miércoles, febrero 21, 2007

VIVIR LA CUARESMA

Por JUAN ÁVILA ESTRADA, Pbro.
Párroco de San Carlos Borromeo y Padre Nuestro.

Con la celebración del miércoles de ceniza el 21 de febrero damos inicio, una vez más, al tiempo litúrgico de la cuaresma. Cuarenta días en los que no celebramos propiamente nada, sino que nos preparamos para celebrar el misterio central de nuestra fe: la Pascua de Resurrección.

A partir de ese miércoles hasta el Jueves Santo, nos daremos a la tarea de abonar el terreno de nuestro corazón para que la resurrección de Jesús no sea simplemente una celebración cualquiera sino, sobre todo, un acontecimiento capaz de cambiar toda nuestra vida desde sus estructuras más interiores.

Cuaresma no es el tiempo de las prohibiciones, como si nuestra fe se dedicara sencillamente a decirnos qué es lo que no debe hacerse, sino que es el tiempo en que redoblamos todas nuestras luchas espirituales para salir airosos en nuestra batalla contra las fuerzas del maligno. Mal entendida, la cuaresma es el tiempo para no comer carne, sino pescado. ¡Vaya cambio…¡ Se cree que la carne durante estos días debe ser abolida bajo pena de cometer pecado grave. Aún no hemos entendido que lo que necesitamos es ejercitarnos más en la caridad para con los necesitados, aquellos que no ven la carne en su plato durante muchos meses y que la idea es aprender a ABSTENERSE PARA COMPARTIR.

Ahora bien, todo el que desee caminar por la senda de la perfección, debe comprender que la invitación que nos hace Jesús es a evaluar no solamente lo superfluo que hay en nuestra vida, sino a dar de aquello que es incluso importante para nosotros. Dar de lo que sobra no tiene mérito alguno; cualquiera es capaz de compartir lo que no necesita; es más, puede ver en la ocasión la oportunidad para deshacerse de algo que le estorba.

Cuaresma es el tiempo de la espera gozosa de la Pascua en vigilante espera, orando y ayunando para dar de lo mejor. No es un tiempo de tristeza. El hecho que no se cante el aleluya ni se recite el gloria en las celebraciones eucarísticas, no significa con ello que nos encontramos en una espera tiste. Todo lo contrario: nuestra esperanza se vuelve dichosa, pues sabemos que le estamos dando preparación a la vida entera para que la Pascua no pase inocua sobre nuestro ser.

No estamos cerca de un tiempo cualquiera. Quien vive la cuaresma seria y responsablemente descubrirá que ella es capaz de producir muchas cosas en nosotros, pues la acción de Dios se va realizando en quien ora, ayuna y comparte. El milagro más grande de la cuaresma se ve en la Pascua: cómo el Señor resucitado se anida victorioso en la cotidianidad de la vida.

A veces no entendemos que el poder de Dios no es mágico, sino en forma de proceso. No es simplemente encendiendo un cirio o regando agua bendita como las cosas empezarán a cambiar. Dios transforma desde dentro, pero su acción se despliega cuando nosotros utilizamos los recursos que él mismo ha colocado en nuestras manos para ello. Quien quiera Pascua no debe pretender utilizar ascensores espirituales. Aquí sólo existen escaleras y cada escalón debe ser subido con esmero y responsabilidad. Todo el que utiliza globos para subir al cielo, termina siendo llevado a donde el viento quiere caprichosamente.

Hay, pues, por delante cuarenta días de camino, de desierto, de tentación, de luchas y de victorias. No estamos solos, contamos con la ayuda de Jesús.

“EL MIÉRCOLES DE CENIZA”

La ceniza, en las religiones antiguas, simbolizaba a la vez el pecado y la fragilidad del hombre. El profeta Isaías, por ejemplo, dice en la Biblia que “el corazón del pecador es semejante a la ceniza”. Antiguamente, los hombres cuando reconocían su pecado hacían patente su penitencia sentándose sobre ceniza y cubriéndose la cabeza con ella. Era una forma de manifestar su arrepentimiento y deseo de conversión.

En esta perspectiva, la Iglesia Católica propone para el Miércoles de Ceniza una actitud de arrepentimiento, de conversión, lo cual se manifiesta en el rito de la ceniza que significa una invitación a un cambio de vida con el desprecio del pecado.

Por tanto, debe celebrarse y vivirse el rito de la imposición de la ceniza no como un acto puntual, del momento, sin conexión con la vida, sino como un punto de partida para un verdadero encuentro con Dios en la penitencia cuaresmal.

PARA TENER EN CUENTA

* La ceniza no perdona los pecados. Solamente es un signo que la Iglesia Católica usa para ayudar a sus fieles a entrar en un espíritu de penitencia al iniciarse la Cuaresma.
* La imposición de la ceniza en la frente se hace como respuesta a la Palabra de Dios que invita al ser humano a la conversión, y como inicio del ayuno cuaresmal y de la preparación a la Pascua.
* La ceniza es un sacramental de la Iglesia que recuerda, ante todo, la condición de pecadores de hombres y mujeres, invitándoles a una conversión sincera.
* Para nadie es obligatorio recibir la ceniza. Quien no pueda recibirla por alguna circunstancia, no tiene ningún problema de conciencia.
* La ceniza deberían recibirla sólo los adultos o quienes tienen uso de razón, no los niños recién nacidos o los infantes que aún no han llegado al uso de razón y no tienen pecados, puesto que si la Iglesia quiere recordarle a cada quien su pecado, un niño en esas condiciones no tiene el conocimiento necesario para recibir la ceniza.
* Se debe evitar todo sentido mágico o supersticioso al recibir la ceniza. Solamente es un signo y no tiene ninguna otra connotación.
* Mientras el sacerdote –o quien éste delegue- impone la ceniza, dirá una de estas dos formulas: “Conviértete y cree en el Evangelio”, o bien: “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”.
* El signo y las palabras expresan muy bien la caducidad y la necesidad de conversión de la persona y, por otra parte, la aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año comunica en la Pascua.

1 comentario:

Unknown dijo...

Nos tendran que explicar con mayor claridad acerca de este tema del ayuno y la abstinencia, ya que parece que la Iglesia se ha "relajado" un tanto en torno a esto y ya a los fieles les da lo mismo abstenerse o no, ayunar o no, cuando en realidad estan obligados.....hay que hacer penitencia por encima de todo y si abstenerse de carne en los viernes de Cuaresma o hacer un ayuno el Miercoles de Ceniza y otro el Viernes Santo nos ayudan a eso: bienvenidos sean