lunes, abril 16, 2007

PARROQUIAS: AYER Y HOY DE LA FE

PARROQUIA DE SAN PÍO X, EN UN BOSQUE DE FE

Por Julio Giraldo
Periodista


Buscando almas para el cielo, llegaron un día, hace ya más de cuarenta años, las religiosas de la Compañía de María ha un sector marginado de la ciudad. El mencionado sector no se trataba de un bosque de finos árboles y aromáticas plantas; era un bosque en el sentido de su abandono, sin vías de penetración, enmontado, sin luz, sin agua potable, sin teléfonos y con un grupo de pobladores en la completa miseria. Ese era el barrio El Bosque cuando la mano de Dios, encarnada en las nobles religiosas, llego para proponerles a los moradores del marginado sector que las acompañaran en la construcción de una comunidad capaz, por medio del evangelio, de encontrar caminos de redención material y espiritual.

La aceptación fue lenta, pero poco a poco la gente fue entendiendo el mensaje de la comunidad de religiosas y comenzaron a buscar caminos para salir del abandono material en que se encontraban, y empezaron también a escuchar la Palabra de Dios que les decía: “No teman, ustedes no están solos; Yo, el Dios de los pobres, los acompaño”. Al trabajo de evangelización en el marginado sector llega también el padre Pedro Pablo Cortés, para acompañar a las hermanas de la Compañía de María. Fue el 3 de marzo de 1965 cuando el padre Cortés inició su trabajo en firme con la adquisición de los terrenos y comenzó a plantar los cimientos para la futura iglesia.

Más adelante, este sacerdote es reemplazado por el padre Jorge Becerra Jiménez, quien para la época era el capellán del Colegio la Enseñanza y asesor de la Acción Católica Diocesana. El padre Becerra, ni corto ni perezoso, aprovechó todas estas fuerzas que tenía a su favor y organizó una especie de “legión” para iniciar su trabajo pastoral. Cada domingo celebraba la eucaristía; las gentes del sector comenzaban a motivarse y, sobre todo, se empezó a crear un ambiente favorable para una nueva comunidad. Poco o nada en lo económico se podría esperar de los habitantes de tan marginado sector, ya que en su gran mayoría eran desempleados, albañiles, rebuscadores, y vendedores de legumbres y tinto en el mercado; los hijos de estas personas, poco o nada tenían que hacer dentro del barrio, no habían ni escuelas ni colegios, y esto motivó a las hermanas de la Compañía de María para fundar un colegio con el fin de que los jóvenes recibieran una formación de calidad que les permitiera enfrentar la vida con dignidad. Hoy, el colegio sigue vivo en el mismo barrio con la satisfacción de estar ayudando a toda la juventud del Bosque que de no ser por estas religiosas, quien sabe cual sería su situación actual.

No fue fácil este trabajo en un sector donde no existían vías de comunicación; cuando llovía las pequeñas callecitas que apenas eran pequeños caminos, se llenaban de barro lo que hacía que ni los burros que cargaban el agua para la venta en el sector pudieran entrar. Pero, las religiosas no daban el brazo a torcer y seguían adelante; el padre Becerra sacó sus botas pantaneras traídas de Boyacá y agregó a su legión de colaboradores a los hombres y mujeres del movimiento Cursillos de Cristiandad y, en medio del barro y las dificultades, siguieron el trabajo hasta crear las condiciones para una nueva parroquia, la cual fue creada por Monseñor Germán Villa Gaviria el 26 de febrero de 1968 y, de inmediato, se nombró como su primer párroco al padre Víctor Tamayo, especializado en la construcción de iglesias. Allí quedó Tamayito como pez en el agua, haciendo lo que a él siempre le ha gustado: trabajar al lado de los pobres y en condiciones difíciles. Comienza una nueva era, una nueva etapa, para seguir adelante en el propósito de lograr redimir de la pobreza a tan marginado sector, y seguir con la construcción de su templo, su casa cural y otras obras más que el inquieto Tamayito realizó.

La comunidad ya motivada, empezó a colaborar en lo que podía: las señoras hacían sopas, sancochos, empanadas y toda clase de frituras, y organizaban festivales y bazares con el fin de recolectar fondos para la obra parroquial. Los moradores del sector de aquella época que aun sobreviven, guardan gran cariño por el hoy Obispo Auxiliar de Barranquilla, Monseñor Víctor Tamayo, quien los acompañó en todas sus luchas y los animó para que se sintieran personas con todos sus derechos. Recuerdan también con igual cariño a la religiosa Edith Munárriz de la Compañía de María, religiosa conocida en la ciudad, ya que antes de entrar a la comunidad y hacer sus votos de religiosa, fue reina del Carnaval de Barranquilla. Ella trabajó y se entregó de tal manera por la causa de los pobres, que fue señalada por las autoridades de la época como comunista y revolucionaria, pero la hermana Edith nada sabía ni de comunismo ni de revolución, sólo sabía servir a sus semejantes y llevar almas para el cielo. Caso similar ocurrió con el padre Marcos Lopera, quien acompañaba a sus habitantes en las justas protestas, fundó un teatro y una cooperativa, se convirtió no solamente en su líder espiritual, sino en el líder que sacaba la cara por ellos y los defendía de los atropellos a que eran sometidos muchas veces por las mismas autoridades.

LA PARROQUIA HOY

En la actualidad ejerce como párroco el padre John Jairo Betancourt, quien realiza su trabajo pastoral en medio de las limitaciones propias del sector; aquí podríamos parodiar esa vieja frase que dice: “Que tiempos aquellos señor don Simón”. En los inicios de la parroquia sólo se encontraban personas honradas y trabajadoras; pero hoy la situación ha cambiado, el barrio es inseguro, pues se han filtrado personas indeseables que no respetan ni siquiera al sacerdote, a quien han robado en varias oportunidades. Para el padre John Jairo esto es un reto que enfrenta como cristiano y nos dice que al mismo Jesucristo lo despojaron de sus vestiduras por predicar el Evangelio, por eso él sigue allí firme cumpliendo su misión en compañía de un grupo de fieles distinguidos y muy comprometidos con la Iglesia, tratando por todos los medios posibles de sacar adelante el plan pastoral de la Arquidiócesis.

Las asambleas familiares difícilmente se pueden realizar debido a que los habitantes del sector viven del rebusque, es decir, no tienen empleo fijo y esto hace que no puedan estar en sus hogares a una hora determinada. Igual ocurre con las eucaristías, unas veces tienen buena asistencia y en otras ocasiones nadie asiste. En cuanto a la parte económica, tan necesaria para el sostenimiento del culto y el sacerdote, este es otro dolor de cabeza, pues aquí un domingo las ofrendas no sobrepasan los 45 mil pesos, y sólo en servicios se paga más de 400 mil pesos mensuales. Queda entonces en la mente de cada lector cómo puede sobrevivir el sacerdote en tan precarias condiciones. Sobre este aspecto, el padre John Jairo dice que gracias a un sueldito que el gana como capellán del Asilo San Antonio y a una ayuda mensual que le proporciona el propio Arzobispo, puede -en parte- salir adelante en tan difíciles circunstancias. Pero a pesar de todo esto, la iglesia sigue su marcha, la evangelización sigue adelante y hay optimismo y fe en Dios de que la semilla sembrada pueda fructificar y un día, no muy lejano, todo cambie y sea mejor.

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