lunes, abril 16, 2007

EDITORIAL

SEMANA SANTA: PARA VIVIRLA EN SERIO

El día de la madre se puede celebrar todos los días y en esa medida podríamos asumir todas las celebraciones y festejos del año. Sin embargo, cuando se resalta un día especial para celebrar un acontecimiento, se nos abre la posibilidad de ir más profundamente hacia el sentido de lo que se celebra. En realidad todos los días son santos y, depende en gran medida, de la plena consciencia humana para vivirlos en el Señor. Pero la Iglesia, movida en una amplia pedagogía nos ayuda, a través de signos y símbolos, a conmemorar el Misterio de Cristo, muerto y resucitado. Misterio que en Semana Santa encarnamos y que nos ayuda a hacernos más sensibles y más humanos.

No podemos descartar y mucho menos ignorar que las presiones laborales, el bullicio y el deseo de diversión y descanso nos arrebatan la posibilidad de vivir con entrega los misterios del Señor. San Pablo, a través de sus escritos, constantemente recordaba a los creyentes el compromiso de vida nueva asumido a través de la Pascua de Resurrección: “Les digo, pues, y les recomiendo con insistencia en el nombre del Señor, que no vivan como viven los paganos: vacíos de pensamiento, oscurecida la mente y alejados de la vida de Dios a causa de su ignorancia y su terquedad… ¡No es eso lo que ustedes han aprendido sobre Cristo, porque supongo que han oído hablar de él y que, en conformidad con la auténtica doctrina de Jesús, les enseñaron como cristianos a renunciar a su conducta anterior y al hombre viejo corrompido por seductores apetitos. De este modo se renuevan espiritualmente y se revisten del hombre nuevo creado a imagen de Dios, para llevar una vida verdaderamente recta y santa.”

Aún celebrando los diferentes momentos de la Semana Santa puede quedar la sensación, sino se medita con seriedad, de que, como casi siempre, nos quedamos en la superstición, en el populismo y no con la esencia que nos revela cada uno de estos días. Así, el Domingo de Ramos, le damos más importancia al ramo que al triunfo del Señor; el Jueves Santo a la escenificación de la cena y a las correrías por los diferentes templos, que al misterio eucarístico y al mandato del amor; el Viernes Santo, puede robarnos la atención la procesión con el Santo Sepulcro y no la muerte redentora en el madero de la cruz; la Vigilia Pascual, el tener botellas con agua bendita y no la victoria Cristo a través de la Resurrección.

Con la Pascua se vence el pecado y la muerte y se nos abre el camino de vida nueva en el Señor, experimentada a través del perdón, de la justicia y la paz.

¿EN QUE CONSISTE LA BENDICION DE DIOS?

BENDICIÓN Y ÉXITO NO ESTÁN EMPARENTADOS

Por JUAN ÁVILA ESTRADA, Pbro.
Párroco de San Carlos Borromeo y Padre Nuestro


El Dios de nuestra fe, proclamado por Jesucristo, es el Dios de la Alianza y la promesa. Ha asegurado llenar de bendiciones a todos aquellos que le aman. “Bendito el hombre que confía en el Señor…”, dice el profeta. “Venid benditos de mi Padre…”, nos dice después Jesús.

Pero ante esta promesa de bendición que se nos repite de manera reiterada en la Biblia, ¿qué podemos entender nosotros?

No en pocas ocasiones confundimos bendición con éxito o prevención de dificultades. El cuestionamiento más grande que hacemos es por qué se nos presentan problemas si amamos al Señor, luchamos por vivir en sus sendas y oramos insistentemente día y noche.

Existe un movimiento religioso que nos ha hecho creer que quien ama a Dios y cumple su voluntad nada malo le puede pasar. Se suele abusar de la Palabra de Dios y utilizar frases como “la Sangre de Cristo tiene poder” o “me cubro con la Sangre del Señor” para pensar que de una manera mágica dicho sellamiento nos protegerá contra todo aquello a lo que normalmente se ve sometido el ser humano. Mal utilizada, la Sagrada Escritura puede ser profundamente manipuladora y hacernos creer cosas que ella no quiere decirnos, como buscar protección con el libro sagrado abierto en el Salmo 91 en la sala de la casa.

Bendición y éxito no están emparentados. Si tuviésemos que identificar los dos términos, entonces deberíamos concluir que Jesús no fue un bendecido por Dios ya que su obra fue un aparente fracaso a los ojos del mundo. También los que aman a Dios se enferman, tienen dificultades y mueren, pero no por eso vamos a afirmar que no son bendecidos por el Señor.

La bendición debe entenderse más bien como el acompañamiento que hace Dios para que, en medio de las tormentas, el barco de nuestra vida llegue a puerto seguro. Es la certeza que aunque la senda pueda ser tortuosa y llena de obstáculos, aún así todo aquel que ama a Dios y cumple sus mandatos cuanto emprenda tendrá un buen final (Cf. Salmo 1). Dios no promete que el proceso estará libre de dificultades y dolor, sino que el resultado final si hará que su gloria se manifieste y sirva para el beneficio del hombre.

No podemos pensar que el amor a Dios es un amuleto que nos protege contra todo. El mismo espíritu del mal quiso engañar a Jesús con la Sagrada Escritura cuando le citó textualmente aquel versículo del Salmo 91 donde dice que “ a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en sus caminos” e invitándolo para que se lanzara de cabeza del alero del templo sabiendo él mismo que si lo hacía se estrellaría contra el suelo muriendo de manera instantánea. Dios bendice a los que le aman, él guarda sus pasos, pero no evita que haya dificultades en la vida. Así no tiene chiste la existencia. Si fuera de esta manera qué fácil sería usar su nombre y su poder abusivamente tal y como el Maligno invitó a Cristo a que lo hiciera.

Bendición de Dios no es ganar la lotería, ni vernos libres de batallas; bendición de Dios es saber con certeza que, pase a lo que pase, él siempre estará ahí para fortalecernos, para no dejarnos nunca solos, para que nuestra vida no naufrague en la tempestad. Bendición de Dios es descubrir que Cristo viaja con nosotros en la misma embarcación y aunque pueda parecer que duerme, vela por nuestro bienestar y nos anima para que no sintamos la tentación de lanzarnos al agua cada vez que sentimos se remece nuestra existencia.

Bendición es la seguridad de que Dios no saldrá corriendo dejándonos solos cuando nos vemos envueltos en el peligro. La bendición puede que no desvíe una bala que nos han disparado, pero sí es capaz de hacernos comprender, en medio del dolor, que aquel que nos disparó merece nuestro amor y nuestro perdón. La bendición puede que no alargue la vida, pero sí me enseña a vivirla mejor.

En fin, la bendición no es magia que evita cosas, sino amor que nos capacita para ser mejores hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

JUBILEO DE LA PASTORAL LITURGICA

En este año de gracia que nos regala el Señor, ya estamos próximos a celebrar el tercer jubileo específico (los anteriores han sido vida consagrada y artistas), el cual corresponde al Jubileo de la Pastoral Litúrgica.

Pues bien, este jubileo está dirigido a todos los agentes que conforman esta pastoral, y es un gesto de gratitud y de estímulo por parte de nuestra Arquidiócesis, y un abrazo amoroso de Dios para con todos estos servidores incansables.

Durante la semana de este jubileo, que va del 15 al 21 de abril, la Comisión Arquidiocesana de Liturgia ha organizado las siguientes actividades:

1. Los equipos de servicio (de cada célula y/o unidad pastoral) escogerán un día, entre el 16 y 20 de abril, para desarrollar su “encuentro parroquial”, convocando a todos los miembros de cada equipo. Para ello, la Comisión Arquidiocesana de Liturgia envió, a través de los párrocos, un subsidio, por equipo, donde está la guía del encuentro parroquial.

Estos encuentros tienen como propósito fundamental ser un momento de convivencia, de compartir de experiencias, de cuestionamientos a nivel personal y como equipo, para que a partir de un análisis sincero se pueda seguir creciendo y mejorando como personas, como equipos y como comités. Se propone también un momento para renovar los compromisos particulares, usando como signo el encender cada uno su vela o “pascualito” en el Cirio Pascual.

2. El día 19 de abril se llevará a cabo, a nivel de unidades pastorales y/o células, una Hora Santa a la que asistirán todos los agentes de pastoral litúrgica, y cuyo guión ha sido suministrado por la Comisión Arquidiocesana de Liturgia.

3. Para el 21 de abril se ha programado una “feria litúrgica”, a la que asistirán todos los agentes de pastoral de todas las parroquias y/o células.

LA FERIA LITÚRGICA

Esta feria se llevará a cabo en el Colegio María Auxiliadora (Bachillerato, frente a la Plaza de la Paz), de 10 a.m. a 3:30 p.m., hora en la que se irá en procesión a la Catedral María Reina para participar en la celebración de la Sagrada Eucaristía a las 4 p.m., la cual será presidida por nuestro Arzobispo, Monseñor Rubén Salazar.

La “Feria Litúrgica” incluye las siguientes actividades:
- EXPO-LITÚRGICA: Exhibición de ornamentos, vasos sagrados, misales, evangeliarios, que demuestren la riqueza y el valor que todos ellos imprimen a la liturgia.
- MÚSICA Y VIDEOS: Se estará proyectando, en horarios estipulados, toda una programación de videos de artistas católicos, de documentales sobre la Eucaristía, así como pequeños videos realizados por nuestra Arquidiócesis, en los últimos años, para diversos eventos.
- CONCURSOS: Se han programado seis concursos para este día, los cuales requieren inscripción previa de los concursantes para facilitarles el material de preparación de algunos de ellos. Las inscripciones se harán en la Curia Arzobispal, del 11 al 18 de abril.

CONCURSOS DE LA FERIA LITÚRGICA
» Proclamad la Palabra del Señor: Está dirigido a todos los proclamadores de la Palabra de las diferentes unidades pastorales. Su objetivo es fomentar el estudio de la proclamación. Los concursantes deben participar proclamando una lectura y un salmo de escogencia libre. Se efectuará una ronda y se escogerán unos finalistas los cuales tendrán que proclamar un salmo o lectura escogido al azar.

» La Parodia: dirigido a todo el Equipo de la Célula para la Animación Litúrgica. Su objetivo es reflexionar sobre las diferentes situaciones que se presentan diariamente con la liturgia cuando no la preparamos como es debido. A los concursantes de les solicitará que representen las diferentes situaciones cómicas que se han presentado al realizar su servicio. Ganará el equipo que sea más creativo en su presentación. La presentación es de formato libre, es decir, a través de una dramatización, unas coplas, una canción, un juego, etc.

» Caiga en la nota: dirigido a todo el equipo del Comité de la Célula para la Animación Litúrgica. Su objetivo es escoger a la persona que sea capaz de mantener el ritmo y la melodía de una canción litúrgica. A los participantes se les entregará un listado de canciones litúrgicas (previa inscripción en la Curia), en versiones muy conocidas para que las ensayen y luego sean capaces de mantener el ritmo de la canción cuando el volumen sea disminuido... Cuando el volumen sea aumentado, el ganador será quien “caiga en la nota”.

» Cantemos al Dios de la vida: dirigido a los equipos de cantores. Su objetivo es fortalecer los conocimientos sobre la música y el canto litúrgico. Se participa por equipos y los participantes deben ensayar canciones litúrgicas. El día del concurso deberán sacar de una bolsa el Tiempo Litúrgico (puede salirles el tiempo de Pascua, por ejemplo) y de otra el momento específico de la Eucaristía (puede salirles el canto del Santo); al tener los datos deben entonar uno que se ajuste a los papelitos que sacaron.

» Cuánto sabes sobre liturgia: dirigido a todo el equipo del Comité de la Célula para la Animación Litúrgica. Su objetivo es reforzar los conocimientos que tenemos sobre liturgia. Se participa por equipos y los concursantes harán parte de un concurso al estilo “Alcance la Estrella”. Las preguntas giraran en torno a la liturgia.

» Salmodiad: dirigido a los salmistas de las diferentes unidades pastorales. Su objetivo es propiciar en la arquidiócesis el canto de los salmistas. Los participantes entonarán un salmo con melodía libre, deben llevarla previamente ensayada, para lo cual necesitan inscribirse previamente en la Curia Arzobispal. Pueden tener o no acompañamiento instrumental.

» Rally de Observación: Se deben inscribir por grupos, donde haya un representante de cada equipo de servicio de una determinada célula y/o unidad pastoral. Los grupos participantes tendrán que seguir una ruta a través de pistas e ir resolviendo las incógnitas. Gana el grupo que termine primero el recorrido.

RECREACIÓN PARA MONAGUILLOS
Se contará con personas y elementos especiales para la recreación de todos los monaguillos que asistan, para que ellos también disfruten el Jubileo de la Pastoral Litúrgica.

Si consideras que tu unidad pastoral puede aportar algo que deba ser mostrado en alguna de las actividades del Jubileo de la Pastoral Litúrgica o si tienes alguna inquietud, no dudes en escribir al correo electrónico: comisionarquidiocesanadeliturgia@yahoo.com o contactar a Gina A. Cabarcas Grecco en la oficina de la Vicaría de Pastoral en la Curia Arzobispal. Teléfono 370 1256.

Recuerden también que todo el material expedido (subsidios) por la Comisión desde noviembre de 2004 hasta la fecha, está disponible para ser descargado gratuitamente de la página:

http://amd.streamload.com/comisiondeliturgiabaq

BODAS DE PLATA SACERDOTALES

MARIO ESCORCIA GARCÍA, UN SACERDOTE CON SENTIDO SOCIAL

Por: Julio Giraldo
Periodista


Nació en el pueblito más lindo de Colombia: Usiacurí, en el departamento del Atlántico, el 7 de julio de 1954. Hijo de Mario Escorcia Zarate y Josefa María García Amaranto, campesinos de buen nivel económico y dedicados a las artesanías; honrados y trabajadores, de aquella generación que a cada despertar de un día, y teniendo como fondo el suave trinar de las aves, se alababa y se bendecía al Señor; al medio día se rezaba el Avemaría; al anochecer el rosario, y cada domingo y fiestas de guardar, la familia completa participaba de la Santa Eucaristía.

Mario, como todo buen hijo de Usiacurí, aprendió desde su infancia el noble oficio de las artesanías y fue formado bajo estrictos parámetros cristianos; estudió la primaria en su pueblo, jugaba bola de trapo en las pequeñas y polvorientas callecitas de su querido Usiacuri y tejía la palma de iraca con gran maestría. Pero, un día cualquiera, Dios quiere cambiar la historia de su vida y coloca en su camino al recordado padre Roberto Ariel Ávila, quien lo llama y lo invita para que sirva como monaguillo en el templo parroquial; fue así como, sirviendo muy cerca del altar al Señor, va lentamente despertando la vocación sacerdotal del niño Mario.

El tiempo corre y ya es un joven que debe trasladarse a Barranquilla para estudiar su bachillerato, que empieza y termina sin ningún tropiezo. Comienza entonces el inquieto artesano y futbolista a poner en orden sus ideas y a revisar su proyecto de vida. Se inscribe en dos universidades para la carrera de abogado y en las dos es admitido, “pero unos son nuestros proyectos, y otros son los designios de Dios”, afirma. Y pensó: “No quiero por el momento ser abogado, no quiero seguir tejiendo la palma de iraca; seré más bien, artesano del Evangelio”. Y, sin más vacilaciones, Mario empaca maletas para ingresar al Seminario Regional Juan XXIII.

Algunos miembros de su familia no le creyeron y pensaban que simplemente ese muchacho se marchaba quien sabe para donde. Al final entendieron la decisión, lo encomendaron a Dios y lo apoyaron en todo el proceso de discernimiento y preparación al sacerdocio. Terminado sus estudios, Monseñor Germán Villa Gaviria le concede la orden del diaconado en ceremonia especial en la iglesia de su pueblo natal Usiacurí; este acto de ordenación fue todo un acontecimiento en el pequeño pueblo que de ese momento en adelante, fue bendecido por Dios con muchas vocaciones sacerdotales. Más adelante recibe el presbiterado de manos también de Monseñor Germán Villa Gaviria, el 3 de abril de 1982, en solemne ceremonia en la Catedral Metropolitana.

Comienza su ministerio sacerdotal como vicario cooperador en San Clemente y desde allí le toca administrar la parroquia de San Vicente de Paúl. Luego, va ha Sabanalarga y Candelaria, el Bosque, Carrizal y el Pueblito. En cada una de estas parroquias dejó huellas imborrables de su ministerio. Actualmente es párroco de San Juan Bautista de la Salle, en el barrio Hipódromo de Soledad.

Es abogado titulado, con especialización en derecho de familia, diplomado en docencia universitaria, y próximo a recibir título como doctor en educación. Además, es defensor del vínculo en el Tribunal Eclesiástico, docente consultor en el Sena y profesor en el Seminario Regional Juan XXIII.

Como un regalo bajado del cielo, la celebración de sus 25 años de vida sacerdotal será este martes santo, nada más ni nada menos que dentro de la Misa Crismal, acompañado de nuestros obispos, el clero en pleno y delegaciones de todas las parroquias del Atlántico.

BAJO EL MISMO CIELO: LOS "SIN TECHO"

Por Fray GILBERTO HERNÁNDEZ, OFM
alvinxxi@yahoo.com.mx
(Desde México especial para Kairós)

Este día, a la hora que usted o yo dispongamos, o cuando nuestras actividades del día lo permitan, podremos regresar al hogar y disfrutar –de verdad, así lo deseo– de una amable acogida: una comida caliente, un sillón para descansar, un baño para ducharnos, un momento para recrearnos, una cama que asegure un buen descanso, y lo más importante: una familia, un amigo, alguien que nos estima y que nos ayudará a recuperar los ánimos desgastados en la refriega de la vida cotidiana.

Sin embargo, existen muchas personas que no pueden darse este lujo porque sencillamente no tienen a donde llegar, no tienen una familia que los espere ni un hogar que puedan llamar “su hogar”. Los sociólogos los llaman los sin-techo y están en todas partes y a todas horas se les puede ver: deambulan por las calles, piden limosna en las iglesias, pernoctan en los parques y plazas o en algún rincón que pueda ofrecer alguna seguridad

Los sin-techo o sin-hogar son un enorme grupo de hombres y mujeres que viven en situación de diáspora permanente, desterrados, olvidados y muchas veces heridos por su comunidad de referencia. El fenómeno de las personas sin hogar es común a todos los países del mundo, aunque dentro de él conviven realidades de muy distinta definición. La gran mayoría vive en los países menos desarrollados y su situación está asociada estrechamente con la pobreza general. Sin embargo, millones de personas sin hogar viven en países industrializados en medio de sociedades opulentas. Sus problemas están más relacionados con problemas de comunicación que producen soledad, con el desempleo, enfermedades mentales, alcohol, drogas, etcétera.

Las estadísticas y las investigaciones suelen referirse a los datos objetivos, es decir, a las carencias de recursos tangibles como la vivienda o la alimentación. En este sentido, según la Organización de las Naciones Unidas, una de cada seis personas en el mundo –unos 1.000 millones de seres humanos– no tienen un techo digno donde cobijarse. De entre ellos, alrededor de cien millones son niños que viven en la calle, bien de manera permanente o bien durante el día o temporalmente, huyendo de sus familias que no les ofrecen abrigo afectivo. En América Latina hace tiempo que se distingue entre niños de la calle o niños en la calle, pues a los segundos les queda normalmente un mínimo soporte familiar al que agarrarse.

Cuando nos los encontramos sentados en las calles o a las puertas de las iglesias pidiendo limosna o, simplemente, descansando, tenemos la tentación de juzgarlos y condenarlos por haber llegado a esa situación o, en otros casos, nos sentimos culpables y, en consecuencia les damos una limosna. De las dos formas, en algunos casos, podemos hacer mucho mal. Estas situaciones no se arreglan ni evocando alguna ley, ni dándoles unos pesos de limosna.

Hoy sabemos –siempre lo hemos sabido– que estas personas necesitan ser acogidas, curadas y, en la medida de lo posible, integradas en la sociedad. Esto exige trabajo, paciencia y medios adecuados. Cuando los daños en la persona se han producido durante largos años, no podemos pretender curarlos en unos pocos días.

DE LA SEMANA SANTA A LA PASCUA DE RESURRECCION


UN DIALOGO CON EL ARZOBISPO DE BARRANQUILLA

La violencia que en estos momentos afronta nuestra Patria y el mundo entero, es un motivo más que suficiente para unirnos en reflexión y oración en torno al maravilloso misterio de la liberación que nos ofrece Cristo y encontrar así, en esta Semana Santa, respuestas que nos animen a seguir luchando para que renazca la esperanza de la paz.

Kairós decidió abordar al Pastor de la grey católica atlanticense, monseñor Rubén Salazar Gómez, para conocer sus apreciaciones sobre la Semana Mayor, enmarcada en el mundo de hoy, y poder así llevar a nuestros lectores un mensaje que contribuya a la comprensión de cada día de esta Semana y, a la vez, motive una vivencia verdaderamente gozosa de la Pascua de Resurrección.

Kairós: Teniendo en cuenta que el cristiano de hoy está expuesto a una avalancha publicitaria de propuestas de descanso, vacaciones y placer para los días que se avecinan, ¿qué significado debe tener entonces la Semana Santa?
Arzobispo: La Semana Santa siempre es una gracia que el Señor nos da porque nos permite ahondar en el sentido mismo del misterio pascual de Cristo, es decir, de su muerte y de su resurrección. Y ahondar no solamente en un sentido espiritual, sino sobre todo existencial. Es una celebración litúrgica y como toda celebración litúrgica hace presente a Cristo que se entrega por nosotros y que nos da su Espíritu para que podamos transformar nuestra vida. Entonces, el cristiano de hoy tiene que ser más consciente de esa realidad: o toma estos días como unas vacaciones, como un tiempo de descanso, o los aprovecha para acercarse más al misterio fundamental de su fe. Yo los invitaría a que tomaran la segunda opción e incluso, si salen a otros lugares, que participen allí de las celebraciones litúrgicas para que no se pierdan de este momento de gracia.

Kairós: En este año jubilar que se vive en la Arquidiócesis de Barranquilla, ¿qué especialidad tiene la Semana Mayor?
Arzobispo: El sentido propio que tiene la Semana Santa se potencia con la realidad del Jubileo Arquidiocesano, porque el Jubileo es todo un tiempo de gracia y si dentro de ese tiempo de gracia tenemos otro tiempo especial de gracia que es la Semana Santa, que es la celebración especialmente del Triduo Pascual, pues sin duda que se potencian los dos y se complementan para que cada uno de nosotros pueda aprovechar al máximo este don del Señor, este don que es misericordia, que es bondad para cada uno de nosotros.

Kairós: Mirando la situación de nuestro país, una situación que parece no mejorar sino enredarse cada día más, ¿qué reflexión estamos llamados a hacer durante estos días?
Arzobispo: Celebrar a Cristo Nuestro Señor, muerto y resucitado por nosotros, es descubrir la realidad del amor, del amor en todas sus implicaciones. Si Él nos ha amado hasta el extremo de entregar su vida por nosotros y, por lo tanto, nos ha amado para transformarnos y hacer de nosotros criaturas nuevas capaces de amar, tenemos entonces que empezar a vivir intensamente esa realidad del amor hacia los demás y esto, indudablemente, significa una corresponsabilidad frente a nuestra Patria. No podemos seguir indiferentes ante las situaciones de injusticia, de violencia, de deterioro que se presentan, sino que tenemos que ver en qué medida cada uno de nosotros puede contribuir a que esas situaciones cambien definitivamente.

EL SIGNIFICADO DE CADA DÍA SANTO

Kairós: Los ramos y las banderas, la escenificación de la entrada de Jesús a Jerusalén en un borrico, entre otras cosas, pueden desvirtuar el verdadero sentido del Domingo de Ramos...
Arzobispo: El sentido profundo del Domingo de Ramos es anticipar lo que se va a celebrar en el Triduo Pascual. El Triduo Pascual es viernes, empezando la víspera del jueves (que litúrgicamente ya es como si fuera viernes), sábado y domingo. En el Triduo Pascual se celebra la muerte y la resurrección del Señor. El Domingo de Ramos anticipa esa celebración, en un cierto sentido, con la procesión jubilosa de los ramos en la que se aclama a Cristo como nuestro Salvador. Pero, inmediatamente, la Liturgia nos invita a adentrarnos en el misterio de la pasión y la muerte del Señor a través de las lecturas y toda la celebración eucarística. Por eso, el Domingo de Ramos es una síntesis previa que tiene que movernos intensamente a vivir la realidad del Triduo Pascual.

Kairós: Lunes, Martes y Miércoles Santo ¿Qué pasa en estos días?
Arzobispo: No pasa especialmente nada. Son los últimos tres días de la Cuaresma. Recordemos que la Cuaresma culmina con la celebración del Jueves Santo en la tarde, y ya esa celebración forma parte del Triduo Pascual. Entonces, son como los últimos días de Cuaresma que debemos aprovechar para hacer un balance de cómo hemos vivido todo este tiempo de gracia que el Señor nos ha regalado y entremos en esa tónica de silencio, de reflexión, de meditación, de contemplación del misterio pascual.

Kairós: Se ha acostumbrado en nuestra Arquidiócesis celebrar la Misa Crismal en uno de estos días. Coméntenos sobre esta importante celebración litúrgica.
Arzobispo: La Misa Crismal nos invita a tomar consciencia de que toda la vida de la Iglesia, de la Iglesia precisamente como signo e instrumento de salvación, depende de la muerte y de la resurrección de Cristo, es decir, del misterio pascual. Por eso, en esa misa se bendicen los óleos con los cuales se van a administrar los diferentes sacramentos y con los cuales el Señor va a poder continuar a través del tiempo y del espacio las obras salvadoras, el bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal. Todos estos sacramentos, que son esenciales para la vida de la Iglesia, prácticamente nacen de esa celebración. Y, por otra parte, precisamente porque estamos viviendo esa realidad, los sacerdotes renovamos nuestros compromisos; es un momento de gracia privilegiada para cada uno de nosotros, los que hemos participado del sacramento del orden. Este año la Misa Crismal está programada para este martes a las 10:00 de la mañana, en nuestra Catedral.

EL TRIDUO PASCUAL

Jueves Santo
Ya al caer la tarde, el Jueves Santo nos invita a entrar en el Triduo Pascual, es decir, en la celebración de la muerte y la resurrección de Cristo. El jueves en la tarde se hace presente esa última cena del Señor con sus discípulos en la cual nos dejó el memorial de su muerte y resurrección en la eucaristía. Es un momento intenso, muy cargado de significado, porque al celebrar la institución de la eucaristía nosotros celebramos también la institución del sacerdocio como el ministerio propio para la celebración de la misma y, también, cómo en la eucaristía nosotros recibimos todo ese amor del Señor que debemos dar a los demás.

Kairós: ¿Qué nos puede decir de la Reserva del Santísimo y de esas “correrías” que la gente suele hacer durante la noche de este día?
Arzobispo: Como el Jueves Santo en la tarde se celebra la institución de la eucaristía y el Viernes Santo no se celebra la misa, entonces este día no hay consagración de ostias para que se conviertan en el cuerpo y en la sangre de Cristo, sino que hay que guardar de la celebración de la eucaristía del Jueves las ostias suficientes para que el Viernes en la tarde el pueblo de Dios pueda comulgar. Por eso, se reserva el Santísimo, se hace un acopio de esas ostias consagradas suficientes para el día siguiente y esto se guarda en un sitio para que los fieles permanezcan al lado de Cristo-Eucaristía velando, orando, estando con Él. Es un momento muy bonito desde el punto de vista litúrgico, porque es una invitación a que nosotros descubramos en la eucaristía todo el misterio de amor que encierra y, por lo tanto, para que entremos en esa tónica de amor profundo, de contemplación del amor de Dios. De ahí que no sea conveniente andar de templo en templo mirando decoraciones, si han puesto flores o si han puesto pendones, o si han adornado con cosas especiales ese lugar de la reserva, sino mas bien que nos centremos en ese misterio del amor de Cristo manifestado y perpetuado en la eucaristía.

Viernes Santo
Este es un día muy solemne. En liturgia se dice que es “alitúrgico” en el sentido que no se celebra propiamente la eucaristía, sino que es una celebración en la tarde -hacia las tres de la tarde- de la muerte del Señor Jesús; es un momento de silencio profundo, es un momento en el cual se nos invita a bajar con Cristo al reino de la muerte para poder luego, el Sábado Santo en la noche, levantarnos con Él en la gloria de su resurrección.

Sábado de Gloria
El sábado es un día en el que no se celebra absolutamente nada estrictamente hablando, porque estamos todo el día en el silencio profundo de ese descenso de Cristo que hemos celebrado el Viernes en la tarde. Ya en la noche, litúrgicamente ya domingo, celebramos la resurrección del Señor. Pero el sábado como tal es un día de silencio, también es un día de ayuno si lo queremos hacer para prepararnos verdaderamente a la resurrección del Señor.

Kairós: Monseñor, ¿y qué nos puede decir de la Vigilia de Resurrección del Señor que se celebra este día?
Arzobispo: Es la celebración por excelencia de la resurrección del Señor. Nosotros sabemos que cada vez que celebramos la eucaristía estamos celebrando la muerte y la resurrección de Cristo. Pero ese sábado en la noche se ilumina de manera especial la historia del mundo, a veces sumida en la oscuridad, y se ilumina con la luz de la resurrección de Cristo. Por eso, es una eucaristía con una solemnidad especial, con una introducción muy bella que verdaderamente nos hace sentir la alegría profunda de la resurrección del Señor, en la cual la luz de Cristo ilumina la noche y nos libra de las tinieblas para trasladarnos definitivamente a la luz de la verdad, del amor, de la fraternidad. Luego celebramos la eucaristía con toda la solemnidad, porque es la afirmación clara y la constatación en nuestra vida de que por el bautismo nosotros hemos pasado con Cristo de la muerte a la vida y, por eso, tenemos que vivir siempre una vida llena de la luz misma de Cristo Resucitado, una luz que significa necesariamente vivir en el amor; un amor concreto, un amor de solidariedad, un amor de justicia para con los demás.

Kairós: Bueno, y llega la Pascua. ¿Cómo sentir a ese Cristo vivo en cada uno de nosotros y vivirlo desde el valor de la justicia?
Arzobispo: Eso no es posible sino por la fe, porque la fe es la adhesión plena de corazón a ese Señor muerto y resucitado por nosotros. La fe es la que nos hace posible adentrarnos en ese misterio, celebrarlo como es debido y recibir los frutos de esa celebración. El misterio pascual es eso, es pasar de la muerte del pecado a la vida de Cristo. Y la vida de Cristo es el amor. Por eso, nosotros tenemos que tener muy en cuenta que ese amor debe realizarse en nuestra vida de todos los días en una forma muy concreta, en todos esos valores que nosotros hemos venido trabajando a lo largo del año alrededor del valor de la justicia. Amor es la justicia misma y la justicia es el respeto a los demás, la búsqueda permanente de la verdad, el reparar las ofensas, la capacidad de vivir en familia la realidad misma de las relaciones honestas... Es decir, nosotros debemos tener en cuenta que ser resucitado con Cristo implica la adopción de un nuevo estilo de vida, esa vida que el mismo Señor nos regala por medio de su Espíritu.

Que esta Semana Santa nos conduzca a vivir intensamente la Pascua de Cristo haciéndola nuestra, para que descubramos en su gloriosa resurrección el amor de Dios Padre por la humanidad.

¿POR QUE HAY CATOLICOS QUE SE VAN A OTRAS CONFESIONES?

Por CLOTARIO HEMER CERVANTES, Pbro.
Párroco Unidad Pastoral Santísima Trinidad


En el anterior artículo de la antepasada edición (la número 155), decíamos que la fe de los hermanos que dejaban la Iglesia Católica para ir en busca de otros credos o confesiones o filosofías, generalmente era una fe sin recursos para dar testimonio de la verdad del evangelio en el seno de la Iglesia Católica.

Me atrevería a decir que esos hermanos, biológica y psicológicamente llegaron a la edad del matrimonio, pero religiosamente se quedaron en la edad de la primera comunión. Pudiéramos decir que analizamos la clase de fe que tenían esos hermanos cuando fueron sorprendidos. La pregunta de hoy es: ¿Por qué se van? ¿Qué provoca su ida? Partimos del hecho, (a no ser que ustedes quieran llamarlo supuesto), de que estos hermanos tienen fe ciertamente, pero una fe incipiente. Ya la carta a los Hebreos habla de esta clase de fe cuando dice: “Sobre este particular tenemos muchas cosas que decir, aunque difíciles de explicar, porque os habéis hecho tardos de entendimiento. Pues debiendo ser ya maestros en razón del tiempo, volvéis a tener necesidad de ser instruidos en los primeros rudimentos de los oráculos divinos, y os habéis hecho tales que tenéis necesidad de leche en lugar de manjar sólido. Pues todo el que se nutre de leche desconoce la doctrina de la justificación” (5, 11-13). Con esa fe de primera comunión, sin embargo, es posible que los grandes interrogantes humanos, que no afloraron en casa porque nadie los cuestionaba o porque no se dio la oportunidad, van a hacer explosión frente a un pastor que les dice que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina, que los efectos del calentamiento de la tierra como son las tempestades, los sismos y las demás tragedias naturales son señales de la proximidad del juicio final y hasta es posible que los convenzan de que poseen un espíritu maligno.

Las ocasiones para encontrarse con estos interrogantes son muchísimas: los medios de comunicación, amigos o amigas, una revista, un libro, un familiar que asiste al culto y muchos otros. Al contacto con estos ambientes afloran también otros interrogantes que nunca aparecieron antes, tales como: ¿En qué parte de la Biblia se dice que Cristo nombró papas? ¿Que María es la madre de Dios? ¿Que hay que “adorar” imágenes? ¿Que hay que darle culto a la cruz? ¿Que tengo que decirle mis pecados a un hombre pecador? Ataques religiosos de esta índole son ya conocidos, son paquetes bien elaborados que la Iglesia Católica ha tenido que afrontar a lo largo de los siglos junto con otros de categoría dogmática a lo largo de la historia por todos los que, por rebeldía o por otras razones, se apartaron de la Iglesia, y de otros nuevos que se van añadiendo cada vez que se produce una nueva secta. Pues estos temas son los preferidos con que los hermanos separados, evangélicos, testigos de Jehová y tantos otros, abordan a muchos indefensos católicos.

Acontece en esto algo parecido a lo que ocurre con el sexo, que en el hogar o en la familia no se les da ninguna formación a niños y jóvenes, todo es silencio y tabú, hasta que, al contacto con el mundo exterior, reciben una presentación defectuosa de la sexualidad. Por lo demás, son personas de buena voluntad con deseos de buscar a Dios, de salvarse o de ahondar en estos temas y que tal vez en casa no se les dio la debida importancia. El cuestionamiento de todo lo católico, especialmente del Papa a quien suelen llamar “el anticristo” y de la Virgen Santísima, a quien tratan de “moniconga”, se hace en forma tan apasionada y violenta que la víctima queda confundida e indefensa, y tiene que pasar a cuidados intensivos, porque con esta primera estrategia, prácticamente le cierran el camino de vuelta a la Iglesia católica para las consultas o aclaraciones del caso, pues la autoridad de la Iglesia queda por el suelo, invalidada. El lavado de cerebro es tan certero que el neo-converso queda con una verdadera “fobia” contra el catolicismo, por un lado, y con un fervor sectario por otro. En cuidados intensivos se le suministran al neófito “todas las verdades” que no conoció en la Iglesia Católica y él, a partir de ese momento, en que “encontró a Cristo”, se siente “el hermano” entre los hermanos, con nombre propio, “el hermano Teófilo”, y en un tejido de relaciones interpersonales calurosas, ya no es el creyente anónimo, como cuando iba a misa por rutina, sin entender el rico simbolismo de la liturgia católica, y en la cual estuvo seguramente comulgando codo a codo, durante diez o más años, al lado de otros fieles, sin llegar nunca a conocerse de nombres o a entablar relaciones personales.

Esto no es nuevo, porque ya desde el nacimiento mismo de la Iglesia, tras un desarrollo acelerado en los dos primeros siglos de existencia, la Iglesia tuvo necesidad de una rigurosa estructuración en todos los aspectos de su vida, incluso en la formulación de su Teología, como ya puede apreciarse en todos los documentos del Nuevo Testamento distintos de los evangelios (lea 1 Cor 12, 4-31; 1 Pe 5, 1-5; Gal 2, 1-5; He 2, 42-47). También tuvo que enfrentar sectas que surgían en el seno mismo de las comunidades cristianas (lea 1 Tim 1, 3-7. 18-20; 3, 1-13; 4, 1-6. Sería bueno leer la 1ª y 2ª carta a Timoteo). De igual forma, a lo largo de dos mil años de existencia la Iglesia ha tenido que afrontar cismas y herejías que la han desgarrado, pero que no han podido destruirla. El Concilio Vaticano II dice que la Iglesia camina en la historia entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios. Decía todo esto para entender la diferencia entre pertenecer a la Iglesia Católica, institucionalizada hasta en los más pequeños aspectos, y pertenecer a una confesión religiosa local, que no es propiamente iglesia sino una comunidad de culto, carente de una jerarquía y de una organización bastante rígidas. En estas todavía no hay impersonalismo, anonimato, el trato entre los integrantes de la secta es “cara a cara”. Quien sabe qué pasará si el desarrollo de estas denominaciones llegara a crecer tanto que se volvieran masivas.

Hemos analizado, pues, a hermanos católicos que por cualquier camino llegaron a otras confesiones religiosas, quedaron fuertemente impresionados por la forma como les presentan el rostro de la Iglesia católica y allí empezaron a recibir una atención especial que los hizo sentirse queridos y seguros, con lo cual dan el paso: abandonar la Iglesia católica. A ellos se les puede aplicar lo que dice el profeta Jeremías (2, 13): “Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen”.

En resumen, un católico de edad adulta pero con fe de primera comunión, por cualquier circunstancia, se encuentra frente a alguien que le hace cuestionamientos concretos fuertes sobre su fe católica y le garantiza que sólo él tiene la llave de la salvación, queda convulsionado y en estado agónico y es llevado a cuidados intensivos de donde sale repuesto y convencido de que ya está salvo; que al abrazar la secta ya se cuenta entre los ciento cuarenta y cuatro mil signados del Apocalipsis, (Ap 7, 2-4) pero con un odio inexplicable a la Iglesia Católica.

PARROQUIAS: AYER Y HOY DE LA FE

PARROQUIA DE SAN PÍO X, EN UN BOSQUE DE FE

Por Julio Giraldo
Periodista


Buscando almas para el cielo, llegaron un día, hace ya más de cuarenta años, las religiosas de la Compañía de María ha un sector marginado de la ciudad. El mencionado sector no se trataba de un bosque de finos árboles y aromáticas plantas; era un bosque en el sentido de su abandono, sin vías de penetración, enmontado, sin luz, sin agua potable, sin teléfonos y con un grupo de pobladores en la completa miseria. Ese era el barrio El Bosque cuando la mano de Dios, encarnada en las nobles religiosas, llego para proponerles a los moradores del marginado sector que las acompañaran en la construcción de una comunidad capaz, por medio del evangelio, de encontrar caminos de redención material y espiritual.

La aceptación fue lenta, pero poco a poco la gente fue entendiendo el mensaje de la comunidad de religiosas y comenzaron a buscar caminos para salir del abandono material en que se encontraban, y empezaron también a escuchar la Palabra de Dios que les decía: “No teman, ustedes no están solos; Yo, el Dios de los pobres, los acompaño”. Al trabajo de evangelización en el marginado sector llega también el padre Pedro Pablo Cortés, para acompañar a las hermanas de la Compañía de María. Fue el 3 de marzo de 1965 cuando el padre Cortés inició su trabajo en firme con la adquisición de los terrenos y comenzó a plantar los cimientos para la futura iglesia.

Más adelante, este sacerdote es reemplazado por el padre Jorge Becerra Jiménez, quien para la época era el capellán del Colegio la Enseñanza y asesor de la Acción Católica Diocesana. El padre Becerra, ni corto ni perezoso, aprovechó todas estas fuerzas que tenía a su favor y organizó una especie de “legión” para iniciar su trabajo pastoral. Cada domingo celebraba la eucaristía; las gentes del sector comenzaban a motivarse y, sobre todo, se empezó a crear un ambiente favorable para una nueva comunidad. Poco o nada en lo económico se podría esperar de los habitantes de tan marginado sector, ya que en su gran mayoría eran desempleados, albañiles, rebuscadores, y vendedores de legumbres y tinto en el mercado; los hijos de estas personas, poco o nada tenían que hacer dentro del barrio, no habían ni escuelas ni colegios, y esto motivó a las hermanas de la Compañía de María para fundar un colegio con el fin de que los jóvenes recibieran una formación de calidad que les permitiera enfrentar la vida con dignidad. Hoy, el colegio sigue vivo en el mismo barrio con la satisfacción de estar ayudando a toda la juventud del Bosque que de no ser por estas religiosas, quien sabe cual sería su situación actual.

No fue fácil este trabajo en un sector donde no existían vías de comunicación; cuando llovía las pequeñas callecitas que apenas eran pequeños caminos, se llenaban de barro lo que hacía que ni los burros que cargaban el agua para la venta en el sector pudieran entrar. Pero, las religiosas no daban el brazo a torcer y seguían adelante; el padre Becerra sacó sus botas pantaneras traídas de Boyacá y agregó a su legión de colaboradores a los hombres y mujeres del movimiento Cursillos de Cristiandad y, en medio del barro y las dificultades, siguieron el trabajo hasta crear las condiciones para una nueva parroquia, la cual fue creada por Monseñor Germán Villa Gaviria el 26 de febrero de 1968 y, de inmediato, se nombró como su primer párroco al padre Víctor Tamayo, especializado en la construcción de iglesias. Allí quedó Tamayito como pez en el agua, haciendo lo que a él siempre le ha gustado: trabajar al lado de los pobres y en condiciones difíciles. Comienza una nueva era, una nueva etapa, para seguir adelante en el propósito de lograr redimir de la pobreza a tan marginado sector, y seguir con la construcción de su templo, su casa cural y otras obras más que el inquieto Tamayito realizó.

La comunidad ya motivada, empezó a colaborar en lo que podía: las señoras hacían sopas, sancochos, empanadas y toda clase de frituras, y organizaban festivales y bazares con el fin de recolectar fondos para la obra parroquial. Los moradores del sector de aquella época que aun sobreviven, guardan gran cariño por el hoy Obispo Auxiliar de Barranquilla, Monseñor Víctor Tamayo, quien los acompañó en todas sus luchas y los animó para que se sintieran personas con todos sus derechos. Recuerdan también con igual cariño a la religiosa Edith Munárriz de la Compañía de María, religiosa conocida en la ciudad, ya que antes de entrar a la comunidad y hacer sus votos de religiosa, fue reina del Carnaval de Barranquilla. Ella trabajó y se entregó de tal manera por la causa de los pobres, que fue señalada por las autoridades de la época como comunista y revolucionaria, pero la hermana Edith nada sabía ni de comunismo ni de revolución, sólo sabía servir a sus semejantes y llevar almas para el cielo. Caso similar ocurrió con el padre Marcos Lopera, quien acompañaba a sus habitantes en las justas protestas, fundó un teatro y una cooperativa, se convirtió no solamente en su líder espiritual, sino en el líder que sacaba la cara por ellos y los defendía de los atropellos a que eran sometidos muchas veces por las mismas autoridades.

LA PARROQUIA HOY

En la actualidad ejerce como párroco el padre John Jairo Betancourt, quien realiza su trabajo pastoral en medio de las limitaciones propias del sector; aquí podríamos parodiar esa vieja frase que dice: “Que tiempos aquellos señor don Simón”. En los inicios de la parroquia sólo se encontraban personas honradas y trabajadoras; pero hoy la situación ha cambiado, el barrio es inseguro, pues se han filtrado personas indeseables que no respetan ni siquiera al sacerdote, a quien han robado en varias oportunidades. Para el padre John Jairo esto es un reto que enfrenta como cristiano y nos dice que al mismo Jesucristo lo despojaron de sus vestiduras por predicar el Evangelio, por eso él sigue allí firme cumpliendo su misión en compañía de un grupo de fieles distinguidos y muy comprometidos con la Iglesia, tratando por todos los medios posibles de sacar adelante el plan pastoral de la Arquidiócesis.

Las asambleas familiares difícilmente se pueden realizar debido a que los habitantes del sector viven del rebusque, es decir, no tienen empleo fijo y esto hace que no puedan estar en sus hogares a una hora determinada. Igual ocurre con las eucaristías, unas veces tienen buena asistencia y en otras ocasiones nadie asiste. En cuanto a la parte económica, tan necesaria para el sostenimiento del culto y el sacerdote, este es otro dolor de cabeza, pues aquí un domingo las ofrendas no sobrepasan los 45 mil pesos, y sólo en servicios se paga más de 400 mil pesos mensuales. Queda entonces en la mente de cada lector cómo puede sobrevivir el sacerdote en tan precarias condiciones. Sobre este aspecto, el padre John Jairo dice que gracias a un sueldito que el gana como capellán del Asilo San Antonio y a una ayuda mensual que le proporciona el propio Arzobispo, puede -en parte- salir adelante en tan difíciles circunstancias. Pero a pesar de todo esto, la iglesia sigue su marcha, la evangelización sigue adelante y hay optimismo y fe en Dios de que la semilla sembrada pueda fructificar y un día, no muy lejano, todo cambie y sea mejor.

EL RINCON DE PABLITO

LOS MONAGUILLOS Y EL JUBILEO

Queridos amiguitos, quiero contarles que se acerca el próximo jubileo específico. Le toca el turno a todas aquellas personas que sirven en la celebración de los sacramentos, es decir, los que leen, los que cantan, los que ayudan a dar la sagrada comunión, los que preparan todo lo necesario para la celebración, los que nos acogen en la parroquia, los que se preocupan por la limpieza y decoro del templo y, por supuesto, los monaguillos.

Quiero contarles un poquito acerca de las actividades dentro de este jubileo con los monaguillos:

Dentro de la semana del 15 al 20 de abril cada unidad pastoral tendrá un espacio dedicado a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que prestan su servicio como monaguillos. Será un momento donde, por medio de juegos, dinámicas y cantos, los chicos descubrirán el sentido del jubileo y reflexionarán sobre sus compromisos en este servicio tan lindo. Si es posible, con ayuda del párroco, serán designados los nuevos monaguillos. El sábado 21, a partir de las 10 de la mañana, se reunirán en el Colegio María Auxiliadora (sección bachillerato) todos los monaguillos y personas que prestan su servicio en las celebraciones litúrgicas de la Arquidiócesis; ese día habrá recreación dirigida exclusivamente para los monaguillos.

Si eres monaguillo, anímate y participa en el Jubileo de la Pastoral Litúrgica.

GUILLO EL MONAGUILLO
Mientras llega el Jubileo de la Pastoral Litúrgica, en el que los monaguillos tendremos una participación especial, sigamos aprendiendo sobre los sacramentos.

Le toca el turno al sacramento del matrimonio. El matrimonio es la consagración en la comunidad del amor que se tiene una pareja: un hombre y una mujer. Por medio de este sacramento los esposos reciben la fuerza para formar una familia cristiana y, como familia, deben ser ejemplo de amor y de unión con Jesús y su Iglesia. La familia es la base de la fe cristiana, por eso hay que cuidar y luchar para que en nuestras familias se respire siempre paz y amor hacia los hombres y, sobretodo, a Dios.

miércoles, abril 04, 2007

FALLECIÓ MONSEÑOR FELIX MARIA TORRES

Monseñor Félix María Torres Parra, cuando oficiaba como Arzobispo de Barranquilla, a la derecha Monseñor Luis Eduardo Gómez, también fallecido, y el padre Jaime Ortega.
Tras sufrir serios quebrantos de salud que lo llevaron a hospitalizarlo en una clínica de la ciudad, falleció ayer 3 de abril, a los 83 años, el excelentísimo monseñor Félix María Torres Parra, Arzobispo Emérito de Barranquilla. La desaparición de tan digno representante de la Iglesia Católica ha causado pesar entre la comunidad de la Arquidiócesis y feligresía del Atlántico.
En declaraciones que dio Monseñor al ministro laico Julio Giraldo, a una emisora local hace algunos años, había dicho que aceptaba la voluntad de Dios cuando quisiera tomarlo en su regazo, pero que le gustaría morir el día de la Misa Crismal, como efectivamente sucedió.
Monseñor nació en Yaguará, una pequeña población del departamento del Huila, en hogar humilde y sencillo. Fue el mayor de seis hermanos, entre los cuales se cuenta una religiosa y un sacerdote, ya fallecido. Los estudios de primaria los hizo en su propia casa bajo la orientación de una tía maestra y de allí, a la edad de 10 años, pasó al seminario para hacer el bachillerato. Recibió la ordenación sacerdotal a los 22 años de edad, el 9 de junio de 1946, después de recibir una dispensa de la Santa Sede, pues en esa época la edad requerida para ordenarse presbiteralmente era de 24 años. Estudió derecho canónico en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Fue ordenado Obispo el 24 de julio de 1966. Desde entonces se desempeñó como Obispo Auxiliar de Cartagena y luego pasó a ser Administrador Apostólico de la Diócesis de Santa Rosa de Osos. Fue el primer Obispo de la Diócesis de Sincelejo, donde estuvo 12 años y medio, para luego pasar, en 1981, a la Diócesis de Santa Marta, en la que estuvo casi siete años.Fue Arzobispo de Barranquilla para suceder a monseñor Germán Villa Gaviria, quien se acogía a la ley del retiro por edad que establece la Iglesia Católica para sus obispos al cumplir 75 años. Monseñor Torres Parra llegó a Barranquilla el 11 de julio de 1987, a las 10 de la mañana, y fue recibido en el Puente Pumarejo por un comité del que hicieron parte la entonces alcaldesa de la ciudad, Miriam Llinás de Ovalle, y Gerardo Certain, gobernador del Atlántico.Su ministerio en la Arquidiócesis de Barranquilla lo ejerció hasta el año 1999, cuando la Santa Sede aceptó su renuncia por haber cumplido la edad de retiro de los obispos, es decir, 75 años.
Se ha dispuesto que hoy miércoles, de 7:00 a.m. a 12:00 m., cada hora, se oficie Eucaristía en la Capilla del Santísimo de la Catedral en memoria del monseñor Torres Parra. El horario y los celebrantes serán los siguientes:
* Monseñor Luis Antonio Nova, Obispo Auxiliar de Barranquilla (7:00 a.m.)
* Padre Álvaro García, Párroco de la Catedral (8:00 a.m.)
* Padre Francisco Sierra, Vicario Cooperador de la Catedral (9:00 a.m.)
* Monseñor Reinaldo Iriarte, Párroco de la Inmaculada Concepción (10:00)
* Monseñor Víctor Tamayo, Obispo Auxiliar de Barranquilla (11:00 a.m.)
* Padre Álvaro Berdejo, Formador del Seminario Mayor (12:00 m.)
Las exequias del Arzobispo Emérito tendrán lugar hoy, 4 de abril, a las 3 de la tarde en la Catedral Metropolitana, con la asistencia de Rubén Salazar Gómez, actual Arzobispo de Barranquilla, sus obispos auxiliares, Luis Antonio Nova Rocha y Víctor Tamayo, el presbiterio del Atlántico, religiosos, seminaristas y feligreses.
El Domingo de Resurrección (abril 8), al finalizar la misa de 10:00 de la mañana en la Catedral, las cenizas de monseñor Torres Parra se depositarán en el mausoleo que para los obispos de esta Arquidiócesis se encuentra en el templo catedralicio.