martes, julio 25, 2006

LA CONSTITUCION Y LA COLOMBIA LAICA

¡Quince años de la Nueva Constitución! Un aniversario que a todos nos llena de sano orgullo patrio, si bien somos conscientes de que falta mucho todavía para la efectiva aplicación de los principios de modernización que dieron origen a la nueva Carta Magna. Nadie puede desconocer los grandes avances que la Nueva Ley Fundamental del Estado ha representado para la renovación de la “psicología social” de la nación, pero nadie podrá negar, igualmente, que el tren de las reformas ha transitado en los últimos lustros a media maquina y con poco combustible de ideas. Sobre todo en los temas relativos a la necesaria modernización estructural del Estado, a una mayor autonomía regional, estamos todavía en pañales. Sí, Colombia es un país de espíritu social moderno, que vive en un vetusto cuerpo acachacado y piensa todavía regularmente con mentalidad decimonónica.

Y la prueba de esta fisonomía fraccionada está en los grandes titulares de prensa que han recordado la efeméride de la nueva Constitución (Semana, El Tiempo, etc.). La palabra de orden ha sido la consagración de la “separación” entre Iglesia y Estado como piedra de toque de toda la reforma constitucional. Pareciera efectivamente que, para algunos, la Constitución del 1991 haya querido simplemente oponerse a un oscuro pasado “conservador” y “confesional” que imponía indebidamente a las estructuras del Estado una cosmovisión ética religiosa. Una moral "restrictiva" que, desaparecida, abre paso a una amplia gama de nuevas “libertades civiles” (aborto, divorcio, matrimonio homosexual, eutanasia, etc.)

No creo necesario entretenerme a explicar la condición netamente ideológica de una visión dialéctica de la historia nacional que contrapone el catolicismo y la “libertad”, la Colombia cristiana y la Colombia laica. Sólo una mentalidad imbuida en los complejos de la política liberal de los Siglos XVIII y XIX frente al “poder clerical” (¡¡¡y en Colombia hay tantas todavía!!!) podría interpretar en tal modo la evolución constitucional colombiana de los últimos lustros. Pero, además de peligrosamente ideológica, tal interpretación es un monumental gazapo histórico: mucho antes de que en Colombia se hablara de “república laica” la Iglesia, en el Concilio Vaticano II, proclamaba solemnemente el principio de la autonomía de las realidades temporales y la libertad de la Iglesia ante toda posible confusión orgánica o funcional con el poder político. Mucho antes de la Constitución del 91 fue la “Constitución eclesial” la que consagro y definió la sana laicidad como principio fundamental de relación entre Iglesia y Estado.

La naturaleza laica del Estado colombiano, no representa mas que la asimilación de un sistema de relación, de autonomía y cooperación, favorecido por la Iglesia misma. Efectivamente, una cosa es la “laicidad” y otra cosa muy distinta es el laicismo. Este último, verdadera “patología del pensamiento político”, lleva a algunos a ver el Estado y la religión como compartimentos estancos e incomunicables, como realidades separadas, como enemigos no declarados. Ha sido la particular vertiente agnóstica del laicismo, recurrente en la historia política nacional, la que ha originado –ahora a través de nuevas virulentas formas- una inaceptable y creciente fractura al interno de la conciencia del ciudadano cristiano. En efecto, el laicismo, arrojando al catolicismo, al ostracismo de una creencia privada, no pretende otra cosa que reelaborar en clave relativística los valores fundamentales que pertenecen al sagrado ámbito de la conciencia -única realidad realmente soberana- para sujetarlos a la tiránica preeminencia de la ética civil, que siendo instrumental, maquiavélica, poco tiene de neutral y libertaria. Es la dictadura del relativismo a la que Benedicto XVI se ha referido en varias oportunidades.

La insistencia de la jerarquía católica colombiana frente a temas como el aborto, la defensa de la familia, etc., no obedece por tanto a un afán confesionalista o al deseo de imponer una particular visión ética a la sociedad, pretende simplemente frenar la sutil deriva totalitaria de un Estado que no reconoce por encima de sí mismo, de sus propios intereses transformados en valores “civiles”, la existencia de una dignidad humana que le impone –mas allá de las creencias religiosas- una amplia gama de imperativos jurídicos de obligatorio cumplimiento: defensa de la vida desde el momento de la concepción, promoción y defensa de la familia formada por hombre y mujer, justicia social y lucha contra la pobreza. Es bueno recordar, por tanto, en estas fechas de aniversario constitucional, que el laicismo es una enfermedad del Estado, una indebida interpretación de la Carta Magna, frente a la cual los cristianos no podemos permanecer insensibles.

2 comentarios:

Kaballero Atomsk dijo...

"...no obedece por tanto a un afán confesionalista o al deseo de imponer una particular visión ética a la sociedad."

Supongo que no incluye las amenazas publicas de excomunión, verdad?

P.D: Por cierto, ¿Me podrían ayudar en algo? ¿A dónde debo dirigirme si deseo apostatar?

Rodolfo Plata dijo...

DEJEMOS ATRÁS EL OSCURANTISMO MEDIEVAL DONDE LA FILOSOFÍA ESTABA SOMETIDA A LA TEOLOGÍA, LA RAZÓN A LA FE, LA CIENCIA A LA REVELACIÓN, Y EL ESTADO A LA IGLESIA:

LOS VALORES SUPREMOS DE LA TRASCENDENCIA HUMANA Y LA SOCIEDAD PERFECTA, DEBEN ORIENTAR LOS OBJETIVOS DEL CURRÍCULO ESCOLAR LAICO A FIN DE ALCANZAR LA SUPRA HUMANIDAD__ La relación entre la fe y la razón, la religión, la ciencia y la educación, se enmarca en el fenómeno espiritual de la trasformación humana abordado por la doctrina y la teoría de la trascendencia humana: conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.)__La paideia griega tenía como propósito educar a la juventud en la virtud (desarrollo de la espiritualidad), la sabiduría (cuidado de la verdad, estudiando la física, la lógica y la axiología), el físico culturismo (cuidado del cuerpo y la salud), mediante la práctica continua de ejercicios físicos y espirituales (cultivo de sí), a efecto de prevenir y curar las enfermedades del cuerpo y el alma; la oratoria y la retórica para intervenir en la administración y gobierno de las polis, a efecto de alcanzar la sociedad perfecta. El educador, utilizando el discurso filosófico y la discusión de casos y ejemplos prácticos, más que informar trataba de inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos) __La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo coincide cien por ciento con el currículo y objetivo de la filosofía griega. Y por su autentico valor pedagógico, el apóstol Felipe introdujo en los ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio, San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el pensamiento de los filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Isócrates, Platón, Séneca, Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar la trascendencia humana (patente en Cristo) y la sociedad perfecta (Reino de Dios). Meta que no se ha logrado debido a que la mitología del Antiguo Testamento, al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición eterna (muerte espiritual)__ Es tiempo de rectificar retomando la paideia griega de Cristo, separando de nuestra fe el Antiguo Testamento y su teología fantástica que han impedido a los pueblos cristianos alcanzar la supra humanidad. Pierre Hadot: Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua. Editorial Siruela. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD