éstas, fortalecidas como iglesias domésticas, se conviertan en el primer semillero de vocaciones y las comunidades cristianas, especialmente las parroquias, sean a su vez el ambiente propicio para que esa vocación se consolide y madure. Es un trabajo a largo plazo pero del cual ya estamos cosechando buenos frutos.

J. G: Es decir, ¿Qué todavía hay seminaristas?

Arzobispo: Sí, hay un buen número de seminaristas (actualmente 51, repartidos en los cursos que conforman el currículo de formación que dura 8 años) que se están formando en el Seminario Mayor Juan XXIII, el cual tiene su sede en Sabanilla en el Corregimiento de Salgar de Puerto Colombia. No es el número ideal ni siquiera el suficiente para acabar con la escasez de sacerdotes, pero al menos con los sacerdotes ordenados cada año en nuestro Seminario y con la ayuda de sacerdotes que vienen de otras Diócesis del país, se hace posible ir mejorando poco a poco el servicio a los fieles con la creación de nuevas parroquias, y este mismo hecho contribuye a que crezca el número de los seminaristas. Al ofrecerse un mejor servicio pastoral, los jóvenes pueden ser mejor atendidos y escuchar más fácilmente el llamamiento del Señor.

J. G.: ¿Existe alguna institución o algo parecido que sea como un semillero para promover vocaciones, o cómo se hace la promoción para que el mensaje llegue a los jóvenes?

Arzobispo: La promoción vocacional se hace de mil formas diversas, dentro del plan de evangelización que estamos llevando a cabo en la Arquidiócesis. Podríamos decir que es una dimensión transversal permanente en todo trabajo evangelizador que se haga. Además, hay acciones explícitas, como la propaganda a través de los medios de comunicación social, las visitas a los colegios y universidades, los encuentros juveniles, etc. En los últimos años hemos empezado una experiencia que apenas se está consolidando: el Seminario Menor Parroquial, como su nombre lo indica, cada parroquia –con la ayuda especialmente del Comité Parroquial Vocacional- está llamada a ofrecer a los jóvenes con inquietud vocacional las herramientas necesarias para empezar un verdadero discernimiento de su vocación. Este seminario menor culmina en los llamados “círculos vocacionales” de donde salen los muchachos que cada año ingresan al Seminario Mayor.

La jornada de mañana se inserta, por lo tanto, en un trabajo continuo que nos compete a todos nosotros como miembros de la Iglesia: todos somos responsables de que la comunidad cristiana tenga todos los pastores que necesita. Y el primer paso esencial es la oración.

*Historiador-Periodista. julioetica@yahoo.com
Sacerdocio, testimonio de vida

Transmitir la alegría de servir a Cristo, viviendo en la oración y entregándose a plenitud a una comunidad, es la labor a la que están llamados los sacerdotes, quienes fieles a su vocación cristiana buscan conseguir la santidad, a través del sacramento del orden.


La santidad, como lo precisa San Juan Bosco, consiste en estar siempre alegres, llenos de la gracia del Espíritu Santo, purificados en cuerpo y alma, y santificados con el gozo fraternal del amor sublime de Dios.


Nuestra Iglesia, siguiendo el enfoque de misión que propone el Proceso Diocesano de Renovación y Evangelización “PDR/E”, y consciente de su deber sacramental de salvación para el mundo, actúa de manera obediente al mandato de Jesús: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19), y, a través de la vocación sacerdotal, dirige, orienta y gobierna ese rebaño de Dios que es la Iglesia, un pueblo ante todo, “sacerdotal”.


Invitación del Papa Benedicto XVI

EL Santo Padre Benedicto XVI, con motivo de la Cuadragésima Séptima Jornada Mundial de oración por las Vocaciones, celebrada el 25 de abril de 2010, IV domingo de Pascua y día del Buen Pastor, ha sugerido como temática a tratar: ‘El testimonio suscita vocaciones’, una temática estrechamente unida a la vida de los sacerdotes y consagrados.


El testimonio sacerdotal, en particular es un testimonio de amor, de entrega incondicional, de unión íntima con Dios. Una experiencia pastoral que les permite a los que han respondido al llamado del Señor, ser pastores de su rebaño, ser discípulos en comunión y misión con ese Cristo Resucitado que da su vida por sus ovejas, logrando con esto suscitar el deseo de otros a dar una respuesta generosa al llamado divino de Dios en la Iglesia.


La invitación que nos hace el Sumo Pontífice como laicos comprometidos, es a unirnos en oración fraterna por los sacerdotes y por todas las vocaciones, para que fieles al llamado espiritual, sean ejemplo de la vida y obra de Cristo en la tierra, y cada vez Él nos regale más testimonios vivos de fervor y santidad.


Responder con un Sí a la vocación

Decirle ‘Sí’ a Dios y al proyecto de vida que Él tiene con cada uno de nosotros, es comprometerse verdaderamente en hacer su voluntad, es convertirse en discípulos y predicadores de su verdad. Por lo tanto, los sacerdotes están llamados a entregarse a su vocación, ejerciendo su ministerio sacerdotal; de tal manera que siguiendo a Jesús, quien ha sido llamado a la vida con especial consagración, sientan la necesidad de dar testimonio con sus obras, del don que Dios les ha ofrecido.


Kairós, en esta edición, quiere destacar la labor de sacerdotes que cumplen una misión benéfica en cada uno de los campos en los que se desempeñan; aportando, desde la Iglesia, factores de cambio que conlleven a una sociedad más justa y fraterna.


Vocación a la Santidad

En el contexto del Año Sacerdotal decretado por el Santo Padre Benedicto XVI, nuestro Arzobispo Rubén Salazar Gómez, invita a los sacerdotes a vivir la Vocación a la Santidad”…seamos capaces de comprometernos a fondo en esa vocación profunda que hemos recibido a través del sacramento del orden, la vocación a la santidad…vivir en unión la vida misma de Cristo, renunciando plenamente a nosotros, para que sea el Señor el que actúe, el que realice Su ministerio de Salvación por intermedio de nuestro ministerio sacerdotal”.


Padre José de Armas García. Delegado Arquidiocesano para la Pastoral Penitenciaria

“Lo más gratificante de esta labor es anunciar la Buena Nueva de Dios tras las rejas, hallando una respuesta de cambio y conversión en todos los que integran el campo penitenciario en el Atlántico”

Padre Daniel Cantillo Cabrera. Párroco de La Santa Cruz (Molineros, Colombia y La Peña)

A sus 26 años, tiene a su cargo tres corregimientos del municipio de Sabanalarga. “Trato de relacionarme con la comunidad, así me toque desplazarme en moto o en mi bicicleta, me gusta ser empático y simpático con ellos; lo curioso es ese amor a primera vista que surgió entre la feligresía y mi persona, porque ambas partes iniciamos a consolidar el proceso de evangelización, por lo que estamos a la expectativa de los frutos de algo nuevo”.


Padre Franklin Posso Mesa. Delegado Arquidiocesano para la Pastoral Juvenil

“Trabajar con la juventud es sentir a Cristo vivo y llenar de esperanza, alegría y dinamismo la misión de la Iglesia.”


Padre Cyrilo Swinne. (Superior de la Comunidad Ministros de los Enfermos y Religiosos Camilos)

Hace 33 años, dejando a su familia, amigos y el vivir la cultura propia de su país, llegó de su tierra natal, Holanda, para servir con amor a la Iglesia a través de la evangelización de este pueblo que peregrina en el Atlántico.


“Durante los 33 años que llevo en la labor con los enfermos y ancianos, me he dado cuenta que al servirles, damos vida a nuestra fe en Jesús Resucitado.”

martes, mayo 04, 2010

100 años llevando la presencia de Jesús Eucaristía

Por Margarita Molina De La Cruz*


Sobre el altar de la capilla de un colegio al noroccidente de Barranquilla, está expuesto en su custodia el Santísimo, autorizado por la Iglesia para la adoración, por lo cual, cada día, durante quince minutos las estudiantes visitan este lugar sagrado, reconociendo así la presencia de Cristo, que invita a la unión más íntima con Él.


Esta invitación a adorar el Santísimo, a vivir en verdadera comunión con Cristo, seguir su carisma y llevar una vida contemplativa pero a la vez activa, ante todo con la extensión del Reino Jesús Eucaristía a través de la enseñanza de niñas y jóvenes, es la misión de la Congregación de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, presente en la ciudad desde hace sesenta años, a través de la educación de mujeres en el colegio Eucarístico, ubicado en el barrio Olaya.


¿Quién fundó la Congregación?

La Congregación se fundó hace cien años por Santa María Refugio Aguilar y Torres, quien nació en México en 1866.


A los 20 años contrajo matrimonio, pero al poco tiempo quedó viuda con dos hijos. Pasados tres años sufrió la pérdida de su hijo primogénito. En su estado, por inspiración del Espíritu Santo, decidió dedicar su vida al servicio de Dios y la educación de su hija; preocupada especialmente por la vida espiritual de los pobres, presos, viudas y niños huérfanos.


Ingresó a la Tercera Orden Franciscana y experimentó allí una conversión interior que la motivó a extender el amor a Jesús Sacramentado y a las obras de misericordia. En 1910 fundó la Congregación de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, quienes extendieron su legado en diferentes países como: México, Cuba, Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Chile, Italia, Venezuela, Mozambique y en Colombia, hay ocho colegios, ubicados en Medellín, Ibagué, Cartagena, Soacha, Subachoque y por supuesto en nuestra ciudad.


De la mano del proceso arquidiocesano

De acuerdo a la misión de la Congregación y de la mano con los lineamientos del Proceso Diocesano de Renovación y Evangelización PDR/E de la Arquidiócesis de Barranquilla, el Colegio Eucarístico promueve en las estudiantes una acción evangelizadora para vivir en verdadera comunidad.


Una vez a la semana celebran la Eucaristía, presidida por el actual capellán, el sacerdote Danilo Cantillo. Los miércoles realizan jornadas de confesión para estudiantes, padres de familia y trabajadores. También se preocupan por vivir cada una de las celebraciones litúrgicas y las niñas reciben los sacramentos de la Primera Comunión y la Confirmación.


Es mucho el interés de la comunidad por promover las vocaciones. En los 60 años de historia del Colegio en Barranquilla, dos han sido las religiosas que se han formado en ésta institución y han sido provinciales, las hermanas Olga Gutiérrez y Mayra Alejandra Navarro. Por eso, de acuerdo al plan de la Arquidiócesis de Barranquilla, cada año celebran la semana vocacional, donde de una forma dinámica realizan rincones vocacionales con charlas y testimonios, además se brinda orientación espiritual y psicológica.


Es importante resaltar la preocupación de la comunidad Mercedaria por el trabajo pastoral. Desde hace 11 años en Barranquilla se creó el grupo JEM, el cual existe a nivel internacional.


¿Qué es el JEM?

Es un grupo de formación para el crecimiento espiritual y personal que busca el fortalecimiento en valores cristianos, de tal forma que las jóvenes sean testimonios evangelizadores. Sus siglas significan Juventud Eucarística Mercedaria y su lema: ser libre para liberar.


Las jóvenes eucarísticas que forman parte de este grupo tienen claro que el punto fijo de sus vidas es Dios y que a través de la oración, pero contagiadas por el espíritu juvenil, pueden vivir a plenitud su caminar.


Una emisora estudiantil

Hace 8 años las estudiantes del Colegio Eucarístico a través de la radio interna trasmiten mensajes de entretenimiento, formación espiritual e información de actualidad, de esta manera los recreos son más participativos y dinámicos, con un toque de música y divertido.

Es importante destacar también, el talento de las estudiantes para los deportes, las ciencias, la pintura y la preparación intensiva en los idiomas inglés y francés.


*Asistente Delegación de Comunicaciones y Relaciones Públicas. mmolina@arquidiocesisbaq.org

La Tormenta
Por Pedro Mercado Cepeda , Pbro*
Los abusos cometidos por algunos miembros del clero contra menores de edad han causado inconmensurables daños, no sólo a las víctimas y a sus familias, sino también a la Iglesia, especialmente a sus sacerdotes, cubiertos hoy de generalizado y por ello injusto oprobio.

Para reparar la infamia cometida por una minoría de clérigos que han traicionado a Jesucristo y a su Iglesia, utilizando el ministerio sacerdotal para encubrir malsanas patologías, la gravedad de los actos cometidos, pecaminosos y delictivos, debe ser plenamente reconocida por las autoridades eclesiales. Estas están llamadas a examinar y asumir sus propias responsabilidades y a colaborar con las autoridades del Estado en el esclarecimiento de los hechos. Pero una cosa es querer que se reconozcan las propias responsabilidades personales y otra, muy diferente, es pretender adjudicar a la Iglesia y a sus Jerarcas responsabilidades que no son propias.


Es evidente que una corriente de opinión, poderosa y dominante, pretende culpabilizar a la Iglesia, como institución, de las fallas personales de algunos de sus clérigos, generalizando situaciones y hechos que son cuantitativamente y cualitativamente minoritarios. Una cosa es reconocer que hubo fallas y tomar las medidas necesarias para evitarlas en futuro, subsanando –en lo posible- los perjuicios causados y otra, muy diferente, es permitir que el Santo Padre Benedicto XVI, nuestra disciplina, nuestros valores religiosos y morales, milenarios y venerables, sean objeto de escarnio público, de desinformación y descrédito.


La actual tergiversación mediática de la vida sacerdotal, concretamente del celibato, ha provocado serias inquietudes en no pocos fieles y en la opinión pública. No nos equivoquemos: el celibato no es, en sí mismo, la causa del problema. Además de motivos patológicos, intrínsecos y posiblemente también extrínsecos, que han condicionado la salud psíquica de una minoría de clérigos, posiblemente una de las raíces de esta crisis ha sido la insuficiente importancia que se ha dado a los temas vinculados con la sexualidad y la castidad en el discernimiento y en la formación de las vocaciones al sacerdocio y en la formación permanente de los presbíteros. En un contexto social en el que la sexualidad viene instrumentalizada y mediáticamente distorsionada, vivir el don del celibato puede adquirir connotaciones existenciales problemáticas. ¿Motivo suficiente para abolirlo? No, razón de más para profundizar en su vivencia y para acompañar mejor a quienes han recibido de Dios un don que es también ardua tarea. Particular importancia reviste, en consecuencia, la formación integral de la “dimensión humana” de los candidatos al sacerdocio y de los ministros ordenados. Una formación que debe incluir una adecuada y franca información sobre la castidad y la sexualidad, su interrelación, sus aspectos psicológicos y emocionales, junto a un acompañamiento integral, personalizado y permanente de los mismos.

Junto a esta tarea de formación es necesario proveer medidas concretas, de observancia obligatoria, capaces de garantizar la seguridad de los menores de edad y también de los sacerdotes en las diversas actividades que la Iglesia desarrolla en beneficio de la formación humana, espiritual y religiosa de sus fieles.

Una bien entendida “tolerancia cero” debe ciertamente caracterizarse por actos concretos de transparencia, de justicia y de reparación pero, sobre todo, de prevención. Todas las estructuras pastorales (diócesis, parroquias, instituciones educativas, etc.), bajo la supervisión de las autoridades jerárquicas competentes, deben asumir modelos normativos y protocolos de comportamiento idóneos a tal fin. Modelos y protocolos cuya eficacia y operatividad deben ser verificadas regularmente.


Es necesario asumir, por otra parte, con honda reflexión y espíritu humilde, un proceso de conversión personal y comunitaria. Las actuales contrariedades, más allá del malsano y cuestionable delirio mediático, hacen parte de la misteriosa Providencia divina, de su universal designio de salvación: un designio del cual el Clero no es sólo portador e instrumento, sino también humilde receptor. Las debilidades de unos pocos nos recuerdan a la mayoría nuestra propia fragilidad, nuestra permanente necesidad de buscar, en Cristo, en los sacramentos de la Iglesia, nuestra propia salvación y nuestra continua purificación. Bienvenida sea esta tormenta de la cual la Iglesia, sus sacerdotes y fieles, saldrán fortalecidos en la fe y más unidos que nunca (Marcos 4, 35-41). Dios escribe derecho en renglones torcidos… obtiene del mal abundancia de bien.


*Sacerdote de la Arquidiócesis de Barranquilla. Secretario de la Nunciatura Apostólica en Malta


Hablemos de Vocación

Por Julieth Domínguez*


¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Para dónde voy? ¿Cómo me proyecto? ¿Qué representa Dios para mi, qué papel tiene en mi vida? ¿Cómo puedo servirle a Él y a la comunidad? Estos y muchos otros, son los interrogantes que surgen frecuentemente en nuestro interior y que constituyen en sí mismo el significado de vocación, ese llamado de amor por amor.


La vocación integra la esencia de la misión que cumplimos en nuestra vida, es la “brújula” que nos guía e indica el sentido de nuestra propia existencia. Y como tal, no se extrae de una prueba de orientación profesional, ya que la vocación se constituye en el aspecto espiritual y emocional del ser humano, es su estilo de vida.


Todas son vocaciones cristianas, ya sea la vocación a la vida consagrada (religiosos, religiosas, sacerdotes), a la vida matrimonial y la que nos llama a ser solteros con compromiso cristiano; todas son caminos de amor, de realización como persona, ninguno es mejor que otro.


¿Cuál es tu vocación?

Los seres humanos somos únicos e irrepetibles; y Dios como nuestro Padre Celestial tiene un designio especial para cada uno de nosotros, debemos elegir el camino que nos lleve a servirle a la Iglesia de la mejor manera, además seguir tu vocación te genera armonía, paz, bienestar y felicidad.


Para que en tu vida germine el fruto de la vocación debes estar atento a escuchar la voz de Dios. Él nos habla a través de distintos signos, hay que aprender a escucharle, a descifrar su “clave” especial. Esta búsqueda vocacional hay que hacerla de manera perseverante, con mucha exigencia, ya que en ella está inmersa la orientación de toda nuestra vida, es vital el acompañamiento de un guía espiritual.


Empieza hoy mismo y descubre lo maravillosa que puede ser tu vida, en la medida en que se la ofreces desde tu realidad a Jesús. Recuerda que como jóvenes, descubrimos nuestra vocación a través de la reflexión, la meditación, la oración constante y el contacto permanente con la Iglesia. Escucha la voz de Dios en tu interior, allí en medio del silencio.


Testimonios Vocacionales

Sor Adriana Botero. Religiosa salesiana, colegio María Auxiliadora

“Cuando el Amor, que es Cristo mismo, nos llama, es necesario seguirle, responder con generosidad y lanzarse a la aventura apasionante de anunciar que Él vive en medio de nosotros”


Betty Hernández Rúa, Docente.

¿Qué significado tiene para ti la vocación?

“La vocación consiste en imprimirle pasión, amor y compromiso a la misión que realizamos como personas a lo largo de nuestra vida. La invitación es a no desfallecer en el intento de buscar nuestra vocación”


Henry Iglesias, Diácono

¿Cuál es la diferencia entre vocación y profesión?

“La profesión es la labor que uno realiza con el objetivo de sostener sus gastos y necesidades prestando un servicio a la comunidad. A diferencia de ésta, la vocación constituye un estilo de vida que nos conlleva a la felicidad, porque es el llamado que Dios nos hace y Él nos quiere felices. Las profesiones no siempre nos llevan a la felicidad”

El Rincón de Pablito

A disfrutar de un gran día

Nathaly García Dager*

Día del Niño, una fecha exclusivamente para los más chicos, en la cual se busca reconocer y promocionar sus derechos, y marcar su importancia en la sociedad. No olvidemos que los niños y niñas son el futuro, y aunque suena a “frase de cajón”, es verdad. Si realmente queremos una buena sociedad en el futuro, tenemos que empezar con la formación adecuada del niño, forjando valores cristianos en el desarrollo de sus vidas.

Por así decirlo, lo anteriormente mencionado, puede ser visto como un concepto muy “adulto”; pero lo cierto es que los niños lo explican de una manera más sencilla; pues en este día nos sentimos especiales en nuestros hogares y recibimos de nuestros padres cariño, ellos en este día nos recuerdan lo importante que somos. Por otra parte, en los colegios se preparan actos cívicos y a nivel comunitario, distintas empresas u organizaciones llevan a cabo actividades para la recreación, también, existen algunas que se encargan de ayudar a niños de escasos recursos, todo con el fin de ver sonreír a los más pequeños.


Es importante destacar que este día lo celebramos no sólo en Colombia, sino que es un festejo internacional, la única diferencia es que en cada país existe una fecha diferente, y en el caso de Colombia, nuestra tierra, se celebra el último sábado del mes de abril, en 2010, será el 24 de abril.


Como lo mencionaba antes, los papás son claves en este día, pues son los encargados de brindarles el bienestar a los chiquillos. A continuación encontrarás algunas divertidas actividades que pueden hacer tus papás para ti y alegrarte aún más no sólo este día, sino cada día que quieran ser especiales:

• Nuestros padres pueden jugar junto con nosotros, ya sea al aire libre o al interior de casa, lo importante es que sea un ambiente muy familiar.

• Consentirnos preparándonos la comida que mas nos gusta, o si es posible, un pequeño presente no está de más, lo importante es poner empeño y cariño en lo que se hace.

• Es importante que ellos sepan cuáles son nuestros derechos y porque somos tan importantes que hasta se nos ha otorgado un día; así que papás: A hablar con sus hijos.

• Olvidarse por este día del trabajo, de las preocupaciones, de las facturas y sentarse con los niños para recordar aquellas historias que se contaban antes de ir a la cama cada noche, cuando éramos más pequeños.

• Recordemos que no sólo este día es especial; también lo son todos los días que pasamos juntos.


• Por último, disfruten de la niñez de sus hijos porque su felicidad es también la de ustedes.
Estas, son unas cuantas cositas que pueden hacer, pero usando la imaginación pueden regalarnos a los niños, el mejor día de sus vidas.

*Feligrés unidad pastoral San Juan Bautista Precursor. Colegio Distrital El Silencio.

martes, abril 20, 2010

NUESTRA PORTADA

La Pascua y la angustia del hombre
Es la Pascua (paso) de Cristo, del Señor, el paso de la muerte a la vida, a su existencia definitiva y gloriosa.

No se trata, por supuesto, que Jesucristo aún hoy, de alguna forma, esté muriendo en la Cruz; sino de que los hechos ocurridos en el pasado alcanzan con su eficiencia todo momento sucesivo de la historia.


La Pascua no conmemora un mito, sino que es un hecho siempre actual.

La Resurrección indica que ésta debe entenderse como un hecho que -a pesar de misterioso- presenta sustanciales puntos de contacto con muchos acontecimientos comunes y cotidianos.


La experiencia pascual constituye una respuesta definitivamente satisfactoria al deseo de eternidad y de inmortalidad presente en toda persona humana, deseo que de alguna manera sintetiza todos sus demás anhelos. El hombre experimenta la voracidad del tiempo que destruye todo: salud, belleza, dinero, fama, inteligencia, fuerza; que devora la misma felicidad, cuando ha sido alcanzada tras no poca fatiga, reduciendo a breves momentos el tiempo para gozarla. A pesar de esa experiencia, el hombre insiste en querer vivir siempre y prolongar indefinidamente los instantes de alegría y de amor, en hacer eterna la propia fama y la propia victoria; aún más, querría superar los propios límites, extender la propia conciencia hasta la plena percepción de las grandes realidades que apenas entrevé. Este deseo o necesidad se convierte a veces en ansia, nostalgia, melancolía, apatía, nausea.

La experiencia de la Resurrección de Jesús ofreció a los Apóstoles saber anticipadamente lo que será la resurrección por Él prometida a cuantos crean en Él (Jn 5,21. 28-29; 6, 48-51. 54-58; 11, 25-26; Col 1,18). Era ciertamente una respuesta más que satisfactoria a la exigencia existencial última y definitiva del hombre: superar la caducidad y la contingencia, vencer la muerte, vivir siempre feliz. La experiencia de la Resurrección fue la experiencia de la vida eterna, ya presente en Jesús Resucitado.


Celebrar la Pascua es reafirmar nuestra fe en la Resurrección de Cristo, así como en la resurrección de todos nuestros proyectos de justicia. Ahora bien, la Resurrección de Cristo no significa sólo que del otro lado de esta vida encontraremos la inefable comunión de Amor. Dice relación también a la vida en esta tierra. “Vine para que todos tengan vida, y vida en abundancia” (Jn 10,10). No habrá vida en abundancia sino por la vía de las mediaciones políticas, como la distribución de recursos, la inversión en educación y en salud. Mi generosidad puede ofrecer, hoy, un plato de comida al hambriento, pero mañana volverá a tener hambre. Sólo la política es capaz de acabar con lo que ella misma origina: el hambre y la miseria. En ese sentido, elegir candidatos empeñados en que “todos tengan vida” es un gesto pascual, resurreccional.


Si ser cristiano consiste en seguir los pasos de Jesús, entonces la identidad cristiana implica seguir los pasos de la Pascua con responsabilidades en la historia, frente al mundo de hoy. Esto impide que el llamado “amor de Dios” se convierta en idealismos abstractos e ingenuos, en puros sentimientos históricamente ineficaces. Late siempre la apremiante invitación que, según la versión lucana del relato de la “tumba abierta”, se hace a las mujeres y, en su persona, a todo creyente: “No busquéis al Viviente entre los muertos” (Lc 24,5).

Ésa es la palabra: el Viviente. En realidad no se trata aquí de un hombre que vuelve a la vida de este mundo, sino de aquel que, “una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más: la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rom 6,9). Y sin embargo, ese Viviente no está ausente del mundo en que vivimos.


*Ingeniero en Telecomunicaciones. Lic. Ciencias Religiosas en teología Bíblica. Diplomado en Teología Bíblica. jojellabell11@hotmail.com