sábado, agosto 09, 2008

ORGANICÉMONOS, ¡SOMOS HERMANOS!


La Iglesia se define como el 'Pueblo de Dios'; la comunidad universal de los bautizados, de los creyentes, es decir, que la Iglesia no le pertenece a un hombre o a una mujer de forma particular. La Iglesia no le pertenece a los presbíteros, a los obispos, al Papa, a las personas que tienen vida consagrada, a los laicos comprometidos, a los integrantes de los grupos de música, catequistas, ni a aquellos que sirven día a día en el templo o donan sus bienes para ayudar a sufragar los gastos que demanda el funcionamiento de una parroquia, de un seminario o de los cientos de obras sociales que adelanta la Iglesia local de cada país, ciudad o pueblo. ¡No! La Iglesia no le pertenece a ninguno de ellos de manera individual. La Iglesia es de todos los bautizados y la cabeza de esa Iglesia es Jesucristo; nosotros somos su cuerpo y el Espíritu Santo es el que la llena de vida y energía, la fortalece, la renueva y la santifica.

¿Por qué partimos de la anterior afirmación? Porque a veces nos confundimos y pensamos que la Iglesia es sólo un espacio físico, con techos y paredes, del cual yo, o uno cualquiera de nosotros, se siente dueño por haberla adquirido o pagado con creces por la donación de nuestro tiempo y por haber puesto a su servicio nuestros dones y carismas o nuestros propios bienes y recursos materiales.

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