jueves, junio 03, 2010

Pentecostés y Corpus Christi El gusto de conocer y celebrar
Por GEOVANNY MERCADO SARMIENTO, Pbro*


Muchos católicos corren el peligro de caer en el sin sentido de las celebraciones litúrgicas, y por tanto, van alejándose poco a poco de la sana experiencia de la comunidad. Por esta razón, es fundamental que hagamos una breve mirada al desarrollo y sentido de las celebraciones de Pentecostés y Corpus Christi para así descubrir que da gusto estar y celebrar la fe en nuestra Iglesia.

Fiesta de Pentecostés

¿Quién serías si no recordaras nada de tu pasado?... Dejemos que sea el mismo magisterio quien nos responda este interrogante:

La historia de un país es lo que determina su identidad, valores y traza los parámetros de su futuro. En la Iglesia no funciona distinto. El Espíritu Santo dio origen a la Iglesia. La Iglesia nace en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo es enviado para “Santificar indefinidamente a la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo espíritu” (Ef. 2,8) “El Espíritu de Dios, con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra” (Constitución dogmática Lumen Gentium 4, Concilio Vaticano II)


Por tanto recordemos que… Pentecostés es una festividad cristiana que data del siglo primero y estaba muy estrechamente relacionada con la Pascua. Es la llamada “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169).

Pentecostés es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tenemos la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo. Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, por el contrario, busca formar una unidad en donde se destaque Pentecostés como la conclusión de la cincuentena pascual.

Una vigilia ¿Para qué?
Una vigilia, que significa “Noche en vela” porque se desarrolla de noche, es un acto litúrgico, una importante celebración de un grupo o una comunidad que vigila y reflexiona en oración mientras la población duerme. Se trata de estar despiertos durante la noche a la espera de la luz del día de una fiesta importante, en este caso Pentecostés. En ella se comparten, a la luz de la Palabra de Dios, experiencias, testimonios y vivencias.

En Pentecostés centramos la atención en el Espíritu Santo prometido por Jesús en reiteradas ocasiones y, ésta vigilia, puede llegar a ser muy atrayente, especialmente para los jóvenes, precisamente por el clima de oración, de alegría y fiesta.


Algo que nunca debiera estar ausente en una Vigilia de Pentecostés son los dones y los frutos del Espíritu Santo. A través de diversas formas y distintos recursos (lenguas de fuego, palomas, carteles) debemos destacarlos y hacer que la gente los tenga presente, los asimile y los haga vida.


No sacamos nada con mencionarlos sólo para esta fiesta, o escribirlos en hermosas tarjetas, o en lenguas de fuego hechas en cartulinas fosforescentes, si no reconocemos que nuestro actuar diario está bajo la acción del Espíritu y de los frutos que vayamos produciendo.


Corpus Christi
¿Cómo han sido las celebraciones del Corpus y exposiciones del Santísimo hasta llegar a nuestros días?
La celebración del Corpus implica una procesión solemne, en la que se realiza una exposición ambulante del Sacramento. Por otra parte, «esta presencia palpable, visible, de Dios, esta inmediatez de su presencia, objeto singular de adoración, Al principio, colocado sobre el altar el Sacramento, es adorado en silencio. Poco a poco va desarrollándose un ritual de estas adoraciones, con cantos propios, como el Ave verum Corpus natum ex Maria Virgine. La exposición del Santísimo recibe una acogida popular tan entusiasta que ya hacia el año 1500 muchas iglesias la practican todos los domingos, normalmente después del rezo de las vísperas. La costumbre, y también la mayoría de los rituales, prescriben arrodillarse en la presencia del Santísimo.

En los comienzos, el Santísimo se mantenía velado tanto en las procesiones como en las exposiciones eucarísticas. Pero la costumbre y la disciplina de la Iglesia van disponiendo la exposición del cuerpo de Cristo «in cristallo» o «in pixide cristalina».

El sentido de esta solemnidad es el de orientar el corazón de los fieles hacia el Cristo glorioso, oculto y manifiesto en la Eucaristía, donde está realmente presente.


*Miembro de EDAP, comisión litúrgica Arquidiocesana. Párroco de la Unidad pastoral Santa María de la Cordialidad y María Reina de todos los Santos

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